miércoles, 18 de octubre de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.38

"El dolor de separarse no es nada comparable a la alegría de reencontrarse".
Charles Dickens 

La sorpresa los dejó mudos. Rafael se limitó a abrazar y llorar sobre el hombro del pequeño que se aferraba a él con fuerza.
Lorenzo se mesaba el bigote con una mezcla de nervios y alivio que lo desbordaba.
Mercedes, apoyada en la espalda de Rafael que permanecía arrodillado sosteniendo a Miguelito, acariciaba con ternura los rulos castaños del niño que se apoyada en el pecho de su padre.
Lourdes, recostada en uno de los sillones de la sala, al escuchar semejante alboroto en el zaguán intentó levantarse, pero un mareo la hizo desistir. Tina la auxilió inmediatamente.
_ Tina, ¿qué esta sucediendo? ¿Por qué grita Lola? _ se asustó pensando lo peor.
_ Quédate recostada, yo voy a averiguar _ Tina, también preocupada, apuró el paso a través de la galería y casi se desvanece al presenciar la escena. ¡Su nieto, su Miguelito, sano y salvo! Con el corazón latiendo a prisa, corrió a unirse a los demás.
Lourdes, no estaba dispuesta a esperar el regreso de Tina con noticias. Se incorporó con cuidado y antes de llegar a la puerta...
_ ¡Miguelito! _ gritó entre lágrimas y risas.
_ ¡Mamita! _ el niño abandonó los brazos de Rafael y corrió hacia su madre _ Mamita, mamita _ repetía con alegría.
Lourdes lo acariciaba, lo llenaba de besos húmedos, lo estrujaba deseando tenerlo nuevamente en su útero, allí estaba seguro, nadie se lo arrebataría jamás.
_ ¡Perdón, hijito, perdón! _ exclamó desgarrada. Todos los observaban en silencio, acongojados y felices, una rara mezcla de sentimientos.
_ ¿Por qué me pides perdón mamita? Tú no tienes la culpa de nada _ la miró extrañado mientras se sorbía los mocos.
_ Te pido perdón porque no supe protegerte, tesoro _ se lamentó Lourdes.
Rafael, que escuchaba atentamente, intervino.
_ Lourdes, no digas eso. Eres una gran madre, siempre pendiente de los niños _ entre tanto, con un brazo la tomó de la cintura y con el otro alzó a Miguelito. Los acomodó en el sillón, Miguelito sobre el regazo de Lourdes, aferrado a su cuello.
Mercedes, Lorenzo y Tina se sentaron alrededor de ellos, todos muy emocionados y agradecidos a Dios por haberles devuelto al niño.
Lola, en la cocina respondía todas las preguntas de Tomasa, Josefa y Domingo. Ellos compartían la felicidad de sus patrones.
_ Por fin vamo´a respirá un poco de paz _ prorrumpió la cocinera sin dejar de dar fuertes golpes a la masa con la que se proponía hacer tortas fritas para festejar la aparición de Miguelito.
_ Muy cierto Tomasa, pero en este misterio falta algo _ reflexionó Domingo.
_ ¡Ay tatita!¡Usté y sus historias! _ bufó Lola cansada de escuchar relatos de ánimas y fantasmas. A su padre le encantaban los mitos y leyendas que desde pequeña le narraba sobre sus rodillas. Pero ahora ella ya era toda una mujer, ya no se asustaba...al menos no con facilidad, pensó frotándose las palmas transpiradas en la falda a lunares verdes.
_ Yo escuché al Jefe de Policía...
_ Don Esteban _ acotó Josefa levantando la vista de la sartén en la que freía las primeras tortas.
_ Sí, ese mesmo. Como les decía, don Esteban le dijo a don Rafael y a don Lorenzo que a Miguelito lo había ratado "El Búho", ese mal parido que se roba chicos y los asesina _ terminó Tomasa.
_ Pa´mí, "El Búho" es el mesmísimo Zúpay _ agregó Domingo. Al escucharlo, las mujeres se santiguaron atemorizadas.
_ ¡Calláte viejo! No llamés al diablo _ se enojó su mujer.
_ Sin que lo llame se apareció solito no ma´, ¿acaso no dice la Tomasa que fue él el que se llevó al Miguelito? _ se defendió el negro.
_ El Domingo tiene razón Josefa. Por lo que se comenta, "El Búho" se parece mucho al Zúpay : un jinete solitario vestido de negro,  con sombrero alado y bastón de oro, como sus espuelas y su facón; una visión que se aparece aparece por las noches. Y como el Zúpay, "El Búho" también tiene una guarida _ expresó con orgullo Tomasa.
