miércoles, 31 de agosto de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 36

"Vestiré este día de sedas,
 transparencias y perlas.
 Adornaré los cabellos con joyas de jade
 y exquisitos lotos.
 Calzaré los pies con sandalias de fina plata y amatistas.
 Y en el silencio más absurdo
 esconderé heridas cubriéndolas de ámbar".  Jem Wong



Renzo la envolvió en sus brazos. Ella intentó deshacerse del abrazo, pero él la atrajo hacia su pecho con más fuerza. Vencida, desistió; no debían llamar la atención.  Arturo, de lejos, los observaba.
El silencio se tiñó de dolor. Eran pocas las personas reunidas en el cementerio para despedirla, las que más la conocieron...las que más la quisieron. Sólo faltaba Ana, unos tontos trámites burocráticos le impidieron viajar.
"Estoy destrozada, la voy a extrañar con el alma", decía el telegrama que Renzo recibió desde España el día anterior al entierro.
Luego de un sentido responso a cargo de su confesor, uno a uno arrojaron una flor blanca sobre el féretro que descansaba en la fosa.
Era pasado el mediodía cuando regresaron a la casa.
Almorzaron inmersos en sus pensamientos, sin prestar atención a lo que comían, un delicioso pato a la naranja acompañado de verduras grilladas.
Antes del postre, Lupe se disculpó y se encerró en su dormitorio. Arturo y Renzo se quedaron bebiendo cognac en el salón contiguo al comedor.
_ La muerte de Jacinta la ha afectado mucho _ rompió el silencio Arturo.
_ Creo que Lupe exagera, Jacinta era sólo una sirvienta _ Renzo siempre escéptico.
_ ¿Por qué dudas de su pena? Ultimamente, Lupe y Jacinta pasaban todas las tardes juntas. Además Jacinta no fue "sólo una sirvienta", Jacinta fue la mujer que acompañó a nuestra madre en sus peores momentos, la mujer que la ayudó a criarnos con amor y paciencia. ¿Acaso te olvidas como nos defendía cada vez que cometíamos una travesura? ¡Querida Jacinta! _ recordó con melancolía Arturo.
_ Parece que sabes mucho sobre mi mujer, hermanito. ¿Qué me ocultan? _ dijo con sarcasmo.
_ No me gusta la forma en que te expresas Renzo  _ se ofendió.
_ Y a mí me fastidia que estes pendiente de "mi mujer". Ella no es de tu incumbencia _ lo increpó.
_ Puede ser tu mujer, pero eso no te da derecho a maltratarla. Veo y escucho Renzo, y lo que veo y escucho no me agrada, ¡maldito sea!_ se alteró. Retorció la colilla del cigarrillo que estaba fumando deseando que fuera la cabeza de su hermano.
_ ¿Qué estupideces dices? Yo trato a Lupe como se me de la gana, para eso soy su marido y es mejor que tú no metas las narices en mi matrimonio porque si no...
_ Si no, ¿qué? Me vas a acuchillar como lo haces con los compadritos de "El Gato Negro" que quieren arrebatarte el liderazgo.No me amenaces Renzo. Tú no eres mi jefe, eres mi hermano y no te tengo miedo. Por última vez te lo advierto Renzo, no le hagas daño a Lupe. Recuerda, yo también acostumbro estar calzado y no tendré empacho en usarla _ ante la mirada sanguínea de Renzo, Arturo acarició su Colt 45 oculta en la sobaquera.
Sin esperar respuesta abandonó la sala haciendo tronar la puerta de cristal. Lo mismo hizo con la puerta de entrada. "Voy a ahogar mi furia en algún bar de mala muerte", se propuso furibundo.
Renzo permaneció rumiando su rabia.
Después de bajar media botella de pisco chileno, subió las escaleras enardecido. De un puntapié abrió la puerta del dormitorio. Lupe ahogó un grito de terror.
_ ¿Así que te las das de víctima inmolada ante el imbécil de Arturo? _ le reprochó fuera de sí.
