sábado, 8 de agosto de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 9

César fue directo al boliche, quería embriagarse hasta perder el sentido. Pidió una botella de vino tinto, la descorchó y tomó del pico pergeñando la venganza. Esa misma noche su hermana descansaría en paz porque esa misma noche el mataría a Pedro Machuca.
Estaba acabando el vino cuando entró al bar don Pancho.
_M'hijo vaya pa' su rancho. Lo último que necesita su máma es verlo en pedo. No la apene más.
_Tiene razón don Pancho, ya me voy.
Encontró a sus hermanas atareadas. Sofía, revolviendo la polenta con la cuchara de madera; Alma, picando cebolla y unos tomates para la salsa y Matilde, sirviendo un té de menta y boldo a su madre.
_ ¿Cómo está la máma?_ le preguntó a Alma, sentándose cerca de ella.
_ ¡Uff! ¡Que tufo a vino ten'e vo' che!_ le reprochó de mala manera.
_ No me jodás Alma, que estoy de mal humor...
_Terminenlan no es momento para peliarse. Mami se siente pésimo y yo tengo miedo de que empiore._ los amonestó Sofía.
Matilde regresó de la pieza de doña Antonia con la taza vacía. Lloraba.
_ Yo la veo muy mal, ¿qué podemos hacer?
_ Tranquila chiquita, vas a ver como la máma se mejora.
_ Doña Rosa sabrá mucho de yuyos, empachos y mal de ojo, pero hasta ahora no le acertó a los achaques de mami._ se consternó Alma.
_ Es verdá, me voy a hacer una escapada a lo de don Marcelo Philipis.
_ ¿El farmacéutico?
_ Si Mati. El me va a aconsejar.
César, sin esperar la opinión de las muchachas, salió como un rayo para la estafeta postal. Sabía que a esa hora seguramente lo encontraría allí. Don Marcelo Philipis, además de farmacéutico, cumplía las funciones de Juez de Paz y era el encargado de la correspondencia.
César amarró las riendas del caballo en un poste y entró casi sin aliento a la oficina de correo. Don Marcelo estaba recostado en el mostrador leyendo el diario y tomando café.
_ Güenas  don Marcelo, ¿puedo hablar un momento con usté?
_ Mi pésame César, me duele en el alma lo que les ha pasado_ se conmovió.
_ Lo que me priocupa ahora es la salú de la máma. ¿Podría darse una vuelta por las casas y decirnos que le anda pasando?
_ Voy a hacer algo mejor muchacho. Mi amigo, el doctor Andrés Díaz y Pereyro, que ejerce en Machagai, está pasando una temporada en mi casa. Le voy a pedir que pase a visitar a tu madre, ¿estás de acuerdo?
_ Don Marcelo...nosotro' no tenemo' plata pa' pagarle...
_¡Dejate de embromar! El doctor es un hombre de ley, no te va a cobrar ni un centavo. A la tardecita nos aparecemos por tu casa.
_ Dios se lo pague, don Marcelo. los esperamo' pué.
César le dio la buena noticia a sus hermanas. Por primera vez, después de mucho tiempo, sintieron que el cepo que los asfixiaba comenzaba a ceder.
Se apresuraron a limpiar y a ordenar la casa. Alma y Matilde se encargaron de su madre. Le cambiaron el camisón viejo por uno adornado con puntillas, que le habían regalado para su cumpleaños, y la peinaron con delicadeza.
Matilde colocó en un vaso unos azahares que arrancó del naranjo del patio.
A las seis en punto llegó el doctor Andrés. Lo trajo don Marcelo en su volanta.
_ Adelante dotor, gracias por venir_ le salió al paso César con amabilidad.
_ Buenas amigo,¿dónde está la enfermita?_ preguntó con simpatía.
_ Sigame dotor yo le indico. Le presento a mis hermanas: la Sofía, la Mati y la Alma.
_ Un gusto chicas_ al saludarlas se quito el sombrero de fieltro marrón.
