lunes, 31 de octubre de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 44

"Quisiera que mi última memoria fuese la de aquel amanecer en la playa y descubrir que todo este tiempo no ha sido más que una larga pesadilla". Carlos Ruiz Zafón



Cuando Lupe recuperó el sentido de la realidad se encontró en una habitación amplia, húmeda y sombría. No estaba sola, otras ocho mujeres compartían la celda.
"¿Cómo llegué aquí?", se preguntó desorientada, el alma oprimida.
Poco a poco fue recordando los trágicos sucesos y su corazón se aceleró.
Se vio sentada en uno de los sillones del salón de su casa temblando descontroladamente. Una mucama acercándole un vaso de agua; palabras de consuelo salían de su boca, palabras que rebotaban en ella.
¿Qué había hecho? ¿Había asesinado a Renzo? ¿Fue capaz de hacerlo? ¡Claro que sí! Se lo merecía el maldito por haber matado a Arturo... su amor, su esperanza.
Bajó la vista y allí estaba él en medio de un charco de sangre. "¡Arturo!", se horrorizó y cayó de rodillas junto al hombre de su vida, una vida dominada por las penumbras.
Así la encontró Don Cosme que llegó advertido por el servicio doméstico.
_ Querida mía, ¿qué ha sucedido? _ gimió aturdido por la escena.
_ Lo maté don Cosme, ¡lo maté!_ gritó señalando el cadáver de Renzo mientras se aferraba con fuerza a Arturo.
Y ya no pudo decir más. Perdió la conciencia para recobrarla rodeada de policías.
Un hombre obeso y de espesos bigotes blancos la miraba con fijeza.
_ Señora Gamazo soy el detective García. Cuénteme que ha ocurrido _ la voz grave del hombre la taladró.
No respondió. Tenía la boca seca y la cabeza a punto de estallar.
_ ¡Señora! _ insistió el detective.
_ La señora Gamazo no le responderá hasta que llegue su abogado _ don Cosme interrumpió el interrogatorio. García lo miró con desagrado.
_ Y usted, ¿quién es? _ dijo de mala manera.
_ Soy alguien muy allegado a la familia y en este momento soy el responsable de la señora Gamazo _ respondió con determinación. Ese sujeto huraño no lo intimidaba.
Lupe observó abstraída como dos hombres vestidos de blanco ponían en una camilla a Renzo, lo tapaban con una sábana y se lo llevaban.
"¿Y Arturo?", buscó con la mirada por toda la sala y no lo encontró. Quiso preguntar, pero no pudo hacerlo. Un nudo en la garganta le impedía hacerlo.
_ Perfecto _ escuchó decir al detective García _ la trasladaremos a la comisaría. Allí permanecerá incomunicada hasta que aparezca el dichoso abogado _ ironizó mesándose los bigotes.
_ Me parece inoportuno _ se opuso don Cosme.
_ Me tiene sin cuidado lo que a usted le parezca señor...a propósito no me dijo su nombre.
_ Cosme Zeballos _ respondió seco.
Lupe padeció como la sujetaban y le colocaban un par de esposas. Y ante la perplejidad de don Cosme, la subieron a un patrullero que en segundos desapareció de su vista.
En la comisaría estuvo dos días. El abogado apareció al segundo día por la mañana.  Abelardo Santillán. Un hombre alto, delgado, de porte distinguido, de unos cincuenta años. Ella lo había tratado poco, pero siempre había sido muy amable. Amigo entrañable de Ana, había dejado de visitar la casa desde el viaje a España de su suegra. Una vez pícaramente pensó, "Entre ellos hay algo más que amistad". Pero eso había sido hacía tanto, tanto tiempo...
El relato incoherente de Lupe no la ayudó.
_ Lupe, tu situación es muy delicada _ comenzó el abogado _ Si bien has asesinado en defensa propia, la situación se complica por la manera en que has matado a tu marido. Lo has hecho con saña, ya estaba muerto y tú seguías golpeándolo. Si bien alegaré que estabas enajenada, será difícil exculparte _ le explicó.
Nada de lo que le decía el abogado le interesaba. Arturo había muerto, Lina había muerto, Ana jamás le perdonaría que hubiese matado a su hijo...¡que le importaba a ella pudrirse en la cárcel!
_ Lupe, ¿me escuchas? _ Santillán se inquietó al verla tan pálida y ausente.
Ella no le respondió, sólo lloró en silencio.
Al día siguiente la trasladaron a la cárcel de mujeres.
_ Vos, che, colorada, ¿sos muda? _ una muchacha desgarbada y despeinada, se sentó a su lado en el viejo catre _ Hace ya tres días que estás en esta cloaca y no dijistes ni pío.
El aliento a ajo y a vino rancio la turbó.
La miró sin responder.
_ ¿Por qué estás acá?, ¿qué hicistes? _ intentó sonsacar información.
_ Maté a mi marido _ le soltó sin inmutarse.
_ ¡Ala mierda!, ¿quién iba a decirlo?. Esa carita angelical esconde un verdadero demonio, ¿no? Y decime una cosa, ¿valió la pena matar a ese hijo de puta?
_ Sí _ contestó con frialdad.
_ Entonces, ¡bien hecho!, ¡que se cocine en el infierno! _ se rió mostrando una dentadura careada.
La conversación fue interrumpida por una de las celadoras.
_ Lupe Gamazo tenés visita.
La escoltó hasta el locutorio, allí la esperaban Abelardo Santillán y don Cosme.
_ ¡Don Cosme! _ lo abrazó llorando
_ Mi niña no llores, ya verás que este mal sueño pasará pronto _ la animó con cariño.
_ Lupe, debemos pergeñar las estrategias para tu defensa y para eso necesitamos de tu ayuda _ le dijo con una sonrisa el abogado.
_ Arturo..._ pronunció el nombre casi como un suspiro. ¡Maldito destino que se lo había arrebatado! ¡No, el destino, no! ¡Renzo, fue Renzo!
_ Arturo se está recuperando, sigue delicado, pero fuera de peligro _ le informó don Cosme.
"¡Cómo! ¿Arturo, vivo? ¡Dios mío, gracias, gracias por este milagro!", una bomba de colores estalló en su interior ahogando las sombras que la mantenían cautiva.
"¡Arturo vivo!", y el mundo cobró sentido.

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