martes, 19 de mayo de 2015

Camino de Sangre y ... Rosas Caps. 23 y 24


                                                                23

“...lamento la postergación a que se relega al sexo femenino
al no permitírseles jurar la Constitución Nacional.”
                                                                                   Juana Moro.    
                                                                                      

Espectaculares valles de verdes intensos bañados por turbulentos ríos; quebradas de rocas de color ladrillo talladas por la erosión del viento desde tiempos inmemoriales. Esa fue la grandeza de colores, formas y relieves con que Salta los recibió, cautivándolos y sumergiéndolos en una ensoñación que por un instante hizo olvidar a Lourdes el temor que albergaba su corazón...ser sorprendidos nuevamente por los mazorqueros que los perseguían.
Infructuosas fueron las tentativas de Rafael por aquietarla, el miedo que experimentaba Lourdes había echado raíces en su alma. En vano intentaba aparentar serenidad, Rafael la conocía y sabía que disimulaba.
Las mulas, tercas pero tenaces, los condujeron con seguridad por las laderas de los cerros, atravesando densos bosques de algarrobos y seductores pueblitos como “La Viña”, que los asombró con las inmensas plantaciones de vid, introducidas desde el Perú por los jesuitas.
Luego de varios días de fatigoso trayecto, arribaron a la capital de la provincia.
“¿Buscan a la emparedada? Aja...La Juana vive en esa esquina”, un chango de piel lustrosa y ojos chispeantes le señaló el lugar sin ocultar su curiosidad.
El solar se desplegaba majestuoso frente a la plaza del pueblo, entre las calles del Orden y el Buen Retiro, y contaba con dos plantas. La edificación, de color rosa casi morado, se organizaba alrededor de un patio en el que desbordaban las salas. La entrada principal estaba enmarcada por una cornisa que daba a la calle del Orden. Al golpear con la aldaba de bronce una mujer robusta, de actitud decidida y de mirada penetrante los recibió regalándoles una sonrisa tan maternal que los dejó perplejos.
_¡Por fin llegaron hijitos! Por su aspecto supongo que estarán muertos de cansancio. ¡Ay Virgen Santa! Pero si estás en estado de buena esperanza....adelante, adelante...¡Efraín!, el caballo y las mulas a las caballerizas ...rápido... no te quedes ahí embobado. Perdonen, este Efraín es lento y perezoso....pasen, pasen.
En el salón de recibo, sobre una mesita de mármol gris estaba dispuesto el servicio de té. A Lourdes se le hizo agua la boca cuando aspiró el aroma de una torta de naranja recién horneada.
_Hace unos días un chasqui nos trajo una carta de Mecha, tu abuela, rogándome que los hospedara por unos días. También me puso al día de todas las tribulaciones que soportaron. ¡Maldito Cuitiño! Hombres como él deberían desaparecer de la faz de la tierra. Y ese Rosas...bueno, mejor no mencionar a ese tirano que me sube la presión.
Al escuchar semejante ocurrencia, Lourdes que estaba devorando una porción de torta, rió como hacía mucho no lo hacía. Rafael la miraba complacido
_¿Cómo fue el viaje? ¿Tuvieron algún contratiempo? Después es necesario que le escribamos a tu abuela. Está deseosa de tener noticias tuyas, Lourdes.
_En Tucumán tuvimos un percance..._empezó a relatar Rafael_Santa Coloma, el hombre de confianza de mi padrino nos sorprendió mientras descansábamos en un paraje solitario...
_El muy perro hirió con su facón a Rafa... ¡doña Juana, creí que se moría!, cuando recuerdo toda esa sangre...
_Mi amor, ya estoy bien. Ese malparido no nos molestará más. Seguramente en este momento está en Buenos Aires.
_¿Cómo tiene la herida? Montar hasta aquí no lo habrá beneficiado, el viaje es duro y agotador para cualquiera más para ustedes, una embarazada y un herido de arma blanca.
