viernes, 10 de noviembre de 2017

UN NUEVO AMANECER, Epílogo

Buenos Aires, febrero de1857

Recién amanecía cuando el canto de la calandria los despertó. Lourdes abrió lentamente los ojos y los enfocó en el hombre que tenía a su lado. El corazón se le encogió ante la mirada de Rafael, una mezcla de deseo, amor y lujuria. Recuerdos de la noche pasada le quemaron la piel y ansió más.
Sin embargo sus deseos se vieron truncos al escuchar unos golpes suaves en la puerta.
_ Mamita, papito, ¿puedo pasar? _ Alba acostumbraba irrumpir en la habitación de sus padres muy temprano y meterse en la cama con ellos.
_ Claro querida _ Lourdes vio la decepción en el rostro de Rafael, él también había planeado otro desenlace para esa luminosa mañana de verano. Ambos sonrieron resignados.
_ Feliz cumpleaños, mi amor _ Rafael dio un lento beso a Lourdes preñado de promesas y se corrió dejando un espacio para su hijita.
Alba, de un salto, subió a la cama y aferrada a su muñeca de trapo se acomodó muy oronda entre ellos.
_ Y ahora, ¡a desayunar! _ exclamó alborozada _ Abuela Tina ya podés traer la bandeja _ gritó con desparpajo. Sus padres la miraron sorprendidos. ¿Que se proponía la pequeña pícara?
Tina entró en el dormitorio detrás de una enorme bandeja que depositó sobre la cama.
_ Perdón por la intromisión, pero Alba insistió de una manera... bueno, ustedes ya saben como es _ se disculpó Tina avergonzada.
_ No se preocupe madre. Conocemos a esta señorita atrevida _ y Rafael comenzó a hacerle cosquillas a la niña.
_ Basta papito, es el cumpleaños de mamita y tenemos que festejar. ¡Mamita te quiero hasta el cielo! _ Alba se colgó del cuello de Lourdes y la llenó de besos.
_ Gracias chiquita, ¡que linda sorpresa! Festejemos, entonces.¡Que aroma tiene esta torta de manzana, Tina! _ Lourdes cortó un trozo, lo depositó en un platito de porcelana y se lo alcanzó Rafael _ Y este es para...
_ ¡Miii! _ Alba se lanzó sobre la torta devorándola _ Tengo mucha hambre.
Tina se acercó a Lourdes y la besó en la frente
_ Feliz cumpleaños querida _  le deseo emocionada y luego los dejó disfrutando del desayuno para regresar a la cocina. La esperaba un día muy ajetreado, al mediodía se reuniría la familia en pleno para almorzar. Ella y Tomasa estaban a cargo del menú; Josefa y Domingo en ese momento estaban en el mercado comprando las provisiones y Lola lustraba los cubiertos de plata. Todo debía estar reluciente.
_ ¿Té de menta? _ Rafael solícito llenó la taza de Lourdes con la humeante y aromática infusión, la favorita de su mujer. El tomó café y Alba saboreó un espeso chocolate.
Nuevos golpes en la puerta anunciaron la llegada de otros visitantes.
Sin esperar respuesta, Miguelito asomó la cabeza. Detrás de él, Gorrión reía divertido.
_ Vamos, dentrá de una buena vez, pué _  al tiempo que lo decía lo empujó con fuerza.
_ ¡Miguelito! _ se alegró Lourdes al ver a su hijo, todo un hombrecito.
_ ¡Feliz cumpleaños mamita! _ junto a un enorme beso le entregó un bonito ramo de margaritas.
_ Gracias querido, me encanta. Y vos, Gorrión, no te quedes ahí parado. Ven, dame un beso tú
también _  lo animó sabiendo de su timidez.
Desde aquella fatal noche en que ayudó a Miguelito escapar de las garras de Imanol, Gorrión pasó a formar parte de la familia. Lourdes y Rafael le debían la vida de su hijo y que mejor forma de agradecérselo que tomar la responsabilidad de cuidarlo y ofrecerle un hogar que le brindara el amor que nunca tuvo.
_ Feliz cumpliaño, doña _ se atrevió a decir sonrojándose. Gorrión sentía un afecto especial por Lourdes, un enamoramiento que le aceleraba el corazón cada vez que ella le sonreía.
_ Gracias Gorrión, pero no me llames doña. Me canso de decirte que soy mamá Lourdes para vos _ Lourdes le acarició la mejilla, ahora regordeta y rosada. El hambre y la miseria quedaron en el olvido.
_ Feliz cumpliaño mamá Lourdes _ el niño imitando a Miguelito la abrazó con fuerza.
Alba y Miguelito aplaudieron felices.
