viernes, 17 de julio de 2015

La Cabecita Negra Cap 6

Era de madrugada cuando llegó a la estancia "El Espinillo". Detrás de los corrales se encontraba su rancho. Desmontó y con sigilo abrió la puerta. Doña Isolina, recién levantada, estaba preparando el mate.
_M'hijo,¿cómo anduvo el bailongo?
_Como siempre máma, aburrido. Eso sí, me bajé unas cuantas ginebritas, no se lo voy a negar.
_¿Alguna chinita le movió el piso?_ le preguntó con picardía.
_¡Qué va máma!, son todas unas putas.
_No diga eso m'hijo alguna buena debe de haber. Usté es muy esigente pué_ lo sermoneó.
_Bueno, viejita, basta de casorearme y deme un mate_ bromeó dándole un beso en la frente.
_Tome, tome, está bien calientito como a usté le gusta. Y coma algo que está muy flaco_ con el mate le alcanzó unas tortas fritas que Pedro tragó de un bocado.
_Me voy a dormir a pata suelta, máma, que naides me moleste. Hoy es mi día libre y quiero disjrutarlo.
Doña Isolina lo contempló con ternura. ¡Que buen hijo postizo le había regalado el destino!. Deferente, cariñoso, no podía pedir más. Cuando murió su marido pensó que su vida estaba acabada, sin embargo, Pedro con su cariño, la alentó a seguir adelante. El era su alegría, por él vivía.
Sin dudas, la máscara que sostenía Pedro delante de su entorno era magistral. Nadie sospechaba de su personalidad psicópata, menos aún doña Isolina que lo adoraba. Nunca se mostró agresivo con ella, le convenía parecer agradable y afectuoso, para luego cometer los actos crueles que lo estimulaban.
Egocéntrico, manipulador, ése era el verdadero Pedro.
Los peones le temían y odiaban. Empleaba la violencia para que cumplieran con sus tareas a rajatabla y esa era la excusa que utilizaba ante el patrón para ganar su aprobación.
Don Eduardo lo tenía en alta estima. Pedro cumplía con eficiencia, y con una responsabilidad que hasta el momento ningún otro capataz había demostrado.
Pasado el mediodía, doña Isolina se asomó por la ventana al escuchar que alguien palmeaba las manos.
_ Patrón,¡que sorpresa!,¿qué lo trae por acá?
Don Eduardo, hombre corpulento que peinaba canas, montado en su gateado, estaba escoltado por el comisario, Eusebio Acosta y el cabo Pérez.
_ Buenas doña Isolina, ¿está Pedro?, necesitamos hacerle unas preguntas.
_ Si...está..¿pasa algo malo?_ se alarmó la mujer.
_ Anoche desapareció una moza de los Galarza en el baile aniversario_ le explicó cortesmente don Eduardo.
_ Y eso que tiene que ver con m'hijo.
_ Espero que nada_ intervino el comisario_ Don Pancho me comentó que lo vio tomándose unas cañitas y me gustaría saber si presenció algo raro...
_ Enseguidita lo dispierto. Es que llegó muy cansado el pobre, tomamos unos mates y se acostó. Pero dentren, dentren, por favor antes que se achicharren. ¡Como quema el sol hoy!
Aceptaron agradecidos. El cabo Pérez permaneció a la sombra de un algarrobo cercano, cuidando los caballos.
_ Ya viene patrón. ¿Gustan unos amargos?.
_ Con mucho gusto doña Isolina...por casualidad,¿ no tendrá por ahí algún pan con chicharrón?
_ Mire que es glotón don Eduardo. Ahora mesmo le corto un pedazo.
De una alacena extrajo un crocante pan casero que dispuso sobre una tabla cuadrada. Lo rebanó y les convidó con orgullo.
Cuando estaban saboreando el exquisito pan y comenzaba la ronda del mate, apareció Pedro con los ojos hinchados y enrojecidos.
_ Muchacho, perdoná que te molestemos en tu día de descanso, pero sucedió algo grave. Desapareció una de las hijas de doña Antonia Galarza en el baile de anoche...Amanda, vos tenés que conocerla...
_ Patrón, comesario_ los saludó educadamente_ Sí, la conozco. Ella y sus hermanos trabajan pa' usté.
_ ¿La vio en el clú?_ el comisario estaba ansioso por arrojar luz sobre el asunto
_ Creo que sí, no ricuerdo bien..pero yo ¿qué tengo que ver?_ expresó ofendido.
_ No se me encule don Pedro que no lo estoy acusando. Don Eduardo responde por usté y yo confío en la apriciación de su patrón. Es mi obligación interrogar a los que estuvieron en el baile para ver si encontramos alguna pista. Los hermanos están desesperaos y la madre casi se muere por la noticia.
_¡Cosa e'mandinga!, ¿qué le habrá pasado?_ la anciana escuchaba con desconcierto y temor.
_ Estoy a su desposición comesario, pa' lo que guste mandar._ se ofreció con gentileza Pedro.
_S e agradece. Estamos rastrillando toda la zona aledaña al clú hasta el Campo del Cielo.¡Ojála la encontremos con vida!_ deseó don Eusebio.
_ Para mí que se jué con algún mozo, ya sabemos como son esas chinitas de rápidas y calentonas_ interrumpió con sorna doña Isolina.
_ No es el caso, doña. La Amanda es una muchacha seria y sensata, siempre priocupada por sus hermanos. La conozco porque trabajó una temporada en mi casa endispué que la Irma parió a nuestro tercer hijo. Ni le cuento la tristeza de mi mujer cuando se enteró...es que se encariñó demasiado con la muchacha._ el comisario se veía apesadumbrado.
_ Le repito don Eusebio, quedo a sus órdenes_ ratificó Pedro.
_ Por el momento no nos hace falta su ayuda. Tengo muchos voluntarios en la búsqueda. Ya deben de estar recorriendo los terrenos señalados. El César, su hermano, debe de estar entre ellos. Ta'güeno, ¿levantamos campamento don Eduardo?, con Pérez tenemos que seguir averiguando. Gracias por la hospitalidá doña Isolina.
Usté siempre es bien recibido comesario, ¡patrón!, tome...pa' el desayuno _envuelto en un repasador pulcrísimo le obsequió un gran trozo de pan con chicharrón.
_ Gracias doña Isolina, usted sí que me conoce. Pedro, mañana a eso de las seis nos encontramos en el corral de las vacas preñadas.
_ Entendido patrón.
Pedro, aliviado, los vio alejarse. No sospecharon en ningún momento de él. ¡Maldita zorra! Bien merecido tenía lo que le sucedió. Volvió a la cama. Se durmió al instante, sin remordimientos, dueño de una profunda calma.

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