Dotor no tenemos palabras para agradecer su gesto_ le dijeron al unísono las hermanas.
_ Bueno, bueno, vayamos con doña Antonia_ las animó el doctor_ Marcelo, acompañame por favor. Ustedes_ señaló a las chicas_ esperen en la cocina. César, llevanos con tu madre.
Cuando los hombres entraron en la habitación de doña Antonia, Alma exclamó furiosa
_ ¿Pero quién se piensa que es ese tipo pa' mandoniarnos? Tengo derecho a estar presente cuando la revise a mami, carajo.
_ ¡Cerrá la boca loca! Encima que viene gratis...él sabrá porque no podemos estar presente.
_ ¿Te hago un té de tilo Alma? Para que se te tranquilicen los nervios_ le dijo con ternura Matilde.
_ Si Mati, un tecito me va a hacer bien. Es que no aguanto que me den órdenes.
En el dormitorio, el doctor auscultó a doña Antonia explorando el latido del corazón, le midió la presión y luego comenzó con un profundo cuestionario.
_ ¿Qué le anda pasando?_ le preguntó tomándole la mano con cortesía.
_ Ando muy cansada, sin ganas de nada...me quiero morir dotor_ lágrimas amargas le brotaron con rabia y tristeza.
_ No diga eso, todavía le quedan hijos que la quieren y la necesitan, sobre todo Matilde, que es una niñita.
_ Es que es muy juerte el nudo que tengo en el pecho, aveces siento que me falta el aire.
_ Es normal que experimente esa sensación, pero tiene que sobreponerse. ¿Cree en Dios?
_ Si dotor.
_Récele, El la va a escuchar, se lo digo por experiencia.
Ese hombre corpulento como un oso, que parecía llevarse el mundo por delante, dos años atrás quedó reducido a una piltrafa cuando su hijo menor de apenas cuatro años murió víctima de meningitis.
_ Además de ese dolor, que es fruto de la angustia,¿qué más siente doña Antonia?
El doctor la escuchó evaluando un posible diagnóstico.
_ ¿Qué tengo dotor? No me mienta.
_ Nunca les miento a mis pacientes. Me arriesgo a diagnosticar diabetes.
_ ¿Y eso qué es?_ César estaba aterrado.
_ Es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de glucosa en la sangre y en la orina.
_ No entiendo nada...
_ No se preocupe, de a poco lo va ir comprendiendo, yo lo voy a ayudar.
_ Gracias dotor, Dios lo bendiga por su generosidá_ la mujer amagó con besarle la mano, pero don Andrés la retiró enseguida.
_ No haga eso doña que no soy Obispo_ se rió incómodo_ Con César vamos a planificar su tratamiento. Usted no se preocupe por nada.
En la cocina se sentaron a la mesa. Sofía les hizo mate y los convidó con unas tortas fritas. Desde un rincón Alma los observaba con ceño fruncido.
El doctor en palabras sencillas les explicó la dolencia de su madre.
_ También es imprescindible inyectarle insulina
_ ¿Lo qué?_ César transpiraba, se sentía impotente.
_ Es una hormona esencial para regular el metabolismo y la cantidad de azúcar que circula en la sangre...
Los hermanos estaban perdidos. Desesperados trataban de comprender, pero cuanto más les explicaba el médico, más desorientados estaban. Don Marcelo fue en su rescate.
_ Lo único que ustedes tienen que hacer es tratar que doña Antonia cumpla con la dieta indicada. Nosotros nos ocuparemos del resto.
_ Pero y la insi..insu..inselina_ tartamudeó César.
_ Insulina. Dejalo en nuestras manos. Es difícil de conseguir, pero no imposible_ les aclaró el doctor._ Y ahora nos vamos. César en dos días date una vuelta por la estafeta que ya vamos a tener novedades sobre el tratamiento de tu madre.
_ Vaya tranquilo doctor que yo entendí perfectamente lo que tenemos que hacer_ los sorprendió Matilde.



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