jueves, 5 de mayo de 2016

ALAS PARA UNA ILUSION, Cap 9

"El amor verdadero hace milagros, porque él mismo es ya el mayor milagro". Amado Nervo


Lupe, pesimista, se paseaba de un lado a otro en la habitación de Elisa. Esta trataba de calmarla, pero era en vano.
_ Lina es muy frágil, hermana Elisa, no soportará el castigo que le impondrá la directora.
_ Tranquila Lupe, esperemos a ver que sucede.
_ Yo tengo que hacer algo para evitar que mi hermanita sufra, ¡voy a interceder por ella!, la directora tendrá que escucharme._ se empecinó.
_ Eso es un disparate Lupe. ¿Acaso supones que Carmen te hará caso? Más bien, tú también serás castigada. Hazme caso, esperemos… ¡oh!, alguien golpea, quizás...
En ese instante, la misma celadora que encerró a las niñas en el cuarto de trastos, le comunicó a la hermana Elisa la decisión de la Directora.
_ ¡Qué locura!_ explotó indignada.
Tan absorta estaba que no atinó a detener a Lupe que enfebrecida se escabulló entre ambas y corrió como un vendaval hasta la Dirección.
“¡Lupe!”, escuchó que la llamaba Elisa. No se detuvo, tenía que convencer a la “bruja” de su error, Lina era inocente.
Entró sin golpear.
_ ¿Qué quieres? _ sorprendida por la impertinencia, levantó los ojos de unos documentos que revisaba. La atravesó con la mirada.
_ No puede encerrar a mi hermana, a ella le da miedo la oscuridad..._ suplicó
_ ¡Atrevida! ¿Quién eres tú para recriminar mis acciones?¡Vete!
_ ¡No! _ estalló
Carmen, colérica, se le acercó con paso firme, y de una oreja la sacó a la rastra de su oficina.
_ ¡Déje que yo ocupe el lugar de Lina!, por favor señora directora..._ lloró desconsolada.
_ ¡Hermana Elisa!_ la llamó con furia contenida.
La religiosa que había permanecido detrás de la puerta, atenta a lo que ocurría dentro, se presentó solícita y temerosa.
_ ¡Que esta insolente reemplace a su hermana! Sáquela de mi vista inmediatamente.
Lupe recrudeció el llanto, pero de alivio.
_¡Vamos,vamos querida, antes de que ocurra algo peor!_ se apresuró la religiosa.
Al abrir el cuarto de trastos, las hermanas se abrazaron.
_ No llores Lina, ya solucioné todo _ la consoló mientras la llenaba de besos._ Ahora tienes que ir con la hermana Elisa.
_ ¿Cómo?, ¿y tú? _ preguntó confundida.
_ Yo me quedo _ contestó con firmeza.
_ ¡No,Lupe! ¡No!, es injusto
_ Shh, le prometí a mamá que siempre iba a velar por tu seguridad y eso es lo que estoy haciendo
_ Pero Lupe…
_ Basta de protestar Lina. Hermana Elisa, llévela
La pequeña se fue llorando, pero profundamente agradecida a su hermana por haberla rescatado de ese cruel infortunio.
Lupe observó con rencor a Sara que permanecía agazapada en un rincón.
_ ¡Todo esto es por tu culpa!
La niña no contestó, sólo lloraba quedamente.
Durmieron tiradas en el suelo frío. A la mañana siguiente, muy temprano, les trajeron una porción de pan duro y agua para cada una. Lo devoraron en silencio.
A media mañana se presentó una religiosa provista de la temida máquina. Lupe no protestó. Sara se resistió. El resultado fue el mismo para las dos : cabello rapado.
Lupe,por el rabillo del ojo, vio como Sara guardaba un mechón de su cabello dorado en el bolsillo del delantal. Sintió lástima por ella.
Entrada la tarde Sara se lamentó
_ Tengo tanto hambre…
_ Deberemos aguantar hasta la noche
_ Tienes razón, Lupe, estamos aquí por mi culpa _ confesó contrita _ Perdón.
_ Es tarde para pedir perdón, el mal ya está hecho, ¿no te parece?
_ ¡Qué suerte tiene Lina de tenerte por hermana! Lo que hice fue por envidia.  A mí nadie me quiere, todos se burlan de mi...a veces quisiera morir, morir como María _ el llanto brotó amargo, desgarrador.
_ ¡Ni se te ocurra! _ compadecida por el dolor de Sara la abrazó con ternura._ De ahora en adelante no permitiré que se rían de ti, te voy a defender, y mis amigas también lo harán, ¿quieres?.
Sara, emocionada, le regaló una sonrisa detrás de una cascada de lágrimas. Esa tarde sellaron su amistad. No más recriminaciones, no más envidia.
Al cumplirse los tres días de encierro, Carmen fue a verlas.
_ ¡Muy bien, muy bien!_ celebró encantada con la apariencia de las niñas. Sucias, demacradas, ojerosas, peladas _ ¡Muy bien, muy bien! _ repitió mientras les ordenaba cambiarse de ropa.
_ Pero están rotos _ se quejó Lupe al comprobar el estado de los vestidos.
_ ¡Vaya con la señorita vanidosa! ¡A cambiarse, rápido!
De mala gana se pusieron los vestidos de tela basta y raídos.
_ ¡Hermana Elisa!, los carteles _ vociferó.
Cabizbaja y avergonzada, la religiosa colgó un cartel al cuello de cada una de las niñas.
En los carteles se leía : “Colecta para los niños pobres del Orfelinato Riglos”
_ Que Manuel _ se refería al portero _ las lleve hasta la calle más concurrida de la Capital, creo que es Florida, y las deje en una esquina. Que las vigile desde lejos, debemos ser precavidas, hay muchos sinvergüenzas sueltos capaces de robar las monedas que se arrojan en las alcancías que portan las niñas. ¡Ah, hermana Elisa! que regresen a las seis de la tarde.
_ Pero señora Directora, apenas son las diez de la mañana…
_ No necesito que me advierta, sé muy bien que hora es…¡que no regresen antes de la seis!,¿entendido?_ ratificó con vehemencia.
Elisa obedeció impotente. Sorprendida de la violencia que aquella mujer le generaba, frenó un impulso de abofetearla con todas sus fuerzas.
Durante una semana , Lupe y Sara, estuvieron paradas bajo el sol, pidiendo limosna. Cuando regresaban al orfelinato apenas se sostenían por el cansancio, el hambre y la sed. Elisa a escondidas de Carmen, las alimentaba con las sobras del día.
Fue durante aquellas jornadas de pesadilla que Lupe se encontró sorpresivamente con Ana, la entrañable amiga de su madre que con tanto amor las había cuidado antes de ingresar al orfelinato.
_ ¡Lupe! ¿qué te han hecho? _ angustiada le acarició la pelusa de la cabeza.
Manuel se acercó con prontitud.
_ Señora, si quiere ayudar, hágalo y retírese enseguida Está prohibido conversar con las niñas._ la previno.
_ ¿Aunque mi interés sea realizar una abultada donación? _ lo observó inquisitiva.
El hombre tragó saliva desconcertado.
Las niñas la miraron sorprendidas mientras Ana les guiñaba un ojo con picardía.

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