sábado, 4 de marzo de 2017

FELIPA, EN CARNE VIVA Cap.12


"El conoce mi corazón, ve mis lágrimas.
 Puede verme esté donde esté, 
 incluso en las profundidades del mar
 o en la montaña más alta".  Isabela Vital

Felipa despertó feliz. Estaba a punto de alcanzar su sueño más preciado: amar libremente a Alejo.
El le propuso escapar, y ella estaba dispuesta a seguirlo hasta el confín del mundo.
Saltó de la cama con el corazón exultante. Se sentó frente al espejo, regalo de doña Rosaura, y comenzó a trenzarse el cabello, oscuro y brillante, similar a una noche sin luna.
De pronto, la sonrisa de satisfacción que le devolvía amigablemente el espejo, se borró abruptamente. Un oscuro pensamiento, como pájaro de mal agüero, se posó en su alma: Idelfonso.
El peine de madera cayó de su mano; mano que, temblando,  llevó a su cuello recordando aquel siniestro momento.
Ella estaba sola en el saloncito de costura. Allí solían reunirse por las tardes, luego de la siesta, con doña Rosaura, Felicitas y Rosario. Ese día, las jóvenes y su madre estaban haciendo compras en la Recova : telas recién llegadas de Europa.
Felipa no lo sintió llegar, tan concentraba estaba en su bordado. Se le acercó con la cautela de un depredador para no asustar a su presa. Con delicadeza inusitada, pasó sus manos por el cuello de Felipa. Ella, sorprendida y asustada, tiró su labor y se pusó de pie.
_ ¿Qué desea don Idelfonso? _ apenas podía hablar, los latidos del corazón le retumbaban en las sienes.
_ A ti _ le contestó exudando lujuria.
Felipa intentó huir, pero él adelantándose a su intención, la tomó de la cintura y la apretó contra su pecho. Estampó su boca en la de ella, ahogando el grito de auxilio. Felipa sintió náuseas al saborear la saliva del hombre, se retorció entre los brazos de hierro que la aprisionaban excitando aún más a Idelfonso.
_ Una fierecilla, así me gustas _ le dijo al oído interrumpiendo el beso, y el aliento a ginebra la asqueó.
_¡Suélteme! _ primero le suplicó, luego se lo ordenó._ ¡Suélteme, bestia! _ en un impulso le dio un fuerte pisotón. El hombre la soltó entre maldiciones.
_ ¡Puta!, eso es lo que eres, una asquerosa puta. Acaso piensas que no sé que te acuestas todas las noches con el imbécil de mi hijo. Pues bien, eso se acabó, de ahora en adelante calentarás mi cama...serás mía, sólo mía, ¿has entendido? _ vociferó perdiendo los estribos.
_ Nunca, me escucha, ¡nunca!. Antes muerta _ le escupió con rabia e impotencia.
_ Muy bien, si así lo quieres..._ de la parte de atrás de su cinturón de cuero sacó un facón apoyándo su filo en el cuello de Felipa.
Ella no se resistió. "Que termine esta locura de una vez", pensó entregada. El velo de lágrimas le impidió advertir el momento en que una presencia arrebató impetuosamente el arma a su atacante.
_ ¡Desquiciado! ¿Qué te propones? ¡Déjala!_ Rosaura lo golpeaba furiosa con los puños en la cabeza.
Felicitas y Rosario presenciaban aleladas la escena.
_ Niñas, ¡fuera! _ ordenó sobrepasada por la inesperada situación.
_ Ya no somos niñas, madre. Y comprendemos perfectamente que tío Idelfonso está caliente con Pipa. Somos testigos del acoso que le inflige día a día _ Felicitas se desbordó.
_ ¡Hija!, ya basta. Llevate a Felipa, debo hablar con Idelfonso...¡a solas! _ Rosaura estaba perpleja, Felicitas y Rosario estaban al tanto del atroz comportamiento de Idelfonso y ella, no. "¡Ciega!, ciega y necia", se repitió con amargura.
Las jóvenes abrazaron a Felipa y la condujeron a la cocina. Felipa lloraba. Rosario le preparó un té sedante de manzanilla y valeriana mientras Felicitas la consolaba con palabras dulces, llenas de afecto.
_ Por favor muchachas, no le cuenten lo que pasó a Alejo. Mataría a su padre, estoy segura. _ les rogó, los ojos irritados de tanto llorar.
_ Seremos una tumba, ¿verdad Rosario?
_ Claro..._ y con una sonrisa le acercó el té invitándola a beber.
_ Que sería de mí sin ustedes y su madre. Junto a mi abuelita Filomena son mis ángeles guardianes.
Más tarde supo por sus amigas, sobre la feroz conversación que se desató entre doña Rosaura y su hermano.
_ En definitiva, Pipa, mi madre lo vapuleó de tal manera que lo dejó hecho un saco de huesos. Lo amenazó con quitar el capital que invirtió en la sociedad que los une, algo sobre propiedades o campos, no sé, no entiendo, si no deja de hostigarte. Lo que sí entiendo es que el viejo decrépito se meó encima cuando mamá lo amedrentó, parece que su economía tambalea. Amiga mía, ya podes respirar tranquila._ le explicó Felicitas con orgullo, para ella su madre era una verdadera heroína.
Lo que nunca imaginó Felicitas fue que los vientos de venganza de su tío se volverían contra ella y Darío.