_ Y ahora a comer esta torta de manzanas tan tentadora _ invitó jubiloso Rafael. "Después de la tormenta el sol, mi sol, ilumina nuevamente a la familia. Lourdes, te amo", pensó aliviado.


Cerca del mediodía, Lourdes buscaba a sus hijos en el jardín. Los niños solían jugar a las escondidas entre los arbustos y los canteros de flores que con esmero cuidaba Mercedes. La mujer ponía el grito en el cielo cuando por imprudencia los niños pisoteaban algún brote nuevo de peonías o caían sobre sus helechos. Mercedes sólo refunfuñaba, en realidad se divertía viéndolos corretear alegres y despreocupados, sobre todo ver a Miguelito reír la estremecía y conmocionaba.
Habían pasado varios meses desde el rapto y parecía que la tragedia no había dejado huellas profundas en su nieto. Las pesadillas que por las noches lo atacaban fueron silenciándose para dar paso a un sueño sereno. Ya no se negaba a salir de la casa, ya no permanecía encerrado por horas en su habitación con todas las ventanas cerradas, ya no tartamudeaba. El terror fue desvaneciéndose en el alma de Miguelito gracias a la compañía de Gorrión y al desenfado de Alba. Lourdes y Rafael, eran los pilares a los que se aferraba el niño; ellos lo comprendían y protegían, con ellos se sentía seguro.
_ Imanol se ha ido para siempre. Jamás volverá a molestarnos _ le dijo una noche Rafael luego de leerle una historia de caballeros y dragones. "Un niño es raptado de su casa por un dragón que lo encierra en una torre en medio del bosque. Su familia lo busca desesperadamente sin encontrar el camino que los llevara hasta él. Entonces su madre le suplica a Dios que lo proteja y lo salve. Su ruego es escuchado en el cielo y el Todopoderoso envía a uno de sus ángeles guerreros para que lo rescate. Así lo hace y lo devuelve a los brazos de su madre. El padre, un caballero de la corte del rey, siguiendo las indicaciones del Angel encuentra al dragón y lo mata".
_ Como en el cuento, ese hombre malo era el dragón que quería lastimarme, entonces apareció Gorrión y me rescató. El fue el ángel de la historia y tú, papito, eres el caballero valiente que mató a ese dragón, porque, ¿está muerto, no, papito? _ preguntó acongojado.
_ Si, hijito, si. No tengas miedo, Imanol no regresará jamás, te lo prometo _ Rafael esa noche durmió junto a Miguelito. "Hijo querido, siempre velaré por tu seguridad y la de toda la familia. Nadie volverá a hacernos daño. Lo juro."
Mercedes sonrió al recordar ese momento, Rafael se lo contó a la mañana siguiente. "El estará bien", dijo segura mientras compartían unos mates en la cocina.
Ahora ella observaba a los niños correr por el jardín. Miguelito, con los ojos cerrados contando hasta cien. Gorrión, escondido detrás del "arbusto de mariposas", lo llamaban así porque al florecer las mariposas se posaban en él en tal cantidad que prácticamente ocultaban las flores, y Alba, por supuesto, trepada en lo alto del naranjo.
_ Abuela, ¿viste a los niños? _ era Lourdes la que no había superado el amargo trance. Vivía pendiente de su hijo. Delante de Miguelito trataba de mantenerse serena aunque interiormente el miedo atenazaba su corazón. "Está a salvo, él ha muerto", se repetía a diario, sin embargo, el temor persistía.
_ Shh, están escondidos y Miguelito los está buscando. Allí está, apoyado en el aljibe, ¿lo ves? _ le indicó sin dejar de regar sus begonias _ ¿Y cómo estuvo el desayuno?
_ Estupendo, abuelita _ respondió más calmada al constatar que Miguelito se estaba divirtiendo.
_ Me alegro, querida. Alba se parece mucho a ti. ¡Cuánto disfruté aquel cumpleaños, hace tanto ya! ¿Recuerdas? Entraste como un torbellino a mi dormitorio con una fuente llena de confituras. Eras una campanita, feliz y cantarina. Y luego...
_ Abuela, no quiero que recuerdes cosas tristes, menos aún en mi cumpleaños _ Lourdes sabía a que se refería Mercedes. A partir de ese cumpleaños la sombra maligna de la política oscureció sus existencias. Conoció a Rafael, el amor de su vida, pero la rivalidad sanguinaria entre federales y unitarios trató de separarlos, fueron perseguidos y ella, por un largo tiempo, sufrió la tortura de creer que Rafael había muerto en la batalla de Caseros. Mares de lágrimas los separaron hasta que nuevamente el amor los unió. Y cuando parecía que la paz los bendecía, el demente de Imanol intentó dañar a Miguelito. Sí, mucho sucedió desde aquel cumpleaños. Ya no era la niña inocente que pensaba que la vida era color de rosa, ahora sabía que la vida "era un arco iris y que entre sus colores se escondía el negro". Ahora ella estaba preparada para enfrentar con coraje a esa franja sombría y tenebrosa.
