jueves, 24 de marzo de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 33

"Y voy por la senda voceando el encanto
 y de dicha alterno sonrisa con llanto
 y bajo el milagro de mi encantamiento
 se aroman de rosas las alas del viento".  Juana de Ibarborou


Sinsacate, al norte de Córdoba, era su próximo destino. Su estancia en la casa de los Oliva les insufló optimismo. Cuando se despidieron, Clara y Lourdes, se consideraban amigas unidas por el eslabón del amor incondicional. Ambas amaban a hombres valientes e intrépidos, capaces de morir por sus ideales.
Lourdes todavía no se animaba confesar su embarazo a Rafael. Temía que la dejara en casa de alguna de las familias conocidas durante su travesía hasta Bolivia. Ella no lo permitiría. "Lo más acertado es que siga guardando mi dulce secreto".
Por el "Camino Real" arribaron a su destino sin inconvenientes.
Lourdes estaba agotada, tenía náuseas y el calor la agobiaba. "Agua fría, helada", se repetía soñando alcanzar la propiedad de María Teresa, hermana de Victoria Reynafé.
Agradeció al Cielo la brisa fresca que se levantó de repente. Tomaron por un bosque de algarrobos, quebrachos y talas. Las breas florecidas imprimían al paisaje una sensación mágica que la conmovió.
Rafael le señaló entusiasmado el pueblo que se divisaba frente a ellos, escondido entre unas pequeñas sierras que cortaban irrespetuosamente la llanura que hasta entonces habían recorrido.
"Dios mío, quiero llegar, la fuerza me abandona", pensó desfalleciente.
Las campanas de la iglesia los recibieron dando el angelus. Cabalgaron con precaución por las estrechas callecitas, tratando de localizar el gran portón de rejas en forma de arco.
Para alegría de Lourdes, no tardaron en ubicarlo.
Un negro corpulento de sonrisa franca los recibió amablemente. Los guió hasta una sala amplia y soleada, allí los esperaba María Teresa.
Luego de una hospitalaria bienvenida y un breve relato de lo acontecido en el viaje, la dueña de casa ordenó a una mulata que lucía una pollera vaporosa de colores estridentes, que los acompañara hasta la habitación para que pudieran descansar.
_ Algo anda mal Lourdes. ¿Qué sucede? ¿Te arrepientes de este viaje? _ se preocupó.
_ Estoy embarazada..._ lo dijo abruptamente.
_ ¿De cuánto tiempo? _ él lo había sospechado, los cambios en el cuerpo de Lourdes se lo habían revelado.
_ Tres meses. No quise decírtelo por temor a que renunciaras al viaje y bien sabes que era nuestra única opción para escapar de "La Mazorca" y sus amenazas. ¿Estás enojado? _ se angustió.
_ ¡Claro que no amor! Me haces inmensamente feliz._ la abrazó haciéndola girar. Lourdes reía y Rafael pensaba, "Un hijo de ella y mío...no existe felicidad mayor".
Ni la fatiga ni el malestar de Lourdes, pudieron contra la tempestad de pasión que se desató entre ellos.
Con María Teresa y su marido Froilán, pasaron más días de los previstos. A pesar de los rezongos de Lourdes, Rafael se impuso, "Debes reponerte. Es por tu bien y el de nuestro hijo".
Enterada María Teresa del embarazo, atiborró a la joven de quesillos de cabra y miel de caña. "Eres puro hueso, criatura. ¿De que se alimentará tu hijo? Come,come". El color volvió a las mejillas de Lourdes y  poco apoco las molestas náuseas matutinas fueron desapareciendo.
Lamentablemente debían volver al camino, si permanecían mucho tiempo en un mismo lugar no sólo corrían el riesgo de ser aprehendidos sino que también ponían en peligro a las personas que los acogían.
Se despidieron con la promesa de un pronto reencuentro. Reencuentro que suponía el cese de tanto baño de sangre.

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