_ No te entiendo
_ Tú nunca entiendes, ¿verdad? Pero yo te haré entender _ con el puño cerrado la golpeó en la boca del estómago tirándola sobre la alfombra.
Sin dar tregua, comenzó a patearla. Lupe, instintivamente, se encogió adoptando la posición fetal. No gritó, no lloró, estaba seca... yerma.
_ No creas que soy tonto, sé muy bien que continúas formando parte de la orquesta del Colón. No has renunciado como te lo ordené ¡maldita zorra!. Espero que después de esta paliza me hagas caso, porque si no me obedeces. la próxima será peor. Y como castigo por tu desobediencia tampoco irás a visitar a tu hermana hasta que yo te lo autorice, ¿has comprendido? Te estaré vigilando. _ gritó como poseído.
_ ¡Qué dices!, ¡como que no podré visitar a Lina!¿Quién te crees para prohibirme ver a mi hermana?_ como una gata acorralada saltó sobre él tomándolo de las solapas del saco.
Sorprendido por la actitud desafiante de Lupe estalló en carcajadas confundiendo a Lupe.
_ Vaya, vaya...así que la frágil huerfanita tiene su lado salvaje. ¡Ay Lupe!,no te imaginas cuanto me calientas cuando me muestras las garras.
Arrobado por la situación, la sometió a la fuerza.
_ Eres un salvaje _ le escupió cuando él se recuperaba de un orgasmo frenético.
El la miró obnubilado mientras una sonrisa cínica se abría paso en su rostro.
_ Y tú le perteneces a este salvaje y harás todo lo que este salvaje te ordene.
_ Le diré a tu madre y a tu hermano la forma cruel con que me tratas_ lo confrontó.
_ Cuéntales, cuéntales...Pero te prevengo: si Arturo me enfrenta por tu culpa, lo mato y mi madre morirá también. Ella no podrá soportar semejante golpe. Piénsalo bien Lupe, tú no querrás ser la causante de la desgracia de mi madre, la mujer que te sacó a ti y a Lina de la mugre, la mujer que las acogió en su casa enfrentándose a sus hijos, la mujer que las ama incondicionalmente, ¿verdad?
_ No _ alcanzó a pronunciar transida de dolor.
_ Más fuerte, no te escucho_ la vapuleó con violencia.
_ ¡No! No hablaré, pero basta ya, por favor _ suplicó aterrada.
_ ¡Tú eres mía, sólo mia!_ selló su tropelía con un beso mordaz, cruel. Le mordió los labios hasta hacerlos sangrar, el sabor acerado de la sangre endulzó su boca.
_ Te prometo permanecer callada, pero te ruego, permite que vea a Lina.
_ No, ya está decidido. Debes aprender la lección, cada vez que burles mis órdenes recibirás un castigo. En este matrimonio yo ordeno y tu obedeces, mi amor.
_ Lina se preocupará si...
_ Le envié una nota a la Priora notificándola de tu enfermedad, hepatitis para ser más preciso. Deberás permanecer en cuarentena mi querida, lo siento mucho_ se rió como un trastornado.
 Satisfecho la dejó llorando, acurrucada en un rincón del dormitorio.
_ ¡Te odio, hijo de puta, te odio con todo mi corazón! Maldigo el día en que me casé contigo. ¡Ojalá te pudras en el infierno!_ despotricó enceguecida por la furia y el dolor _ Debo calmarme, Arturo no debe enterarse de esto, no quiero que Renzo le haga daño. ¡Dios mío, está loco!
Con dificultad se incorporó. Arrastrando los pies llegó hasta la cama. Al acostarse se relajó.
"A pesar de temerte Renzo, no renunciaré a mi música. Estos moretones serán mi más oscuro secreto.  Jacinta, mi querida Jacinta, cuanto echaré de menos nuestras conversaciones. Al menos en esos momentos olvidaba mi desdicha gracias a tu ternura. Ahora sólo me resta simular ser feliz para proteger a los que amo, una felicidad más amarga que la hiel".

No hay comentarios:

Publicar un comentario