miércoles, 10 de agosto de 2016

ALAS PARA UNA iLUSION, Cap 33

"El hombre vengativo al que no pudiste, viviendo a pesar de tanto amor, aplacar, ¿sació en tu carne complaciente toda la inmensidad de su deseo?".  Bodelaire

Lupe estaba desconcertada. No comprendía la conducta de Renzo cada vez más agresiva. Ella trataba de complacerlo, pero él siempre reaccionaba con violencia.
"¿Qué le sucede? ¿Habrá otra mujer?", se preguntaba desesperada en la soledad de su habitación.
"Señor, que no se repita en mí la historia de mi madre, no lo soportaría", rogaba noche tras noche.
El inmenso amor de Lupe hacia Renzo, lentamente fue trocando en rencor...en resentimiento.
El inevitable cambió comenzó a raíz de una simple pregunta.
_ Renzo, querido, ¿me acompañarás esta noche al teatro? Hoy debutamos _ le dijo con ternura. Esa noche el Colón se engalanaba con la puesta en escena de la ópera "Carmen", de Bizet donde Lupe se lucía en la orquesta ejecutando trémolos, exquisitos movimientos rápidos del arco hacia arriba y hacia abajo creando una atmósfera de tensión que anticipaba los momentos de mayor clímax de la obra.
Estaban en el comedor, Lupe tomando un té de menta y Renzo, un whisky.
Era el día libre de la servidumbre; Jacinta dormía la siesta, últimamente el reuma la tenía a mal traer y Arturo estaba en una reunión de negocios junto a don Cosme,
_ Renzo, ¿me acompañarás? _ insistió ante el silencio de él.
_ Lupe, esta situación me tiene harto y no estoy dispuesto a seguir tolerándola _ respondió estrellándo el vaso contra una pared.
Lupe, asustada por la inesperada reacción, comenzó a juntar los trozos de vidrio del suelo.
_ ¡Deja eso o terminarás cortándote la mano! _ le gritó iracundo.
Lupe, paralizada en el centro de la sala, comenzó a llorar.
_ Y ahora, ¿por qué lloras? Sabes muy bien que detesto verte llorar, crispa mis nervios._ a grandes pasos se acercó a una vitrina. Sacó otro vaso  y lo llenó con whisky.
_ Renzo, ¿qué te sucede? _ habló quedamente, tratando de contener las lágrimas.
_ Sucede que estoy harto de tus ensayos, harto de tu maldito violín, harto del estúpido y entrometido profesor Spiller. ¡Harto, Lupe! ¡Harto! _ y de un solo trago vació la copa, para volver a llenarla.
_ ¿Y que pretendes que haga? ¿Qué renuncie a aquello que satisface me estimula? ¿Qué me completa, qué me hace feliz? _ Lupe, ofuscada, levantó el tono de voz, lo que exasperó aún más a Renzo.
_ No me grites, maldita
_ ¿Por qué no? ¿Sólo tú puedes hacerlo?_ lo enfrentó temeraria.
_ Tú lo has dicho, yo soy el hombre y debes obedecer mis órdenes. Se acabó el Colón, si quieres tocar el violín lo harás solamente en esta casa y cuando yo no esté, ¿has comprendido? _ sus ojos eran dos brasas encendidas.
_ Entonces podré hacerlo a toda hora porque tú nunca estás _ se rió con amargura.
_ No me gusta tu ironía y no me gusta que me controles.
_ ¡Tú me controlas, tú me abandonas, tú me humillas! Pero se acabó, no pienso renunciar a la orquesta, ¡ni por ti ni por nadie!
_ ¡Cómo te atreves a cuestionar mis decisiones! Eres una zorra y como tal te trataré.
Renzo, fuera de sí, la tomó de los hombros y la zamarreó con violencia. Luego la empujó contra la pared golpeando la cabeza de Lupe con rabia.
_ ¡Renzo,basta! ¡Detente! _ alcanzó a decir antes de recibir un tremendo puñetazo en la boca del estómago que le cortó la respiración.
La violencia desatada excitó a Renzo. Lupe, aterida de dolor, vio con susto como su marido se abría la bragueta. La desnudó con brusquedad y la penetró agresivamente mientras la aplastaba con el peso de su cuerpo.
Lupe, trató de defenderse, pero fue inútil; él la superaba en fuerza.
Satisfecho, la dejó hecha un ovillo sobre la alfombra de la sala. "¿Qué fue todo esto?", se horrorizó Lupe.
_ Espero que hayas aprendido la lección amor mío. A mí se me respeta, ¿entiendes? A partir de este instante tu mundo seré yo y sólo yo. Si me entero que continúas formando parte de la orquesta estable del Colón, lo que te ha sucedido hoy no es nada en comparación de lo que te haré.
Luego de amenazarla, la besó con pasión y abandonó la sala. Lupe escuchó aliviada el golpe de la puerta de entrada. Se había ido.
_ ¿Cómo llegué a amarte? ¡Que tonta fui!_ se recriminó acongojada.
Se levantó con cuidado, le dolía todo el cuerpo. Subió lentamente las escalera, entró al dormitorio y se tiró sobre la cama.
"No tengo tiempo para lamentos, debo apresurarme, dentro de tres horas comienza la gala. ¡Nunca abandonaré la música! Soy mucho más mujer de lo que supones Renzo. No te tengo miedo y voy a luchar contra viento y marea por mi única pasión: la música. Desde hoy, Renzo, estás muerto para mí".


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