_No hay de que preocuparse doña Juana, he tenido una atención de lujo. Milagrosamente nos hallaron unos peones de la finca de los Roca. Doña Agustina sin conocernos nos atendió generosamente.
_Y gracias al doctor Balbuena y a Chaya, una india diaguita, Rafael salió adelante sin infecciones y con una buena cicatrización.
_Y ahora....a reponer energías y nutrirse de coraje para enfrentar lo que resta de su viaje. ¡Efraín!¡Efraín!_un hombre delgado y de aspecto desmañado reapareció sudoroso ante el reclamo de Juana_Espero por tu bien, negro ladino, que hayas terminado con las mulas y el caballo del señor Rafael.
_Sí patroncita_suspiró el sirviente
_Mejor así, acompañá a los señores a su habitación y dales todo lo que te pidan y con prontitud,¿entendiste?
_Sí patroooncitaaa, cooomoo nooo_respondió arrastrando las sílabas.
_Gracias...._empezó  Rafael pero doña Juana lo interrumpió
_Nada, nada, están en su casa. Lo mío está a su disposición, no se olviden que estamos unidos en la lucha contra la tiranía y ahora...a descansar_besó en la frente a Lourdes y con cariño los empujó hacia la puerta.
Su habitación se encontraba en la planta alta a la que llegaron por una escalera de madera gruesa y resistente. La luz del sol se derramaba sobre una cama con dosel en la que destacaba una colcha de vivos rojos y azules confeccionada por doña Juana en su telar.
Lourdes se acercó a la ventana que daba a un balcón adornado con rejas de hierro de proporciones esbeltas. Se quedó allí, embelesada, observando como una bandada de zorzales dibujaban extrañas figuras en un firmamento límpido y cautivante.
Rafael la envolvió en sus brazos, respiró su fragancia a ámbar y jazmines y embriagado de amor la besó en el cuello. Ella suspiró trémula.
La tibieza del sol, el canto romántico de las aves y la intimidad del dormitorio los sumergió en la anhelada danza del placer. Se entregaron el uno al otro sin inhibiciones encendiendo una hoguera imposible de apagar. Finalmente cayeron rendidos en un sueño dulce y pacífico.
Se reencontraron con doña Juana en el almuerzo.Jerónimo López, su marido, presidía la mesa. Encantador y desenvuelto, fue el encargado de mantener una conversación amena durante la comida.
A la joven pareja se la veía dichosa y eso alegró a la anfitriona, eterna enamorada.
El almuerzo fue un verdadero festín. Lourdes lo disfrutó sin cohibirse. Un sabroso guiso con carne de llama y papas andinas, acompañado por una salsa picante que los hizo transpirar pero que igualmente la deleitaron. Un vino torrontés; frío, aromático y frutado; los volvió dicharacheros y desprejuiciados.
_No, don Jerónimo, no tomo más.Este vino es sabrosísimo pero estoy algo mareada_se disculpó Lourdes cuando el hombre quiso llenarle nuevamente la copa.
_Yo sí acepto don Jerónimo. Muy pocas veces se topa uno con un vino de la calidad de esta cepa._Rafael gustoso repitió otra medida.
De postre la cocinera les presentó una pasta real rellena con dulce de cayote, ideal para satisfacer la glotonería de Lourdes.
A la hora de los cigarros y del café, los hombres continuaron con las señoras y Juana aprovechó para contarles su historia, convertida en leyenda entre los vecinos del lugar.
Lourdes escuchaba absorta mientras Rafael le acariciaba delicadamente la mano que tenía apresada entre las suyas.
_¡Qué tiempos aquellos que vivimos con mi amiga María Loreto_hacía referencia a María Loreto Sánchez Peón Frías, compañera de correrías durante la Guerra de la Independencia_No se imaginan la infinidad de tareas de espionaje y sabotaje que llevamos acabo contra las fuerzas realistas. Flor de dolor de cabeza le ocasionamos._se rió Juana. 
_La abuela me confió que el General Pezuela la odiaba.
_¡Ojalá se pudra ese maldito!_se exasperó
_Mujer, calma, la presión....la presión_le recordó Jeremías apretándole tiernamente el brazo.