_ Tienes razón querida, hoy está prohibida la melancolía. Hoy es un día para gozar.
_ Si, abuelita, hoy y todos los días de aquí en adelante _ afirmó con convicción.
Lola, fiel a sus hábitos, apareció corriendo, casi sin aliento.
_ ¡Doña Mercedes, niña Lourdes! _ chilló mientras trataba de meter los mechones de cabello crespo que se le escaparon del rodete durante la corrida debajo del pañuelo rojo que cubría su cabeza.
_ ¡Negra taruga!, ¿qué pasa? _ Mercedes acostumbrada a la impetuosidad de Lola no se alteró, aunque la reprendió.
_ El señor Esteban acaba de llegar, pué, y encima cayó con esa negra mandona. ¡No la soporto doñita! _ compungida comenzó a hacer pucheros.
_ Pero si Candelaria es un amor, estás exagerando Lola _ se rió Lourdes.
_ Usté porque nunca vio como nos trata a la Tomasa, a mi máma y a mí. Cada vez que viene apoya su culo redondo en un banco de la cocina y empieza a criticar todo lo que hacemos: "Tomasa, al guiso le falta sal, Josefa, ¡que sucios están los plato!, lavalos de nuevo. Lola, no te muevas tanto que me mariás". Dígale alguito doña Mercedes, no la aguanto má _ se quejó lloriqueando.
En ese instante apareció Esteban Salguero tomando un mate y de muy buen humor.
_ ¡Feliz cumpleaños hijita! _ dijo dándole un beso en cada mejilla. _ Mercedes, está usted hoy encantadora _ la halagó.
_ No diga tonterías Esteban, estoy como siempre _ respondió enfurruñada, sin embargo luego le sonrió coqueta _ Si me disculpan voy a ver que pasa en la cocina, parece que su cocinera cada vez que nos visita  suscita el caos.
_ Pone pata pa´arriba todo, don Esteban. Usté perdone pero es muy bicha la Candelaria _ volvió a quejarse Lola. Esteban sin sorprenderse le dio la razón entre carcajadas.
_ Me lo vas a decir a mí.  Mi casa es un contínuo campo de batalla. Entre Laureana y Candelaria me van a matar. Cuando Lorenzo me pidió el favor de albergar a Candelaria jamás imaginé que en mi casa se desataría una verdadera batalla campal _  las dos negras que se peleaban por atenderlo y prepararle los mejores platillos. Les estaba agradecido por demostrarle tanto afecto, pero lo volvían loco.
Lola sofocó una risotada, le hizo una rápida reverencia y corrió detrás de Mercedes.
_ Esta muchacha me hace reír. Es tan...
_ Atolondrada...y leal... y cariñosa...y mi paño de lágrimas _ completó Lourdes.
_ ¡Perdón mi querida niña! _ Esteban y Lourdes estaban sentados en un banco de piedra amparados por la sombra del añejo naranjo, testigo silencioso de tantos acontecimientos ocurridos en la historia de la familia Aguirrezabala. Le tomó las manos y la miró con tanto amor logrando derrumbar las murallas de resentimiento que todavía la separaban de él. El ruego de su padre encerraba vergüenza, humillación y un profundo dolor.
Cuando Mercedes y Lorenzo le confesaron la verdad sobre Esteban Salguero y Consuelo, los odió por haber escondido por años tremendo secreto.
_ No lo supe hasta mucho tiempo después de la muerte de tu madre, compre Lourdes, no quería que sufrieras por un hombre que, creía yo, nunca conocerías _ se lamentó Mercedes.
_ Pero lo conocí _ expresó con frialdad.
_ Ay querida, no me juzgues, te lo suplico, yo sólo quiero tu bien _ Mercedes estaba desconsolada, su nieta jamás se había mostrado dura con ella y esa actitud la estaba destrozando.
_ Entiende Lourdes, de que te hubiese servido saber sobre la existencia de tu padre, un miserable que abandonó a tu madre con un su hijo en el vientre, un miserable que puso en escarnio público a nuestra familia, un miserable que provocó la muerte de tu madre y de tu abuelo. Si yo hubiera sabido su identidad antes de todas las desgracias que debimos pasar por su maldita culpa lo hubiera matado con mis propias manos _  la angustia hizo que Lorenzo estallara en un exabrupto.
_ Y ahora se presenta pidiendo mi perdón y no puedo dejar de pensar que gracias a su ayuda encontramos con vida a Miguelito. Siempre estuvo a mi lado dándome esperanza. Por días no durmió acompañando a Rafael en la búsqueda. Como Jefe de Policía puso a todos sus hombres a nuestra disposición para dar con Imanol. ¡Abuelita, lo odio por abandonar a mamá pero también le estoy infinitamente agradecida por mi hijo! ¿Qué hago, abuela, qué hago? _ como cuando era una niñita apoyó su cabeza sobre el regazo de Mercedes y lloró.