_ ¡¿Una qué?!_ exclamó sin comprender Lola.
_ ¡Mirá que so´inorante! Guarida...escondite, ¿entende´? _ se alteró la cocinera.
Alba los vio discutir, pero no se detuvo, continuó su camino hasta la sala. Una pesadilla la despertó y como no encontró a la abuela Tina a su lado, decidió ir hasta la cocina por un vaso de leche. La abuelita Mercedes siempre le daba un vaso de leche tibia con miel cuando no podía dormirse y esa noche no podía dormir porque Miguelito había desaparecido y ella tenía mucho, pero mucho miedo.
Sin embargo al descubrir que la cocina estaba muy concurrida, decidió ir en busca de su mamá. "Me voy a meter en su cama, le voy a pedir que me cante una nana y así me voy a dormir bien tranquilita a su lado", decidió.
Al llegar a la sala se sorprendió al ver a todos despiertos, pero mayor fue su sorpresa cuando...
_ ¡Miguelito, volviste! _ gritó.
_ ¡Alba! _ el pequeño se bajó del regazo de su madre y corrió al encuentro de su hermanita. La abrazó y besó.
_ ¡Te extrañe! _ le confesó la niña con un simpático mohín.
_ Y yo a vos _ Miguelito expresó un sentimiento que jamás creyó tener. "¿Extrañar a esta diablita molesta? ¡Sí,sí!", pensó exultante.
_ Mientras no estabas, Lola me regaló una gata gordísima, pero resulta que no era gordura sino que tenía gatitos en la panza. Y ahora tenemos tres gatos.Menos mal que volviste así me ayudas a cuidarlos. Pero,¿dónde cuernos estabas? _ le recriminó con el ceño fruncido y los brazos en jarra remedando a la abuela Mercedes. Los adultos rieron, ya distendidos, ante la actitud desafiante de la niña.
_ Estaba encerrado en una jaula _ dijo de golpe.
_ ¿ Queeé? _ gritaron todos al unísono. El terror trepó por la columna vertebral de Lourdes. Su hijo  encerrado en una jaula. ¿Quién fue el autor de semejante monstruosidad? Lourdes lo apretó entre sus brazos.
_ Si mamita, me mintió, me dijo que tenía un libro de fábulas y que me lo quería enseñar. Yo le creí mamita, yo le creí y fue mentira porque me llevó a un lugar feo y oscuro y ahí me encerró en una jaula muy grande y me dijo que me iba a hacer cosas que yo no entendí, creo...creo que cosas malas. Me dejó todo un día solo en la oscuridad. Yo tenía mucho miedo mamita, hasta que llegó Gorrión y me salvó.
Todas las miradas se centraron entonces en el niño que hasta ese momento permanecía en un rincón apartado. Nadie había reparado en él, nadie lo había invitado a entrar, pero él lo había hecho igualmente. "Ni loco me quedo ajuera con ese loco suelto", pensó.
_ No te quedes ahí parado amigo, ven aquí. Esta es mi mamá y mi hermanita Alba. Mis abuelas y mi tío Lorenzo.
_ ¡Gracias Gorrión!, ¡gracias por rescatar a mi hijito! _ Lourdes, emocionada y agradecida, lo besó en ambas mejillas. El niño, sonrojado, bajó la vista y una sonrisa iluminó el rostro demacrado por el susto vivido.
_ Gorrión _ Miguelito le tomó la mano y lo acercó a Rafael _ El es mi papá.
Rafael se atragantó, la boca de Lourdes dibujó un "oh" silencioso, Tina y Mercedes se miraron contrariadas,  a Lorenzo se le cayó el cigarro de la boca por la sorpresa y Lola casi se cae de bruces  al escuchar la afirmación de Miguelito.
_ ¿Rafael es mi papá mamita? _ preguntó confusa Alba.
_ Si querida _ le confirmó con dulzura Lourdes.
_ ¡Papito!, ¡mi papito! _ Alba reía y danzaba alrededor de Rafael hasta que él la atrapó y la colmó de besos. Lo mismo hizo con Miguelito. Nunca imaginó tanta felicidad: recuperar el amor de su mujer y de sus hijos.
Mercedes no deseaba interrumpir, pero su curiosidad pudo más.
_ Miguelito, querido mío, ¿quién te dijo que Rafael es tu papá?
_ El hombre que me encerró en la jaula y que yo creía que era tu amigo y de mamita, el doctor Imanol.


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