_Es que cuando me acuerdo de ese cerdo se me crispan los nervios. Es verdad me odiaba y yo a él.
_Me hubiese gustado matarlo por todo lo que te hizo sufrir_expresó Jeremías con rabia y nostalgia al tiempo que besaba, cariñoso, a su mujer.
_Ya lo sé, mi amor, ya lo sé. Tras vencer en Vilcapugio y Ayohuma, Pezuela ocupó la ciudad de Salta. María Loreto y yo vestidas como humildes campesinas,nos trasladábamos a caballo espiando los recursos y movimientos del enemigo para luego ponerlos en conocimiento de los oficiales patriotas.
_En una ocasión, Pezuela consiguió apresarla. ¡De sólo recordarlo me hierve la sangre!Me tenían preso,alejado de mi esposa.....no la pude defender.
_El hijo de puta...perdón_se disculpó sonrojada por su exabrupto_pero no tengo mejor modo de nombrarlo, me obligó a cargar unas cadenas pesadísimas y como, a pesar de eso, no delaté a mis compañeros me encerró en mi casa y ordenó que se tapiaran todas las aberturas. Gracias a Matilde, mi vecina que se compadeció de mí, no morí de inanición. La muy lista hizo un boquete en la pared contigua a su casa y por allí me proveyó de agua y alimentos hasta que los invasores fueron expulsados.
_Por eso le quedó el mote de emparedada_aseveró Rafael.
_Exacto y a mucha honra, muchacho.
_Mi Juana es una temeraria. Durante la Guerra Gaucha se disfrazó se coya y marchó por las quebradas en busca del General Arenales para conocer la posición de su ejército ante las informaciones contradictorias que llegaban del frente.
_Al llegar me reuní con la esposa de Arenales, Serafina, mujer de gran entereza, informándole que el General estaría en Salta al día siguiente desalojando a la guarnición española.
_Lourdes, Rafael...ni se imaginan el revuelo que armó con el notición. La población entera la paseo en andas por las calles de Salta.
_¡Que mujer valiente y resuelta tiene don Jeremías!_lo felicitó Rafael.
_Estoy muy orgulloso, muy orgulloso. Juana es rebelde, nunca me obedeció y eso me hacía sufrir porque temía por su vida. Aún hoy se juega por lo que cree justo.
_Basta de lisonjearme Jeremias, que buenas agarradas hemos tenido. Usted también tiene que estar orgulloso de su mujer, Rafael. Ella cree firmemente en usted por eso abandonó afectos y seguridad, jugándose entera por un amor signado por la persecusión y las presiones políticas. Muchacha, no me llore, las mujeres cuando se desata la tormenta, apechugamos._Juana abrazó a Lourdes acunándola con ternura.
_Ella es mi vida. Por ella me enfrento a todo y a todos.
_Así se habla_Jeremías le palmeó eufórico la espalda.
El tiempo pasó volando en tan agradable compañía.La pareja lamentó despedirse pero les urgía continuar. En Bolivia estarían a salvo sin poner en peligro a las personas que los auxiliaban.



Los cardones que como fantasmas, altos y erguidos se alzaban en las laderas de los cerros, fueron los atentos vigías de su marcha esforzada por las quebradas de Jujuy. Pasaron por numerosos pueblitos. Vistosos, hospitalarios, de costumbres milenarias.
Sabedor del pánico que las alturas provocaban en Lourdes, Rafael la distrajo con un extraño relato.
_¿Conoces la historia de los cardones? Esas plantas que parecen señalarnos el camino.
_Si te referís a la anécdota que me contó doña Juana sobre Belgrano y los cardones, sí la conozco.
_Esa anécdota no la conozco....
_Parece que el General Belgrano se valió de los cardones para engañar a los realistas. Se armó un ejército con ellos. No me mires de esa forma, fue así no más. Los vistió con chaquetas y sombreros para que simularan ser soldados. Los españoles, que al verlos de lejos creyeron que el ejército patriota era inmenso, desistieron de enfrentarlos y huyeron.
