sábado, 26 de noviembre de 2016

FELIPA, EN CARNE VIVA

                                                                      PROLOGO 

Una leyenda

Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez se enamoraron perdidamente y allí comenzó una gran historia de amor.
Pero Dios decidió que que el Sol iluminaría el día y la Luna, la noche. Por ese motivo deberían vivir separados..
Ambos fueron invadidos por una gran tristeza.
La Luna lloró su pena y el Sol, a pesar de haber ganado el título de "Astro Rey", tampoco fue feliz.
Dios se compadeció de ellos y los mandó llamar.
"Tú Luna.,iluminarás las noches, encantarás a los enamorados y serás protagonista de bellas poesías.
En cuanto a ti Sol, el más importante de los astros, iluminarás la Tierra durante el día y darás calor a los mortales. Tu presencia provocará bienestar y felicidad".
La Luna se puso más triste aún con ese cruel destino y lloró amargamente. El Sol al verla tan compungida decidió pedirle un favor al Creador.
"Señor, ayuda a la Luna, mi amada, es más débil que yo; no soporta la soledad".
Y Dios, apiadándose, creó las estrellas para hacerle compañía a la Luna.
Hoy ambos viven así...el Sol fingiendo ser feliz y la Luna sin poder disimular su tristeza.
El Sol arde de pasión por ella y ella vive en las tinieblas de su pena.
Dicen los que saben que la Luna debería ser siempre llena y luminosa, pero nunca lo logró porque es mujer y las mujeres tienen fases. Cuando por momentos consigue ser feliz, resplandecer "llena"; pero cuando la melancolía la invade es "menguante" y ni siquiera es posible apreciar su brillo.
El Sol y la Luna siguen su camino. Él. solitario pero fuerte; ella, en compañía de sus fieles amigas las estrellas, pero frágil.
Sucede que Dios decidió que ningún amor fuese imposible en este mundo, ni siquiera el del Sol y la Luna...fue en ese preciso instante que provocó el "eclipse".
Hoy el Sol y la Luna viven esperando con ansias ese momento en que logran unirse.
Cuando el Sol cubre a la Luna es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Ese acto de amor se denomina "Eclipse"
Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que por eso se aconseja no mirar al cielo en ese momento, ya que los ojos pueden cegarse al ser testigos de tanta pasión.




"Y colgados los brazos de las últimas estrellas de la noche, busco tu nombre en el sueño que se  extingue dentro del aire de la quietud. Y tu aroma de rosas mientras duermo impregna mi alma,  un  ungüento de suaves caricias disfrazadas, con suspiro de un albor cadencioso me abarcan y me llevan en delicadas ondas del dolor al gozo".  José Martí

 Estancia "Los Cerrillos", Buenos Aires 1819

La siente sobre él. Su piel de alabastro, suave...fragante, lo hipnotiza, lo subyuga, lo enloquece.
Con un movimiento artero la pone debajo de su cuerpo famélico de caricias y besos.
"Te adoro", se escucha decir. "Eres tan bella".
La fragancia a rosas de su largo cabello, espeso y oscuro como las sofocantes noches de verano, lo embriaga y sofoca. Hunde su rostro entre esas hebras fragantes que alteran su pulso.
Sus manos callosas, en otro tiempo suaves, se apoderan de los pechos desnudos de la joven que gime y se retuerce, presa de la pasión.
Pero sus manos no se detienen allí, se deslizan lentamente hacia zonas secretas y peligrosas que atentan contra su cordura.
La prueba y es deliciosa. "Eres fuego líquido, amor". Se sumerge dentro de ella y el mundo estalla.
"¡Sigue, sigue, no te detengas!", la escucha gritar tras un velo de lujuria descontrolada.
" Así, así, mi amor, más, por favor ...¡más!", ella le reclama y el goza. Está en el paraíso.
De repente, su cuerpo se paraliza. El fuego se convierte en hielo y un frío abrasador lo arrasa.
Ella ya no está, se desintegra ante sus ojos. El miedo lo atenaza, lo quiebra.
"¡Felipa!", aúlla.
El grito desgarrador lo despierta. Otra vez la cruel realidad, otra vez la soledad lastimosa.
Alejo se levanta del catre, cubre su desnudez con un poncho y sale presuroso del rancho. 
"Aire, aire fresco para calmar esta tremenda sed que tengo de ti", piensa desconsolado.
Se sienta sobre un tocón de chañar, y mientras su mirada se pierde entre las estrellas se arma un cigarro de chala, su único vicio.
"¿Dónde estás Pipa? ¡Carajo!, ¿dónde estás?", como un niño desamparado, llora bajo la luz de la luna. "Hace meses que te busco sin resultado, esta espera me abruma, me angustia. Te necesito amor, tu ausencia me ha herido de muerte".
En la oscuridad de la noche, entre las sombras de un pasado amenazante, los amantes lloran la separación.
Ella y él...sus cuerpos tan lejos el uno del otro, ¡sin embargo sus almas tan unidas por un amor bendecido por killa, la luna, la diosa que todo lo ve!
"Killa, escucha mi ruego, devuélmela. Ella es el aliento de mi vida, sin ella estoy muerto", la letanía, como sangre derramada,se repite noche tras noche.
Muy lejos de Alejo, Felipa se une a su ruego desesperado
"Killa, escucha mi ruego, llévame hasta a su lado. Sabes que sin él no existo. Mi cuerpo lo reclama, mi alma lo ansía", clama Felipa, yermo su espíritu, acorralada por la desazón.
Y sin ellos saberlo, la astuta luna, con hilos de plata, teje su pronto encuentro...

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