_ Perdonarlo _ la voz queda de Rafael serenó el torbellino de pasiones encontradas que se debatían en el alma de Lourdes.
El joven se sentó junto a la dos mujeres y acarició arrobado la cabellera de Lourdes semejante al trigo maduro. Ese cabello que deseó tener entre sus dedos desde el momento en que la conoció en el atrio de la iglesia del Pilar, una muchacha bella y altanera que le robó el corazón. Lourdes,"su" Lourdes, el amor que le cambió la vida.
_ Los remordimientos con los que convivió todos estos años fueron suficiente castigo para su pecado. Me reveló que nunca fue feliz, la imagen de tu madre lo persiguió sin tregua. El la amaba, pero fue un cobarde y te aseguro, pagó caro su cobardía. Dale una oportunidad Lourdes, demosle todos una oportunidad _ concluyó abarcando con la mirada a Mercedes y a Lorenzo.
_ Sí querida, Rafa tiene razón. Presiento que Consuelo es feliz viéndote cerca de tu padre _ la alentó conmovida Mercedes.
_ Yo noy partidario de esa idea, yo lo arrojaría a patadas a...
_ ¡Lorenzo! Basta ya de rivalidades _ lo cortó exasperada Mercedes _ No te bastó con los enfrentamientos entre federales y unitarios, no fue suficiente la persecusión que sufrimos por "La Mazorca"...tantos amigos muertos en las revueltas durante el gobierno de Urquiza. Estoy harta del odio que derramó tanta sangre, ¡basta ya!
_ Está bien, está bien hermanita, no te alteres. Perdonemos a ese canalla, hijo de p...
_ ¡Lorenzo! _ volvió a callarlo Mercedes.
Lourdes comenzó a reír, todos la miraron sorprendidos y a su abuela se le aligeró el corazón.
La voz de su padre la trajo nuevamente al presente diluyendo sus pensamientos.
_ ¡Cuánto te pareces a tu madre!, un rostro bello y sereno como el de ella. Lo tengo grabado aquí y aquí _ dijo señalando con su mano la cabeza y el corazón _  No soy un monstruo Lourdes y quiero demostrártelo, si me lo permites
Lourdes estudió el rostro que esperaba ansioso una respuesta. La mirada de su padre la horadaba buscando cariño.
Miguelito, Alba y Gorrión corrieron hacia ellos gritando y riendo. Estaban sudados y cubiertos de tierra, pero rozagantes.
_ Mamita, dice Tomasa que la comida de tu cumpleaños está lista _ mientras Alba hablaba se sentó en la falda de Lourdes.
_ Si nos atrasamos Tomasa se enoja _ declaró con seriedad Miguelito.
_ La carbonada tiene un olorcito, vamos mamá Lourdes _ la apuró Gorrión tomándola de la mano.
_ Papá, ¿puede llevar a Alba? _ le pidió con una amplia sonrisa que lo hizo estremecer y seguidamente lo besó en la mejilla dejandolo boquiabierto.
Rafael se acercó a ellos enviado también por Tomasa.
_ Papito haceme "sillita de oro" con el abuelito _ pidió con insistencia Alba, le encantaba sentirse una reina.
"Papá", "abuelito", las palabras resonaron en el alma de Esteban como dulces campanadas. No podía pedir más a la vida.
Lourdes se tomó del brazo de Rafael y le susurró al oído :"Te amo".

Muy lejos de allí alguien también festejaba en alta mar. Solo, en su camarote descorchó una botella de jerez.
Su destino era incierto; su futuro, una nebulosa; pero en su mente bullían muchísimos proyectos.
"Si vencí a la muerte, ¿quién podrá derrotarme? Resucité de entre los muertos, lo imposible para mí es posible".
La pócima que ingirió al consultar el antiguo Grimorio engañó a sus enemigos. Lo creyeron muerto y, sin embargo, se encontraba en estado catatónico. Muy astuto.
De un baúl extrajo una delicada copa de cristal, la llenó con el líquido ambarino. El aroma punzante de la bebida aguzó sus sentidos. Sintió que la fiera que dormía en su interior despertaba lentamente.
El sabor avellanado del jerez le recordó el sabor de unos besos que extrañaba con dolor y ansias.
"Jean, mi amante fiel. A tu salud". De un solo trago vació la copa. Volvió a servirse.
"Mi segundo brindis es por ti Rafael y por el amor que no pudo ser". Esta vez luego de beber estrelló la copa contra el piso con desazón. Y lloró...