_Ese acontecimiento fue verídico. La leyenda, es otra y cuenta que esos cardones son indios que convertidos en plantas velan por la felicidad de los habitantes del valle para que nunca más sean perturbados por extraños deseosos de conquistar tierras.
_¿Y cómo es que los indios se convirtieron en cardones?
_Se cuenta que en épocas de la conquista, el Inca, al ver que los españoles estaban dominando y martirizando a su pueblo, envió emisarios a los cuatro puntos del Imperio para organizar las tropas y así dar un golpe mortal al invasor.
Lourdes azuzó a su mula para acercarse más a Rafael porque por momentos la voz de Rafael se perdía impidiéndole escuchar la fantástica historia.
_Y entonces,¿qué sucedió?_Lourdes amaba las narraciones, eran su pasatiempo predilecto y Rafael lo aprovechó para distraerla de sus pensamientos oscuros.
_Los guerreros se apostaron en puntos claves por donde pasarían los conquistadores, esperando la orden de atacarlos por sorpresa. Esa orden nunca llegó porque los chasquis fueron capturados y el Inca, torturado y muerto. Los valientes indios esperaron y esperaron y vieron, desorbitados, pasar las tropas europeas sin recibir la orden de atacar. Desolados se quedaron en sus puestos. La Pachamama....
_¿La qué?_preguntó avergonzada por su ignorancia.
_La Pachamama es la Tierra. No es una divinidad creadora, sabés, sino una divinidad protectora y proveedora. Posibilita la vida y favorece la fecundidad_lo decía mientras le acariciaba con dulzura el vientre redondeado_Sigo, la Pachamama piadosa los fue adormeciendo y haciéndolos parte de ella. De ese modo comenzaron a unirse sus pies a la greda. La Madre Tierra los cubrió de espinas para evitar que los dañaran en su sueño.Se dice que todavía hoy esperan la orden que nunca llegará.
_¡Rafael!es una historia preciosa y trágica a la vez. ¡Cuánta lealtad,cuánta fidelidad!
Mantuvieron un trote lento hasta la caída del sol. Se refugiaron en una casa de adobe que estaba abandonada a la orilla de una vertiente que brotaba de entre una piedras rojizas.
_Rafa, ¿qué será ese montículo de rocas que está al lado del ranchito?_Lourdes con la ayuda de Rafael había desmontado y se frotaba su dolorida cintura.
_Un peón de El Vizcacheral me habló de esta costumbre. Se llama “apacheta”, es un sitio de adoración de la Pachamama donde se le pide que aleje el cansancio y dé un feliz viaje. A cambio se le deja una piedra y se realiza una oración rogando proseguir sin dificultades, y la cristalización del regreso al hogar.
_Ese es nuestro deseo, espero no muy lejano, volver algún día a nuestra casa de Buenos Aires junto a la abuela, a Tina y a todos los nuestros.¿Llegará ese día Rafa?
_Llegará, mi amor, llegará_lo dijo depositando una piedra sobre la apacheta_La Pachamama atenderá nuestra súplica.




                                                     24

“¿Qué quiere decir Bolivia? Un amor desenfrenado de libertad,
que al recibirla, vuestro arrobo no vio nada que fuera igual a su valor.”
                                                                                                            Simón Bolivar


Cuando avistaron la ciudad de Cochabamba, un grito de dolor le heló la sangre a Rafael. Desmontó apabullado de Moro, que corcoveó asustado por la frenada intempestiva y corrió junto a Lourdes tomando las riendas de la mula.
_¿Qué sucede mi amor?
Ella, con la frente perlada de sudor,apenas pudo responderle
_Una ...una ...puntada...me atravesó el vientre. Ay Rafa estoy aterrada...
_Tranquila querida, ya casi llegamos.¿Podrás resistir un tramo más sobre la mula o es preferible que te cargue?
_No...No...Ya me siento mejor. Sigamos.
