lunes, 28 de noviembre de 2016

UN NUEVO AMANECER

"Mi amado es para mi como el saquito de mirra
 que duerme entre mis pechos". 
Del Cantar de los Cantares 

                                                          PROLOGO

Buenos Aires 1854

Mi inolvidable Rafael:
                               Tu ausencia me consume, tu silencio me arrastra hacia abismos insondables. Me hundo en el cieno profundo, no tengo donde hacer pie; he llegado a lo profundo de las aguas y la corriente me anega.
¡Maldita Parca, asesina de ilusiones! ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que te ha separado de mi lado? Dos...para mí una eternidad.
De tanto extrañarte se me desgarra el alma. Por las noches, mis lágrimas amargas no son capaces de  apagar el fuego abrasador que incinera mi corazón herido.
La abuela Mercedes, mi puntal en esta oscuridad en la que vivo, me consuela diciéndome que en nuestros hijos, Miguelito y Alba, está escondida tu sonrisa, tu amor...ese amor que nos une como eslabones en la cadena del tiempo.
Tanta sangre derramada en luchas fútiles, ¡tu sangre amor mío!...¿para qué?. Hasta la misma tierra la vomita asqueada de tanta matanza.
El General Urquiza, el Supremo, en el que depositaste tu confianza para construir un país libre, continúa con la persecusión feroz de sus enemigos. Para él todos somos sus enemigos...
Los fusila, los ahorca y cuelga los cadáveres de los árboles de Palermo. Ahí los deja por días pudriéndose. Entre ellos está tu padrino, aquel que nos persiguió y hostigó. El gran Ciriaco Cuitiño, terror de La Mazorca, hoy se balancea de una cuerda con los ojos mirando al cielo como buscándote.
Urquiza asesina igual que el tirano que lo precedió. Es peor aún que Rosas. Prometió la paz y la unidad, y el muy traidor entró en la ciudad con poncho colorado y sombrero con cinta punzó. ¡Una afrenta siniestra!
Ignorante de sus planes, el pueblo lo vitoreó como si fuera el salvador de la Nación. ¡Pobres ilusos! La masacre continúa hasta eliminar al último opositor.
El tío Lorenzo, que siempre lo apoyó, está envenenado por la desilusión y la rabia contenida.
Urquiza proclama: "Quienes se creen estos imbéciles, unitarios díscolos que se empeñan en reclamar la herencia de la Revolución que no les pertenece".
¡Cómo osa afirmar semejante disparate! ¡Qué sabrá él de las penurias por las que hemos atravesado para ver depuesto a Rosas, el sanguinario! Sobre todo, nosotras, las mujeres, a las que nos han arrebatado maridos, hijos, padres, en favor de la bienamada Revolución.
Mujeres que hemos visto como en un pestañar destruían nuestras familias, quedando huérfanas de seguridad, corriendo detrás de nuestros hombres en el exilio y siempre cobijadas por la desolación.
¡Ay Rafa!, diste tu vida por la grandeza de esta Nación, una Nación rebelde y caprichosa que se alimenta de la sangre de sus héroes.
Los celos me torturan, me convierten en una arpía que reniega de su patria, pero poco me importa la grandeza de esta Nación si no te tenmgo.
Maldigo mil veces a la política, amante absorvente y ávida de espíritus apasionados y necios que se enredan en sus propios argumentos buscando soluciones mediante discusiones interminables que no admiten diálogo alguno.
Luchas sin tregua, decisiones erróneas...Así está mi presente sin tu amorosa presencia.
Mi Rafa, ¿cómo expresar este torbellino de sentimientos que me sofoca y frustra?
Te juro que siempre estarás grabado en mi corazón Amor de mis amores.
Tuya. Lourdes.
   

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