jueves, 9 de abril de 2015

Camino de sangre y...Rosas




 PRÓLOGO 1


Enero de 1822
Un camino polvoriento.El sol en su apogeo.Una carreta atiborrada de bienes personales:valijas, baúles repletos de libros,cajas llenas de platos y cubertería,exquisitos manteles y finas servilletas bordadas con hilos de seda multicolor.En medio de todos estos bártulos,bien protegido por estos,un cesto de mimbre,el tesoro más preciado de Pedro y María. Sentados uno junto al otro en el pescante de la carreta soñaban con la nueva vida que se les proyectaba por delante.
Pedro era maestro y esta era la primera posibilidad que se le daba para poder ejercer su profesión tantas veces postergada.
Con tristeza pero ilusionados,abandonaron la casa paterna de María que hasta entonces los había albergado.
Su destino era Santa Magdalena,un pueblito del sur de Córdoba lindero con las fronteras de Buenos Aires.
María cerró sus ojos, apoyó la cabeza sobre el hombro de su esposo y comenzó a imaginar su propia casa.Baja,blanca,custodiada por un robusto algarrobo de copa ancha y tupida cuyas ramas extendidas sobre el techo les brindaría fresco en las calurosas tardecitas.Seguramente serían vecinos de un arroyo de aguas cantarinas del que podrían beber.Todo se veía maravilloso.
De repente un ruido extraño,constante,cada vez más cercano la trajo a la realidad. Levantó la cabeza  y miró a su alrededor.Pedro estaba nervioso.Lo vio tomar su trabuco.¿Qué sucedía?un grito de espanto se le quedo atorado en la garganta.Indios.Malon.Ranqueles.Muerte.
María sólo atinó a dar vuelta el cesto de mimbre.Y entonces los vio envueltos por una nube de tierra,salvajes montados en sus caballos armados con boleadoras y lanzas.Pedro disparo pero fue inútil.La mano le temblaba y erro el disparo ,pero la lanza no erro.
Maria gritó fuerte,cada vez más fuerte hasta convertirse en un alarido de dolor intenso.Un golpe seco en la nuca  la hizo callar y ya todo se oscureció.
Clareaba cuando Ciriaco despertó a empellones a sus compañeros que dormían profundamente alrededor del fogón del que solo quedaban las cenizas.
A disgusto y entre groserías se fueron despertando.Mientras uno encendía el fuego,otro preparaba el mate y cortaba pedazos de charque. Ciriaco los veía hacer mientras liaba un cigarro.
Cuando terminaron el frugal desayuno montaron sus zainos y continuaron su viaje hacia Dolores.
Pasado el mediodía una escena común para ellos los detuvo.Una carreta destrozada y el cadáver,todavía caliente de un hombre.
Los gauchos hurgaron entre las pertenencias de los colonos que dejaron los indios por si encontraban algo de valor,pero nada.
Se estaban yendo cuando escucharon un llanto.Suave primero,feroz,después.
Desmontaron.Revisaron por segunda vez y ahí estaba,debajo de un canasto de mimbre,un bebé berreando con desesperación.
‘’Y esto?...Y bueno un guachito para el desayuno de los pumas.Sigamos.’’
Pero ante el asombro de sus compañeros Ciriaco lo envolvió con las mantas que encontró desparramadas y luego montó con el niño entre sus brazos.A los gritos les ordenó que se llevaran también el baúl de madera tallada.
Ninguno discutió la decisión de su caudillo.Todos lo respetaban y temían.Su nombre era CIRIACO CUITIÑO.