El atardecer los encontró en Bolivia. Por fin libres de Rosas y Cuitiño. Sin embargo una nueva tormenta se cernía sobre Rafael.....remordimientos provocados por el miedo a perder su valioso tesoro, su mujer. La palidez de Lourdes lo mantenía en vilo.
Respiró cuando tomaron por la calle de Santa Teresa que desembocaba directamente en la casa de Margarita Arce Rodriguez, hija de la difunta Manuela Rodriguez Terceros, heroína de la Guerra de la Independencia en Bolivia.
La edificación, de típica influencia hispana, se situaba a una cuadra y media de la Plaza Mayor.
Baj
ó a Lourdes de la mula como si fuera una caja de cristal y a pesar de las protestas la cargó hasta la entrada. No fue necesario llamar porque en ese mismo instante, una morenita quinceañera con cara de susto abrió la puerta dejándolos pasar. Rafael vociferaba pidiendo un médico.

Margarita apareció alertada por el revuelo provocado en el zaguán.
_¿A qué se debe tanto barullo?_inquirió de mal humor.
_Soy Rafael Cané, doña Margarita_al verla vestida elegantemente e inspirando autoridad supuso que era la dueña de casa_Perdone mi falta de modales, pero mi esposa no se encuentra bien.
Margarita al observar el embarazo de Lourdes cambió de actitud y de inmediato ordenó trasladarla a la habitación de huéspedes.
Una vez acomodada Lourdes, Rafael controlando sus nervios, se presentó como correspondía.
_Hará dos meses atrás doña Mercedes Escalante de Aguirrezabala le escribió rogándole nos hospedara por un tiempo, espero que breve....
_Estoy informada, luego conversaremos al respecto. Ahora urge que llegue el doctor Orondo y revise a su mujer. Seguramente estará al caer, vive aquí cerca y a esta hora siempre está en su casa.
Lourdes dormía distendida, los dolores la habían abandonado,pero continuaba pálida. Rafael, sentado a su lado, humedecía la frente con paños perfumados. Margarita caminaba de un lado al otro de la galería esperando al doctor Orondo.”¿Por qué tarda tanto este hombre?”
Tuvo ganas de zamarrearlo cuando lo vio llegar con paso cansino. Lo hizo entrar a los empujones. Rafael los observaba boquiabierto.
_Siempre apurada doña Margarita....
_Y usted siempre lerdo mi querido doctor. Esta señora reclama su atención con urgencia
_Si ambos se retiran me harían un grandísimo favor.
Con desagrado Rafael abandonó la habitación, Margarita lo siguió pisándole los talones.
_Rafael, no se asuste por el trato que mantenemos con el doctor, es que nos conocemos de niños, nos gusta buscar gresca. Le aseguro que es un profesional eficiente.
El diagnóstico del doctor Orondo fue alentador y el corazón de un Rafael sucio y demacrado comenzó a latir nuevamente.
_El cansancio y el esfuerzo realizado en su estado en este viaje agobiante, permitame decirle, fue una imprudencia garrafal. Las contracciones que sufrió la señora fueron las consecuencia de ese desatino._Orondo fue tajante en su afirmación.
_Lo sé doctor. No tuvimos opción, nuestra vida estaba en juego. Debíamos abandonar el país, la Mazorca nos tenía en la mira.
_Lo entiendo, lo entiendo hijo. Lourdes necesita descansar y alimentarse adecuadamente, recobrar energía. Hemorragia no tiene, el niño se mueve y eso es tranquilizador. Báñese y coma algo, ella va a dormir un buen rato. Le dí de beber una infusión de manzanilla y flores de azahar que la relajará. Mañana volveré. Buenas noches.
Rafael, obediente, siguió al pié de la letra los consejos del doctor.
Cuando regresó al dormitorio, Lourdes seguía durmiendo. Su respiración era sosegada. Se recostó junto a ella y tomados de las manos apaciguó su espíritu conciliando el sueño.
Pasada una semana de reposo, Lourdes comenzó a pasear durante las mañanas por los alrededores hasta la Plaza Mayor en compañía de Rafael, su fiel guardián.
