lunes, 24 de octubre de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 42

"En la oscuridad te llamé, todo era silencio
 y una brisa suave se llevaba la cortina.
 En el cielo apagado una estrella ardía,
 una estrella partía, una estrella moría".  Forugh Farrojzad


Finales de Marzo de 1945

Lupe, con la voz cascada de la Priora Concepción resonando en sus oídos y en su corazón, corrió angustiada por los amplios pasillos del hospital.
El intenso olor a desinfectante le provocó náuseas; los quejidos de los enfermos, provenientes de las salas, la marearon.
"¿Por qué ella?, ¿por qué justamente ella?", se preguntó con rabia mientras desesperada buscaba a Lina.
Al abrir la puerta de la habitación que una de las enfermeras le había indicado, encontró a su hermana, frágil, etérea, desmadejada sobre la cama. Los moretones violáceos resaltaban furiosos en la tez pálida...traslúcida.
_ Hermanita, ¿qué pasó? _ Lupe apenas pudo pronunciar esas pocas palabras.
_ Una pavada, no te preocupes _ le respondió con dificultad, tenía los labios partidos.
_ ¿¡Una pavada?!, ¡alguien debe responder por esta felonía! _ Lupe sintió que la ira la ahogaba.
_ Por favor, nadie...tranquila Lupe _ le suplicó con una sonrisa.
En ese momento una enfermera entró sin avisar, se acercó a la paciente y le suministró un calmante.
_ Ahora va a dormir unas horas, necesita descansar _ le informó a Lupe con una mirada comprensiva.
_ Me quedaré con ella.
_ Como guste.
_ Señorita, ¿puede decirme cómo se encuentra mi hermana? _ al comprobar que Lina dormía aprovechó para interrogar a la enfermera.
_ Mal, los golpes recibidos le dañaron los riñones. Dejaron de funcionar normalmente. Lo siento mucho. Igualmente deberá hablar con el doctor que la está atendiendo, él le dará mayor explicación.
La información la lastimó, la derribó.
 Con paso lento acercó una silla a la cama y con delicadeza se aferró a la mano de su hermana.
"¿Recuerdas Lina cuando siendo niñas dormíamos tomadas de la mano?", le susurró con nostalgia.
Poco a poco el sueño la fue venciendo.
En la madrugada, una caricia tibia, como el roce de una pluma, la despertó.
Sobresaltada, se inclinó sobre Lina.
_ ¿Duermes hermanita?_ le susurró.
_ Lina, ¿cómo te sientes? _ insistió con dulzura al no obtener respuesta.
_ ¡Lina!, ¡querida! _ nada.
Lupe, desesperada, comenzó a gritar. Alertada la enfermera, se apresuró a controlar los signos vitales,
Nada.
_ Lo siento, ha muerto.
_ ¡No!, ¡no es verdad!, ¡no puede ser verdad!. Lina no me dejes, por favor, no me dejes._ destruida cayó sobre el cuerpo exánime llorando desconsoladamente.
No supo cuánto tiempo pasó cuando finalmente escuchó la voz grave del médico instándola a separase de su hermana.
Le obedeció abatida, con una herida profunda en el alma.
_ Señora, ¿desea que llame a algún pariente para que la acompañe? Debe resolver el traslado del cuerpo a alguna funeraria, mientras tanto permanecerá en la morgue _ le dijo con fría cortesía.
Lupe lo miró sin entender lo que decía, estaba perdida en el infierno más atroz. Cuando pudo reaccionar, tomó su cartera y con paso lento salió del hospital.
Tomó un taxi y le indicó al conductor que la llevara hasta el convento de las Carmelitas situado en la Manzana de las Luces.
Necesitaba a Arturo, ¡cuánto lo necesitaba!. Pero antes de sumergirse en su consuelo debía averiguar que había sucedido con su hermana en ese nido de serpientes. "¡Ellas la mataron!", se repitió durante todo el viaje.
Al llegar pidió hablar con la Priora.
_ En este momento está rezando Laudes. Tendrá que esperar _ le soltó la hermana portera con altanería.
_ No me interesa que la Priora esté rezando Maitines, Laudes o la mismísima mierda. Exijo hablar con ella en este instante, mi hermana ha muerto y la hago responsable a ella. Rápido, ¡llámela ahora mismo!_ gritó perdiendo todo control.
La monja, asustada, desapareció por el largo corredor. A los pocos minutos regresó con la Priora, quien se notaba preocupada.
_ Señora Gamazo, el doctor me llamó hace unas horas para darme la lamentable noticia. No sabe cuánto lo siento y mi dolor lo hago extensivo a toda la comunidad de hermanas _ quiso abrazarla, pero Lupe la rechazó.
_ ¡Maldita mentirosa! Aquí nadie siente dolor por mi hermana. Ustedes la mataron y quiero saber cómo _ la increpó.
_ Entiendo que esté alterada, pero nosotras no somos responsables de lo que le ha ocurrido a su hermana. Fue un lamentable accidente.
_ ¿Accidente? ¡No lo creo! _ dijo intransigente.
_ La hermana Milagros le dirá con detalles lo que sucedió. ¡Ah!, acá está ella. Hermana Milagros, explíquese por favor. _ La monja, pálida y ojerosa, se acercó a ellas con paso cansino.
No titubeó en su relato.
_ Señora Gamazo, ante todo mis condolencias. La hermana Catalina era muy querida por nosotras, obediente y humilde como ninguna. Un ejemplo para todas.
_ Déjese de cumplidos y dígame que pasó _ la paró en seco.
_ Muy bien. La hermana Catalina vino a buscarme en medio de la noche a mi celda que se encuentra en un primer piso, cerca de la escalera. Se la veía exaltada. Me dijo que una de las novicias, que sufre de epilepsia, estaba convulsionando. Traté de tranquilizarla, pero fue en vano. Sin que pueda evitarlo bajó intempestivamente las escaleras. Probablemente se enredó el pié con el hábito y rodó por los escalones con violencia. No pude hacer nada para evitarlo, lo siento _ concluyó bajando la mirada.
_ Lo que me cuenta son puras mentiras, ¡no le creo maldita embustera! Veremos si esto  lo repite ante la policía. Ahora mismo voy a denunciarlas por asesinas. Lina me confió lo mucho que usted, hermana Milagros, la hacía sufrir: así que no teatralice más. Hoy como nunca estoy de acuerdo con Jesucristo cuando llamó a los sacerdotes sepulcros blanqueados. Huele mal hermana Milagros,¡apesta! _ se abalanzó sobre ella y la abofeteó en ambas mejillas.
Las dos monjas se quedaron heladas ante el arrebato. Permanecieron en silencio mientras Lupe como una exhalación, abandonaba el convento.
La policía atendió su denuncia, aunque no le dio credibilidad. "Pobre, está desquiciada por la muerte de su hermana. No molestaremos a esas santas mujeres", ordenó el comisario una vez que Lupe se marchó.
Al atardecer llegó a la mansión. Arturo la esperaba echo un manojo de nervios.
_ ¡Lupe!, ¿qué ha sucedido?, ¿cómo está Lina? _ le preguntó mientras la amarraba entre sus brazos.
_ ¡Lina ha muerto Arturo, ha muerto!_ ocultó el rostro en el pecho del hombre y lloró con amargura.
_ ¡Así los quería encontrar, traidores!_ vociferó con rabia Renzo al sorprenderlos abrazados al salir de su habitación _ Te mataré Arturo, ¡te mataré!, y a ti también, perra.

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