PRÓLOGO 2


Buenos Aires,entre abril de 1826 y febrero de 1827

Etérea,esa era la palabra justa para retratar a Consuelo Aguirrezabala. Dulce,grácil y sobre todo,alegre.Alegre a tal punto que su padre,Alonso Aguirrezabala la llamaba ‘’mi cascabelito’’.Extrañas palabras en un hombre duro y de moral rígida cuya presencia infundía miedo,sobre todo en su mujer Mercedes,que le era sumisa y obediente en lo que él disponía.Pero
Consuelo...Consuelo era la debilidad de Alonso,la niña de sus ojos.Y Consuelo adoraba a su padre.
Una mañana de otoño, perfumada por la embriagante fragancia a azahares que se colaba por la ventana que daba al patio,Consuelo renegaba con una de las cuerdas de su arpa .Amaba ese instrumento y amaba ejecutarlo .Cuando lo hacia se transportaba a tierras remotas y encantadas.De sus manos brotaban melodías que enamoraban cuando acariciaba con elegancia y pasión las cuerdas de su arpa,obsequio de su padre que la hizo traer de Inglaterra.
Pero ese día algo estaba mal.Llamo a Josefa,una negrita de doce años,para que la acompañara a la Recova a comprar un par de cuerdas nuevas.
Caminó distraída por las calles empedradas hasta llegar al negocio de Don Roque.
Entró en la tienda y allí la sorprendió.El observaba muy concentrado unas partituras para piano .Alto,elegante.Un mechón rubio le cubría los ojos que al levantar la vista se volvieron de un verde profundo.Sus miradas se cruzaron y en ese momento comenzó una historia de amor desenfrenado y turbulento.
Consuelo y Esteban Salguero fueron empujados por un torbellino de sentimientos que no pudieron frenar ni el puritanismo ni la moral estricta de la época.
El mes de junio le confirmó lo que temía:esperaba un hijo.
Aguardo impaciente su encuentro clandestino con Esteban.Siempre a escondidas,siempre temerosa pero con el corazón rebosante de amor.
Josefa la acompañaba en todas sus citas,ella sabía los secretos de Consuelo y la cubría con sus padres para que no sospecharan..
Los amantes se encontraban en una casona alejada del barrio de Retiro,propiedad del padre de Esteban.Estaba desocupada porque su familia había viajado a Córdoba de donde eran oriundos.
Ni bien lo vio se arrojó en sus brazos y lloró,no sabía si de miedo o de alegría o si de ambos sentimientos a la vez.
Se lo contó rápido como temiendo el rechazo,cosa que efectivamente pasó.
El rostro de Esteban se transfiguró y la apartó de un empujón.Consuelo cayó de rodillas sobre una alfombra raída y allí permaneció.Cascadas de lágrimas le surcaban el bello rostro,sus enormes ojos azules se nublaron,estaba ciega de dolor.Lo único que pudo escuchar fue la negativa de Esteban para hacerse cargo de la situación.Él estaba casado y amaba a su esposa.Esa noche se regresaba a Córdoba con su mujer y sus dos hijos.Consuelo estaba paralizada.’’Por que Esteban,por qué?Acaso jugaste conmigo,por que?’’
No le dio mas explicaciones.La dejo sola ,tirada en medio de la gran sala.Los muebles cubiertos con sábanas blancas y telarañas fueron testigos de la gran desolación de Consuelo.’’Sola con mis miedos,sola con mi tristeza,sola con mi hijito.’’
En ese estado la encontró su negrita querida.No hizo falta que le contara lo sucedido.Era pequeña pero no tonta.La abrazo y como si fuera un bebé comenzó a acunarla,la envolvió con la mantilla de encaje y así volvieron lentamente a la casa.Ni bien llegó se encerró en su habitación .Así estuvo durante tres días.Sus padres estaban preocupados,temían que estuviera enferma.Ella se negó a hablar hasta que junto valor y entonces la tormenta estalló.
Alonso la abofeteó y la echó,Mercedes lloraba y suplicaba.Alonso estaba loco de ira.Consuelo nunca lo había visto en ese estado.Huyó a su dormitorio y ahí se quedó hasta que su madre le comunicó que se iría al Convento de las Catalinas.La priora,hermana mayor de Mercedes,la admitió por una alta dote que se donó a la comunidad y por supuesto,porque era su sobrina.Consuelo ingresó como huesped,una dama de abolengo en una situación comprometida y vergonzosa.
Los meses de embarazo transcurriron en soledad.Sus padres nunca la fueron a ver.Su única companía era Tina,una donada que compartía la celda.
Si bien estaba prohibido hablar,ellas lo hacían muy bajito por las noches cuando las monjas se retiraban a sus respectivas celdas.
Un vínculo de amistad nació entre las jóvenes.Consuelo le confió su historia.Como respuesta obtuvo comprensión y cariño.
El parto fue difícil y Consuelo no lo resistió.Sangre y llanto.Fin de una vida para dar paso a una nueva historia.










1 comentario:

  1. orgullosa de mi madre! buena idea publicarlo...te deseo la mejor suerte!

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