Al pasar por una librería entraron a deleitarse con la cantidad de libros que su dueño exponía en los diversos estantes que cubrían tres de las cuatro paredes encaladas. Elogiaron la letra pulcra y refinada de un cartel colocado en el mostrador de madera terciada que rezaba:”Si de Rómulo, Roma; de Bolivia, Bolívar”.
La mayoría de las veces tomaban por la calle principal, San Juan de Dios, hasta llegar al templo del mismo nombre. En otras ocasiones se aventuraban por la misma calle, pero en sentido contrario, hacia la zona de pulperías, establecimientos comerciales que proveían a los parroquianos de comida, bebidas, velas, carbón y remedios.
Las calles, empedradas y alumbradas por faroles a querosén, los invitaban a descubrir un mundo nuevo y distinto a su querido Buenos Aires al que añoraban hasta las lágrimas.
Una tarde, Rafael queriendo sorprender con un obsequio a Lourdes, recorrió la calle del Quitasol por indicación de doña Margarita. En esa zona podría encontrar sombrillas que dejaban sin aliento a cualquier mujer, por su belleza y elegancia. Le compró una de encaje blanco que Lourdes lució orgullosa en las tardecitas bolivarianas.
El color volvió a las mejillas de la joven, mejoró su apetito y la felicidad la hizo su rehén.
Cierta noche, cuando Margarita fue avisarle que la cena estaba servida, la encontró entonando una melodía dulce y amorosa mientras acariciaba su “pancita” de cinco meses. ”Esta nana me la cantaba mi abuela para que dejara de llorar y me durmiera”, le dijo sonriendo al verse descubierta.
”Así como mi madre tenía la certeza que tendría una niña, yo estoy segura que será un niño fuerte, risueño y hermoso, ¿verdad que no estoy equivocada tesorito?”,y como respuesta obtenía unas dolorosas pataditas que la hacían reír con ternura. Ese era el diálogo íntimo que a diario mantenía con su hijito. Rafael gozaba de esos momentos agradecido al Cielo por haber concluído la odisea que los trajo a puerto seguro.
Como acostumbraban hacer luego de una cena abundante, Margarita y el matrimonio se sentaban a degustar unos digestivos debajo del parral. El verano se estaba despidiendo y ellos aprovecharon para disfrutar de un espectacular firmamento estrellado.
_¡Cuánta belleza! Si parecen diamantes engarzados a un mantón de terciopelo....
_Lourdes, no sabía que eras poetisa. Es una imagen exquisita que invita a distenderse luego de una jornada agitada_acotó doña Margarita
_Y este jugo de naranja y guayaba ayuda a lograr ese cometido_expresó Lourdes saboreando con entusiasmo la bebida refrescante.
_Rafael pruebe este agua ardiente, es típica de mi país, se llama singani.
_¡Hummm!¡quema!¿Con qué está hecho?_se lo tomó de un trago y pidió más.
_Se obtiene por la destilación de la uva moscatel. Me alegro que le guste. Es la bebida preferida de mis hermanos, aunque a veces se pasan de la raya y arman cada trifulca....en fin igualmente los quiero.
_Perdone mi curiosidad doña Margarita, ¿nunca se casó?_preguntó intrigada Lourdes. La dama era una mujer todavía joven, esbelta, de luminosos ojos celestes y de largos cabellos castaños. Lo más importante era su espíritu desinteresado y su carácter alegre.
_Nunca. Amo mi independencia. Las mujeres vivimos sometidas primero a nuestros padres y luego al marido. Si queremos realizar algún emprendimiento necesitamos la autorizacion de nuestro marido por escrito y ante un escribano, lo que se llama licencia matrimonial,¿no es así?...Como estoy, estoy muy bien. Mis hermanos intentaron mandonearme y les aseguro...les fue terrible...a mí nadie me da órdenes, soy mi ama y señora. En realidad me parezco a mi madre, frontal y de voluntad firme. Cuando no estoy de acuerdo con alguna opinión masculina lo expresó abiertamente causando disgusto. Los hombres están acostumbrados a que nosotras agachemos la cabeza y le digamos a todo si...si,querido. Eso no va conmigo. Yo tengo cerebro y lo uso.
