miércoles, 27 de abril de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 6


“Habla con el violín. Escucha su armonía y contéstale.
Se acercará a ti. Lo está deseando…”                              Gonzalo Moure

Pasó un año y el corazón de Lupe seguía sangrando la muerte de María.
Se sentía culpable. “¿Por qué no supe ver su gran pena?, ¿por qué no la ayudé?,¿por qué, Dios mío?”.
Sólo encontraba consuelo en su violín. Cada vez que lo ejecutaba, su melodía la transportaba a tierras lejanas y mágicas, donde la oscuridad no existía, todo era luz y fuego.
Amaba interpretar a Vivaldi y cada vez lo hacía mejor. “Santa Cecilia te ha bendecido con el don de la música. Tus manos parecen danzar al compás del arco y las cuerdas”, la hermana Elisa no salía de su asombro ante el singular talento de Lupe. No sólo era brillante, sino que sus melodías transmitían vida.
_¿Quién es santa Cecilia?_ preguntó curiosa Lupe.
_ La protectora de lo músicos, no lo olvides. Cuando algo te abrume, no dudes en pedir su auxilio. Ella siempre responde._ le respondió con cariño.
Los nervios estaban matando a Carmen. El Gobernador y su comitiva harían su acostumbrada visita anual a la institución y ese acontecimiento siempre la alteraba. Tan puntillosos, constantemente dispuestos a señalar errores, nunca felicitarla por los progresos logrados, por el orden y la disciplina imperante.
_ Hermana Elisa, ¿qué haremos para agasajar al Gobernador?, ¿ha pensado en algo?_le preguntó de mala manera durante la reunión que mantenían en su despacho _ Me ofuscan las caras de aburrimiento y cansancio que ponen cada vez que vienen a visitarnos.
También la irritaba el rostro sereno de la religiosa.
"¿De dónde sacaba tanta paz?¡Maldita sea!".
_ Se me ha ocurrido realizar un concierto. Las niñas han ensayado muchísimo, están listas para su primera presentación._ le dijo complacida.
_ ¿Un concierto?...Podría ser. ¿Está segura qué no harán un papelón?_  indagó preocupada _ Sería mi ruina.
_ En absoluto. Sobre todo Lupe. Es brillante. Tiene que escuchar sus interpretaciones señora Carmen, son exquisitas.
_ No tengo tiempo para esas tonterías. De modo que si a usted le parece que un concierto será adecuado para ofrecer al Gobernador, así será. Le advierto, de la satisfacción del Gobernador depende una sustanciosa ayuda económica del Gobierno para el orfanato. Así que ¡esmérese! para que el concierto salga perfecto, si es necesario ensayen más horas.
_ No se preocupe, déjelo en mis manos, todo saldrá a la perfección.
Esa tarde, después de las tareas, la hermana Elisa reunió a las niñas para comunicarles la noticia. Se entusiasmaron pero al mismo tiempo entraron en pánico.
_ Todo saldrá a las mil maravillas, tengan fe_ las animó.
_ Me gustaría ensayar algunas horas después de la cena, hermana Elisa. ¿Usted cree que la señora Directora me autorizará?
_ Claro que sí Lupe. Hoy mismo podrás hacerlo.
Sola, en la fría sala, se aisló dentro de su pasión, la música. Especialmente amaba las composiciones de Vivaldi. Interpretar “La primavera”, el primer concierto de “Las cuatro Estaciones”, la llenaba de entusiasmo y felicidad.
A veces, pensaba que era un sueño tener un violín y saber ejecutar con él bellísimas melodías como la que en ese momento estaba ensayando.
La música la envolvía, la subyugaba, la transportaba a un mundo mágico donde todo era luz, la muerte no existía. Allí estaba su madre, sentada en un trono de estrellas, escuchando embelesada su interpretación, dulce y delicada.
Carmen, fascinada por la dulzura de la música que llegaban hasta su despacho, interrumpió el trabajo que tenía entre manos y dejándose guiar por la cautivante tonada llegó hasta el salón donde ensayaba Lupe.
“Por sus venas corren notas musicales; su corazón late embriagado por la melodía que nace de su alma, y su brazo es una continuación del arco, que rasga con ternura las cuerdas.
Todo a su alrededor deja de existir en el instante que toma el violín y lo hace vibrar.
Ella misma se transforma”, escuchó decir a la hermana Elisa a otra de las religiosas.
“Tiene razón”, pensó Carmen. La belleza de Lupe, ensimismada en su interpretación, la impactó. Se quedó en la puerta escuchando, observando. La niña no notó su presencia.
Al finalizar la pieza musical, la Directora se retiró silenciosamente, pero impresionada por la destreza de Lupe.
_¿Le gustó? Toca como los ángeles, ¿verdad?_ Elisa la sorprendió.
_ Ciertamente _ fue lo único que dijo y desapareció por el pasillo.
“¡Cuánta amargura encierra ese corazón!”,se dijo afligida ante la actitud severa de Carmen.
Con determinación, entró en la sala de ensayo.
_ Hija, por esta noche es suficiente, ¡a descansar!
_ Un ratito más_ suplicó Lupe_ Necesito perfeccionar algunos fragmentos.
_ ¡Tonterías! Tu interpretación no puede ser más bella...y ¡ojito con vanaglorirte!, es el peor defecto de un artista.
_ Sé muy bien que me falta un largo camino para que se me considere una artista, hermana._ lo dijo con tristeza.
_ No me gusta ese tono tristón. Lupe, tú tienes el sentimiento y la fuerza de espíritu para conquistar la meta. Tú lo lograrás. y ahora, ¡a dormir señorita artista!.
Esa noche soñó con su amor imposible.,Vivaldi. "Il prette rosso" la besaba con pasión, no en los labios, en las manos. Esos besos eran una bendición que plasmaba en sus dedos la maestría del compositor barroco. De repente ella emergía de un tromba de colores estridentes, ejecutando una melodía exquisita jamás escuchada. Una lluvia de flores caía sobre ella y aplausos, cientos de aplausos, le endulzaban el oído...


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