martes, 28 de junio de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 21

"El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene".  Victor Hugo



La tarde siguiente a la fiesta de cumpleaños, Ana se encerró en la biblioteca con Renzo. Le preocupaba la decisión de Lupe, ella suponía que Arturo sería el elegido, lo veía más adecuado a la de la muchacha, además confiaba más en los cambios de conducta de su hijo menor que en los del mayor.
_ Madre, ¿cuál es el problema ahora? _ dijo reacio a una nueva confrontación.
_ ¿Problema?, ninguno, ninguno. Sólo deseo saber que ha sucedido entre tú y Lupe.
_ Bien lo sabes, te he visto conversando con ella _ comenzó a exasperarse.
_ Sé su versión romántica, plagada de ilusiones...ahora quiero saber la tuya _ lo atravesó con la mirada.
_ Te lo dije una vez y vuelvo a repetírtelo, la quiero_ expresó con determinación.
_ Me alegra escucharte tan firme y convencido. Ella se merece ser feliz y no voy a tolerar que la hagas sufrir. En estos años he comprobado con agradable sorpresa como has cambiado, ya no apuestas en juegos clandestinos, no vuelves a casa ebrio por las noches, eres gentil y simpático, no sólo con Lupe y conmigo, sino con Lina y hasta con el personal doméstico. Todo un logro.
_ También me esfuerzo en ser eficiente en el manejo de los negocios de la familia, ¿acaso no te lo ha mencionado don Cosme?_ "maldito viejo entrometido", pensó para sí.
_ Claro, claro, me lo ha dicho, y muy emocionado ante tu cambio y el de tu hermano. Renzo, dime la verdad, ¿ha quedado atrás "el Lobo"? _ la voz de Ana se tornó dura, áspera.
El se paralizó ante la inesperada pregunta. ¿Cómo sabía su madre?...¿Cuánto sabía de su vida nocturna?
Ana se perturbó cuando Renzo clavó en ella sus ojos de un azul tormentoso, que como un mar embravecido parecía devorarla. Se asustó de la reacción de su hijo, pero se mantuvo firme, disimulando su estremecimiento.
_ ¿Me vigilas, madre? _ preguntó con sorna, dibujando en su rostro una sonrisa ladeada.
_ Sí _ una respuesta simple y directa.
Una carcajada siniestra cortó con su filo el ambiente denso que se había creado entre ellos.
"¡Dios mío!, ¿en quién se ha transformado mi hijo?", meditó abatida.
Renzo cual experto camaleón, cambió de actitud al instante. "No me conviene el enfrentamiento, menos cuando he logrado mi objetivo: Lupe".
Artero, suavizó la mirada y la sonrisa. Se acercó a su madre y la abrazó besándola en la frente.
_ No quiero que te angusties mamá. "El Lobo" del arrabal ya no existe, hace tiempo que murió. Mi único deseo es ser feliz junto a Lupe. Ella es la paz que necesita mi espíritu aventurero.
Ana sintió que se liberaba de un gran peso.
_ Me alegran tus palabras, hijo mío. Te quiero _ se aferró a él con fuerza anhelando la sinceridad del joven.
Lupe, al margen del intenso diálogo que se estaba viviendo en la biblioteca, escribía una sentida carta a su entrañable amiga, la hermana Elisa. Hacía ya dos años que había abandonado el orfanato Riglos tras un sueño: ser misionera en las provincias pobres del norte argentino. La congregación la envió a la selva chaqueña, a una pequeña comunidad de indios, "los wichis".
Las últimas noticias de Eliza, expresaban su gran entusiasmo:
"¡Ay Lupe!, mi corazón está alborozado. Hay tanto por hacer entre esta gente. Muchos llegan al aborigen con buenas y sinceras intenciones, el problema es que muchos llegan con algo completamente armado porque creen que los indios, como todos los pobres, no saben, no entienden, no sienten. Hay personas que, aunque lo disimulan, suponen que no son personas.
Ser persona, Lupe, requiere reconocer al otro, no como carente o marginado, sino simplemente como otro, con tus mismas necesidades afectivas y materiales. Esa es mi meta, que me consideren una más entre ellos, capaz de ayudarlos respetando sus creencias y tradiciones; sin imponer mi postura cultural. Confío que voy por buen camino..."
Con las palabras de Elisa resonando en su memoria, Lupe tomó una hoja de papel y comenzó a volcar en ella la felicidad que le henchía el alma:
"Querida hermana Elisa:

Hoy puedo revelarte el secreto que por años he guardado bajo llave en mi corazón. Amo a Renzo y él me corresponde. Me lo dejó en claro el día de mi cumpleaños. 
Sí, ya sé lo que estarás pensando, que siempre ha sido un desconsiderado con Lina y conmigo, que desde un principio le ha hecho la guerra a Ana por protegernos y darnos su cariño. Pero ha cambiado, hermana Elisa. Ya no se comporta de forma antipática y agresiva, todo lo contrario, es gentil y generoso. Y lo que más me gusta de él es su sentido del humor, siempre alegre contagiándome su risa franca. Le encanta silbar, sé cuando llega a casa cuando escucho la melodía de algún tango...¡es él!, me digo y mi corazón vuela.
¡Soy tan feliz!
Sólo los sentimientos de Arturo ensombrecen esta felicidad. El también me declaró su amor, me odié por tener que rechazarlo, pero mi amor le pertenece a Renzo. ¡Ojalá me haya comprendido y perdonado!
Lina está enojada conmigo, ella hubiera deseado que aceptara a Arturo. No quiere a Renzo, no se fía de él. La comprendo, nos hizo sufrir mucho y le temíamos mucho también...si hasta lo llamábamos "el dragón maldito". Pero él ha cambiado, estoy segura y lo amo tanto...
Tengo otra novedad: recibí carta de Pecas. ¡Se casó!. Lo hizo con un compañero del trabajo de la fábrica de galletitas en donde se desempeña hace un año. La celebración, a pesar de ser pequeña estuvo impregnada de gozo y bienaventuranza. Ella estaba radiante y a él se lo veía pendiente de hasta el más mínimo deseo de su flamante esposa. Me alegro por Pecas, mi querida Pecas...¡cuántos recuerdos! Pero ya pasó el tiempo de la tristeza y del abandono, ¿verdad Elisa?, ahora se abre ante nosotras el telón de una nueva vida donde el protagonista es el amor.
No dejes de escribirme, me encanta recibir noticias tuyas. Sabes que te he considerado como el ángel guardián que siempre veló por nosotras, dos pobres huérfanas aterradas. Mi ángel, mi maestra, mi segunda madre...Gracias a ti hice realidad mi sueño más preciado, tocar el violín. Cada vez que estoy interpretando una composición musical, ya sea en el Colón como en esta casa rodeada de invitados, cierro los ojos, y veo tu semblante sereno y amoroso dándome ánimo, estimulándome a dar lo mejor.
Nunca dejaré de agradecer al Cielo el haberte puesto en mi camino y en el de Lina.
Con cariño inmenso, Lupe".

No hay comentarios:

Publicar un comentario