martes, 2 de agosto de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 31

"En la timba de la vida
 sos un punto sin arrastre
 sobre el naipe salidor...
 débil pa' l chamuyo y el amor...
¡Dios te ampare, compadrito de papel maché!".  Enrique Cadícamo.



Renzo, excitado y furioso, abandonó la mansión determinado a desahogar su calentura en "El Gato Negro".
Con los sentidos embotados por la lujuria, no escuchó a Arturo que lo llamó desde la sala donde tomaba un café.
"¿Dónde vas a estas horas?" Las palabras quedaron flotando en el silencio y las penumbras del lugar.
"Me imagino cual es su destino, pero...¿y Lupe?", se preocupó.
Con sigilo se acercó hasta el dormitorio del matrimonio. Estaba a punto de golpear cuando el llanto de Lupe lo detuvo. Por un instante pensó consolarla, pero enseguida desistió. "Es mejor que no intervenga". Cabizbajo se encerró en su propio dormitorio con el corazón atormentado.
Renzo condujo su convertible a alta velocidad hasta el arrabal porteño. Allí era él mismo, no debía fingir buenas maneras; allí era "el Lobo" y todos lo respetaban.
Estacionó frente al burdel y le tiró unos centavos a un muchachito desgarbado que se ganaba la vida lustrando los zapatos de los compadritos que visitaban el lugar.
_ Gracias Lobo, vaya tranquilo que yo le vigilo el bote* pa' que naides se lo afane _ una sonrisa desdentada le iluminó el rostro sucio y demacrado.
Renzo apenas reparó en él, estaba hambriento, debía desfogarse sino explotaría como el Vesubio.
_ ¡Amigo, estás al palo!*_ el dueño del lupanar contuvo una carcajada al ver la entrepierna de Renzo.
_ Rápido "Diente de Oro", llama a la Gringa, la espero en el cuarto de atrás. ¡No te quedes ahí parado como un babieca*! _ le gritó perdiendo los estribos.
_ Es que...es que... _ tartamudeó con temor.
_ ¿Qué? ¡Hablá de una vez! _ y acarició amenazante el revolver que escondía debajo de su saco. No estaba de humor para adivinanzas.
_ La Gringa sigue internada...
_ ¿Internada? _ se asombró, cada vez más furioso.
_ Pero Lobo, no te acordás...casi la matás la última vez que estuviste con ella. Claro, tanto cocó* te nubló el cacúmen*_ ironizó
_ No te pasés de la raya y explicate _ la impaciencia le hormigueaba el cuerpo.
_ Casi la asfixiás con la bolsa que le pusistes en la cabeza. Estaba azul cuando la encontré, apenas respiraba la pobre. Y ni que hablar de las marcas de rebenque en los brazos y piernas...¡Lobo pará con tus jueguitos! Así no hay mina* que aguante _ se quejó.
_ No me des consejos, no los necesito. No sé por que mierda te preocupás, putas hay de sobra...
_ Para vos es fácil porque no tuviste que poner la jeta* en la comisería, decí que soy amigo del comisario, ¡que si no!
_ Dejá de quejarte que la biyuya* que te doy todas las semanas es más que suficiente para llenar el buche de la cana*.
_ A veces las coimas no alcanzan para que hagan la vista gorda.
_ ¡Basta! No soporto las niñas lloronas, si no te conociera pensaría que sos un maricón* _ lo punzó.
_ ¡Cruz diablo Lobo!Soy bien macho _ se ofendió.
_ No perdamos más tiempo con giladas* y buscame una atorranta capaz de aguantar "mis jueguitos", como vos los llamás._ se rió con malicia.
"Diente de Oro" asintió con aire de frustración y al darle la espalda lo maldijo con todas sus fuerzas.
"¡Maldito cajetilla*, ojalá mueras ahogado en tu propio caldo*! ¡Ay Pardo, si no estuvieras engayolado* ya lo hubieras ensartado* y yo estaría libre de este hijo de puta!".
"El Pardo" hacía dos meses que estaba en prisión por haber matado a puñaladas a un compadrito del barrio Monserrat que osó burlarse de su cojera. El Pardo era hombre de pocas pulgas y hacía años que tenía entre cejas a Renzo. Nunca perdonó que los hermanos Gamazo lo liamparan con argucias en el póker.
_ ¡Polaca! _ llamó sofocado por la prisa.
Una joven rolliza y rubicunda se levantó con pereza del regazo de un hombre entrado en copas.
_ ¡Ey, no te vayás!_ se quejó el ebrio.
_ Me llama el patrón _ respondió lacónica.