_Doña Margarita háblenos de su madre por favor_Rafael, cohibido por las palabras vehementes de la mujer quiso pasar a un tema menos espinoso.
_Cuando menciono a mi madre se me hace un nudo en la garganta. La noche en que murió, dormimos tomadas de la mano. Ustedes dirán que estoy loca pero esa madrugada algo me despertó, la miré y ya no respiraba. Creo que fue ella que se despidió de mí. Mi madre, tan valiente, tan honorable. Siempre siguió de cerca a mi padre en la Guerra de la Independencia, cosió su uniforme militar, abrió las despensas para mantener a los combatientes insurgentes, introdujo en la ciudad secretamente pasquines y proclamas revolucionarias. ¡Pobrecita!, también sufrió penalidades: vió el incendio de su hacienda por orden del Coronel Mendizabal e Imaz, un sanguinario oficial realista que también embargó todos nuestros bienes. ¡Bellaco,hijo de mala madre!
_Mi abuela me contó que gracias a Dios doña Manuela no estuvo presente en el holocausto de la Coronilla.
_Ella
se salvó, pero las otras doce mujeres ¡no! Doce valerosas mujeres patriótas encabezadas por Manuela Gandarillas, ciega ella.

_¿Ciega?_gritaron indignados
_Sí, escucharon bien. Manuela era ciega pero arrojada como ninguna. Mamá siempre contaba que con todas sus fuerzas arengaba a sus compañeras:”Si no hay hombres para defender a la Patria,acá estamos nosotras”. Doce mujeres con ese temple fueron condenadas a muerte y ejecutadas mediante el suplicio de la horca.
_¡Cuánto dolor!¡Cuánta injusticia!_sentenció Lourdes secándose con fiereza las lágrimas que impertinentes se deslizaban por sus mejillas.
_Lourdes no llores, mi madre fue feliz porque actuó según sus sentimientos lo mismo que las mártires de la Coronilla. Ellas son mi ejemplo.
_Señoras, propongo un brindis por esa mujeres de gran entereza que dieron sus vidas en pos de la libertad....y por ustedes dos que sin dudas constituyen la prolongación de tanta intrepidez y coraje.
Sonrientes chocaron sus copas jurando no olvidarse de tantas vidas acrisoladas por el fuego de la verdad y la sabiduría.
_Bueno, bueno, pasemos a otra cosa. Rafael ¿aceptó al fin el puesto de maestro que le ofreció don Teófilo?_doña Margarita se refería al Intendente de Cochabamba, amigo de la familia Arce Rodriguez.
_La propuesta me interesó sobremanera. Necesito trabajar. Además hallé una casa no muy lejos de aquí que me interesa comprar. A Lourdes le encantó, si todo sale como pienso nos mudamos en unos días. Ya no le ocasionaremos más molestias doña Margarita.
_No diga eso Rafael, para mí es un placer tenerlos conmigo. Doña Mercedes, a pesar de la distancia, fue una de las mejores amigas de mi madre. Desde que se conocieron de jovencitas en Buenos Aires, nunca cortaron la relación. La una lo sabía todo de la otra. En nombre de esa sólida amistad ustedes siempre serán bienvenidos.
_Me halaga, doña Margarita. Usted es nuestro primer afecto en estas tierras y eso es importante para nosotros que nos sentimos unos parias.
_Llegará el día en que jubilosos podrán regresar a su Patria, no lo duden.
Ya en su dormitorio Lourdes se despojó de sus ropas embelesando a Rafael. El tomó el aceite  esencial de lavanda que guardaban en un frasco de cristal y comenzó a masajearla....el cuello....la espalda, iniciando una danza erótica que los transportó a un paraíso de placer mágico. Entre caricias perfumadas y besos con sabor a néctar confirmaron su amor, un amor eterno capaz de vencer las fronteras de la muerte.


















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