martes, 18 de abril de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.17

"Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte.
¿Qué quieres que te diga además de que te amo, 
 si lo que quiero decirte es que te amo".
Fernando Pessoa

La ceremonia matrimonial fue breve, pero sumamente emotiva. Se realizó en la amplia sala de los Gómez Castañón. Abelarda al mando de las cinco esclavas que se desempeñaban en la casa, se encargó de los arreglos florales. Enormes ramos de jacintos, rosas color té y peonias blancas engalanaron cada ricón. Una guirnalda de helechos, musgo y azahares, se desplegaba sobra la mesa que ofició de altar. Allí el padre Agustín unió a las parejas "hasta que la muerte los separe".
Al oír aquellas palabras, Felicitas sintió un gusto amargo en la boca, parecía una profecía lúgubre. "Señor que la maldita Parca tarde muchísimo en irrumpir en nuestras vidas", rezó apretando con fuerza el rosario de nácar que dormía en su mano. Al levantar la mirada, los ojos color caramelo de Darío entibiaron su corazón. "Todo saldrá bien querida, ni la muerte mezquina nos separará", el mensaje de la mirada de su marido la embargó de paz. "Te amo", los labios dibujaron la declaración en forma silenciosa mientras se acercaban para sellar el pacto con un beso más dulce que el néctar.
Rosario fijó su vista en el anillo que coronaba su dedo anular. Una alianza de oro con un pequeño diamante rodeado por dos rubíes. ¡Por fin era la mujer de Rubén!, y sin embargo experimentó un vacío que no supo comprender. Amaba a ese hombre, pero no debía engañarse, también le temía. Ese era el secreto que guardaba en su corazón, si lo hubiera revelado, su madre habría impedido el enlace. "¡No! todo saldrá bien...eso espero", pensó con angustia. Observó a su flamante marido y lo notó distante, frío. De repente la beso en los labios y el beso le resultó soso. Inspiró profundamente y sonrió, debía fingir felicidad.
_ ¡Un brindis por los recién casados! _  gritó Ildefonso contagiando su entusiasmo a los pocos invitados, amigos íntimos de la familia. Todos levantaron sus copas rebozantes de vino rojo exclamando deseos de bienaventuranza para los jóvenes.
_ ¡Hijitas! ¡Hijitas! _ Rosaura se acercó a las muchachas abrazándolas con amor y temor.
_ Mamita, tranquila, seremos felices...¡somos inmensamente felices!, ¿verdad Rori? _ aseveró Felicitas persiguiendo con sus ojos grises al hombre de sus sueños.
_ Claro, claro _ la apoyó Rosario aunque las dudas la asaltaban insidiosas. Quiso ir junto a Rubén, pero lo descubrió conversando animadamente con el abogado de su tío. Resolvió quedarse junto a su madre y esperar a que él la buscara.
Felipa lo observaba todo con sus enormes ojos azules anegados de lágrimas. Era feliz por sus amigas, pero su corazón estaba lejos, muy lejos...con Alejo. "¿Volveré a verte?", y ese pensamiento sombrío terminó por derrumbarla. Tomó coraje, se secó las lágrimas y corrió donde Felicitas y Rosario.
_ Les deseo lo mejor, ustedes se lo merecen.
_ Vos también mereces ser feliz, Pipa. Seguro que ese testarudo de Alejo aparece en cualquier momento. Si todos sabemos que no puede vivir sin vos _ trató de consolarla Felicitas.
_ Y hablando de Roma... _ remató con picardía Rosario al ver a su primo muy elegante asomándose en la recepción.
El corazón de Felipa pegó un brinco al escuchar la afirmación de Rosario. Giró lentamente y lo vio entre los invitados. Sus miradas se cruzaron y un rayo cruzó sus almas apasionadas. Ya nada existió alrededor de ellos, todos desaparecieron. Sólo eran él y ella.
Ildefonso carraspeó con nerviosismo al ser testigo del sorpresivo encuentro. No toleraba la relación entre su hijo menor y la esclava. La codiciaba con locura. Muchas veces, por las noches, un fuego voraz se encendía dentro de él volviéndolo cenizas, el fuego del deseo. "Disfruta de su cuerpo hijo mientras puedas, porque te juro que esa puta será mía", rumió malhumorado. Verla pasar a su lado con movimientos gráciles, le provocó una erección que disimuló sentándose rápidamente detrás de la mesa de confituras. La fragancia de Felipa lo enajenaba, despertaba sus más bajos instintos. Ahogó su rabia por verlos marcharse tomados de la mano en una copa de jerez. "Pronto, pronto, serás mía".
Los enamorados, ajenos a la rabia de Ildefonso, se perdieron en la noche estrellada, noche de luna llena.
No se dirigieron la palabra hasta llegar a su refugio, el galpón abandonado en las cercanías del Río de La Plata.
Alejo la tomó con desesperación, con apetito salvaje. Ella se entregó sin reparos, con ansias de ser devorada por una pasión transgresora.
_ Alejo no vuelvas a dejarme, tu abandono me dejó en carne viva _ lloró mientras él la comía a besos.
_ Nunca más, te lo juro _ le dijo sin apartar los labios del cuello tibio de la joven.