La soltó protestando, pero ante una seña del "Diente" otra atorranta se sentó en las rodillas del hombre, gesto que le arrancó una sonrisa de satisfacción.
_ Polaca, volá para las habitaciones del fondo. En la segunda te espera el Lobo_ la apremió.
La muchacha se humedeció de sólo saber que semejante hombre la esperaba. Sabía que era un sádico, pero eso no era problema, ella disfrutaba con las vejaciones, sus orgasmos eran dinamita en esas circunstancias.
Cuando entró al cuarto, Renzo la asaltó con violencia. Le arrancó la túnica transparente que velaba su desnudez de curvas prominentes y la estampó contra la pared. Le mordió el cuello,,, los pezones, mientras introducía su dedo en el clítoris haciéndola gritar de placer.
_ Más fuerte, Lobo, más fuerte mi Lobo salvaje _ deliraba.
Atendiendo a su súplica, la arrojó sobre la cama y con unas sogas le ató las manos y los pies a los barrotes de bronce, Buscó el látigo y comenzó a golpearla con crudeza. Ella gritaba y él disfrutaba terriblemente.
_ ¡Golpeáme, Lobo! Quiero sentir tu fuerza _ lo invitó.
Renzo, entonces, se divirtió dañando con golpes de puño el rostro de la puta hasta desmayarla. Amaba desfigurar, al golpear se elevaban sus niveles de adrenalina aumentando a la vez sus niveles de excitación. Sentía placer dominando.
Vio una vela sobre la mesa que estaba junto a la puerta. La encendió y comenzó a derramar la cera fundida sobre la piel de la mujer. El dolor provocado por las quemaduras la volvió en sí y lejos de asustarse, comenzó a retorcerse de placer.
"Señor, ¡que bien me siento!", exclamó mientras se masturbaba sobre ella.
_ Lobo, yo también quiero terminar. Por favor, regalame un beso negro*, por favor... _ gimió perdida en la excitación.
_ No tengo tiempo para berretines*, vestite _ con asco le tiró la túnica en la cara magullada.
Renzo se limpió con una toalla que encontró sobre la cómoda, se cerró la bragueta, se acomodó la ropa y fue en busca de un buen trago.
El llanto de la Polaca no lo perturbó, al contrario, reafirmó su poder tiránico. "Estas putitas nunca entienden que mi goce está por encima de ellas".
El bar estaba en penumbras. Eso no fue impedimento para que "Diente de Oro" lo reconociera. Lo esperaba impaciente, no quería lidiar con otra víctima de ese loco sádico.
_ ¿Y la Polaca? _ preguntó reflejando angustia.
_ En la habitación y...viva _ la oscura carcajada que brotó de Renzo hizo temblar al "Diente"._ Y ahora quiero emborracharme, traeme una botella de whisky, del importado no esa mierda que le ofrecés a tus clientes de medio pelo.
Mientras paladeaba el líquido ambarino que le provocaba fuego en el estómago, y observaba bailar un tango a unas parejas, reflexionó complacido.
"En este lugar se me respeta, acá tengo el control. Estoy harto de vivir bajo la pollera de mi madre, siempre vigilando mis procederes y ahora que me he librado de ella, aparece Arturo y su estúpido moralismo. Hoy se acaba mi esclavitud, haré lo que se antoje en los negocios y sobre todo con Lupe. Es mi mujer, yo soy su amo y deberá obedecer mis órdenes. La primera será que abandone la orquesta del Colón. La quiero toda para mí...fuera el profesor Ljerko, se acabaron los ensayos, se acabó el violín. Sólo yo seré su mundo".
_ ¡"Diente"!
El hombre que conversaba con un grupo de clientes elegantes, lo miró con fastidio. "¿ Y ahora qué?", pensó con rabia, sin embargo, se le acercó fingiendo agrado.
_ ¿Qué se te antoja Lobo?
_ ¿Tenés un poco de blanca*?. Hoy mi festejo debe ser completo. Me lo merezco.



Timba: juego
Chamuyo: persuadir hipócritamente.
Bote: automóvil
Al palo : tener una erección
Babieca: tonto
Cocó. cocaína
Cacúmen: cerebro, sesos
Mina: mujer
Jeta: cara
Biyuya; dinero
Cana: policía
Gilada: tontería
Cajetilla: persona "fina", elegante
Caldo: vómito
Engayolado: en prisión
Beso negro: succionar el orificio anal
Berretín: capricho
Blanca: cocaína









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