Hasta la luna se sonrojó al presenciar la sensualidad y el erotismo de los malabarismos sexuales que desplegaron los amantes. Felipa y Alejo, perdidos en un mar de caricias infinitas, disfrutaron de su unión, una unión que los amalgamó por toda la eternidad.
Yacieron sobre una colcha descolorida extendida sobre un colchón de paja. Para ellos, precioso tálamo.
Saciados, continuaron tocándose, respirándose.
_ Perdón _ murmuró con vergüenza, arrepentido por haberla hecho sufrir _ Soy un egoísta. Perdón mi amor.
_ ¡Shh!. Lo importante es que ahora estamos juntos. Te amo más que a mi propia vida Alejo. Jamás dudes de mi amor. Se me desgarra el alma cuando lo haces _ le dijo con la voz impregnada de tristeza.
El no respondió. La cubrió con su cuerpo y la pasión volvió a estallar.
En su habitación, Darío y Felicitas también disfrutaban de sus cuerpos.
_ Sos hermosa Feli. Nunca voy saciar esta sed extrema que tengo de vos _ volvió a besarla con ardor. Estaban desnudos sobre la cama. Un dosel de tul los cobijaba. Darío pasaba una pluma de faisán sobre la tersa piel de su mujer. Ella, con los ojos cerrados disfrutaba del exótico masaje. La exitación se apoderó de ellos y ebrios de pasión se extraviaron uno en el otro.
En el dormitorio vecino Rosario respiraba aliviada. Rubén dormía profundamete. Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas mojando la almohada de suave seda.
Una vez finalizado el banquete nupcial, Rubén la llevó a la habitación. La desnudó con rapidez, la tiró sobre la cama y con rapidez la desvirgó. Besos vacíos. Nada de caricias, nada de palabras románticas, sólo sexo...un sexo yermo.
_ Ahora dormite _ le dijo con sequedad _ Mañana muy temprano parto para la estancia. Tengo unos asuntos que arreglar _ en realidad debía encontrarse con su amante que lo esperaba en un pueblo cercano a la zona del Retiro.
_ Te acompaño _ Rosario luchaba por no llorar, por no gritar de dolor.
_ No hace falta. Es mejor que te quedes a descansar. Estos últimos días han sido de mucho trajín. Cuando regrese prometo llevarte a Córdoba. Allí tenemos una casa entre las sierras. Estoy seguro que te gustará _ Rubén pensó que esa mentira era beneficiosa para ambos. No soportaba a Rosario, apenas lo atraía. La orden de su padre retumbó en sus sentidos :
_Urge que te cases con Rosario. Con sus dos hijas atadas a nuestra familia Rosaura no me quitará su apoyo económico.
_ Padre, no la amo _ lo enfrentó decidido a refutar semejante pedido.
_ ¡Maldito sea Rubén! Si no lo haces nos iremos a la ruina. Debo mucho dinero. La cosecha de trigo fue desastrosa, tú lo sabes. Tuve que pedir varios préstamos para enfrentar la situación y ahora mis acreedores me están acorralando, amenazan con embargar la estancia.
_ Darío se casará con Felicitas. ¿No es eso suficiente para que la tía no te de la espalda? _ intentó hacerlo cambiar de opinión. Casarse con esa remilgada era un verdadero estropicio.
_ ¡Mierda Rubén! Te casarás con Rosario y punto. Darío y Felicitas me importan un carajo. El enfermo de tu hermano es un inepto para los negocios, vive entre remedios y doctores. Además no quiero que meta sus narices en mis asuntos delicados...
_ Querrás decir ilegales, porque el contrabando es ilegal _ Ildefonso lo abofeteó con violencia por su impertinencia.
_ Esos negocios ilegales son los que te dan de comer y permiten que mantengas a tu amante _ le escupió fuera de sí _ No me contradigas Rubén, estamos pasando por una situación límite. Te necesito, tú eres fuerte y astuto, en cambio tu hermano es un pusilánime. Seguramente pronto morirá...
_ Entonces yo me caso con la viuda y se solucionan todos los problemas _ se sonrió satisfecho por encontrar una salida más placentera.
_ ¡Puta madre! ¡Basta de sandeces!Te casarás con la boba de Rosario, fin de la discusión.
No podía defraudar a su padre, corría el riesgo de perder su afecto y de ser desheredado. Jamás permitiría que la Iglesia, como ave carroñera, se abalanzara sobre su patrimonio. ¡Curas réprobos, ávidos de riquezas!
"Como cordero al matadero", pensaba en el momento en que repetía con repulsión las promesas matrimoniales: "hasta que la muerte nos separe". "Me encargaré de que eso suceda muy pronto", juró ante la cruz de Cristo que presidía la ceremonia.
La hizo suya despojado de todo sentimiento. La erección la logró pensando en Felicitas, en su rostro perfecto, en su boca carnosa, en sus pechos turgentes, en sus curvas apetitosas. Y luego de desfogar su lujuria cayó rendido en un sueño profundo, mientras Rosario, humillada, lloraba.
La noche cayó sobre la casona de los Gómez Castañón como un velo de ilusión para algunos, como el filo de una guillotina para otros.
Felicitas y Darío, dormían entrelazados...como una sola carne.
Rosario y Rubén, en una misma cama, pero separados por una muralla de hielo.
Felipa y Alejo, cuerpos sudorosos ávidos de placer, encadenados a un amor más fuerte que la muerte.



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