En ese instante, Rosario entró en la habitación hecha un vendaval. Felipa se sobresaltó dejando a un lado sus oscuros pensamientos y regresando al presente.
_ ¡Felipa!, ¡Felipa estoy desesperada! _ llorando se arrojó en sus brazos.
_ Rori, ¿qué pasa? _ preguntó consternada.
_ El tío Idelfonso quiere que Felicitas se case con Rubén _ dijo mientras una cascada de lágrimas bañaba sus níveas mejillas.
_ Y Felicitas, ¿cómo reaccionó?
_ Lo mandó a la mierda _ dijo fregándose los ojos.
Felipa la miró asombrada conteniendo una carcajada que no tardó en surgir. Ambas rieron.
En eso estaban cuando la puerta volvió a abrirse de forma violenta. Felicitas entró despotricando.
_ Viejo hijo de puta, ¿quién se cree qué es? ¡Nadie!, ¡no existe para mí! No tiene ningún derecho para obligarme a casar con su estúpido hijo _ estalló colérica.
_ Rubén no es estúpido _ lo defendió tímidamente Rosario.
_ No te entiendo Rori, ¿qué le ves a ese pedazo de estiércol? Es altanero, vanidoso, egoísta...
_ Yo lo quiero...
_ ¡Entonces casate vos con él! _ le gritó desaforada.
Rosario estalló en llanto nuevamente, ahora con desesperación.
_ Felicitas no seas tan dura con Rori _ intercedió entre las hermanas Felipa.
_ Es que me duele que le haya entregado el corazón a un pérfido _ lo expresó con tristeza mientras acariciaba al gato de Felipa que saltó sobre su regazo.
Felicitas se sentó junto a Rosario y la tomó de las manos.
_ Yo lo amo, sólo sé eso _ la mirada cálida, preñada de inocencia la conmocionó.
_ Rori, pequeña, él te hará sufrir; es peor que tío Idelfonso _ Felicitas trató de hacerla entrar en razón.
_ Felicitas quiere lo mejor para vos...yo también, y Rubén no lo es _ dijo Felipa brindando su apoyo a la hermana mayor.
_ Mi razón lo entiende, pero mi corazón, no _ tartamudeó entre lágrimas.
_ Bueno, bueno, chiquita, si amas a ese energúmeno, nosotras te ayudaremos a conquistarlo _ le dijo limpiándole la respingada nariz con un delicado pañuelo de encaje blanco.
_ Pe-pero el te eligió, yo no existo para él _ se lamentó como una niña a la que le roban un dulce.
_ Yo ya lo rechacé, y  le dejé bien en claro a él y al tío Idelfonso que amo a Darío _ afirmó con severidad.
_ ¡Santa María!, y, ¿cómo reaccionaron? _ se espantó Felipa.
_ El tío me pegó un bofetón que me hizo ver las estrellas _ alterada se pasó la mano por la mejilla aún enrojecida _ Y Rubén me gritó contrariado: "Igualmente te casarás conmigo, bastante te he esperado. Si hubiese sido por mí te hubiera tomado a los quince años. Al carajo los remilgos, esta misma noche serás mía"._ lo remedó contando todo con grandes aspavientos.
Felipa y Rosario la miraban boquiabiertas, admirando la valentía de Felicitas y escandalizadas por la actitud de Rubén.
_ Imagino que doña Rosaura salió en tu defensa.
_ Por supuesto. Se interpuso entre Rubén y yo, tratando de calmar las aguas mientras el ogro del tío fumaba un cigarro tras otro._ Feli, me dijo mamá, ya tienes veinte años...casi eres una solterona, debes casarte.
¡Me casaré, pero con Darío, hace tiempo que soy su mujer!, les confesé con serenidad. Mamá se desmayó, Abelarda que escuchaba escondida detrás de la puerta de la sala, corrió a buscar las sales; el tío se atoró con el humo de su cigarro y Rubén estrelló  contra el piso uno de los jarrones preferidos de tía Carmen. Alejo, que llegaba del establo alcanzando a escuchar mi confesión, trompeó a Rubén por romper uno de los recuerdos de su madre. En medio de la catástrofe apareció Darío, nunca lo vi tan soberbio. Me tomó del brazo y enfrentó a su padre con hidalgía: "Ella es y será mi mujer, le pese a quien le pese. Feli está dispuesta a compartir conmigo la cruz de mi enfermedad. Dios sabe cuánto me negué, pero su amor doblegó mis miedos y hoy la amo con todas mis fuerzas y estoy dispuesto a enfrentar cualquier peligro por ella".
_ ¿Eso dijo? _ Rosario estaba sorprendida; su primo enfermizo, en apariencia pusilánime, presentando armas con una hombría avasallante...¡inceíble!.
Felipa era consciente de los valores de Darío: tímido, pero no cobarde; inteligente, bondadoso, derribado a causa de su enfermedad, pero no aniquilado. Y, por sobre todo, amaba a Felicitas con una entrega total. Recordó que cierta vez le confió: " Pipa, tengo miedo...miedo de amarla. Me avergüenza esta cruel enfermedad que me tiene prisionero desde la infancia. Ella no se merece estar al lado de un hombre inútil, pero este sentimiento que me brota de los huesos me tortura y me llena de esperanzas a la vez. Estoy enloqueciendo, Pipa...¡loco de amor por ella!".
_ Entonces, el tío Idelfonso, _ continuó Felicitas _ pálido como la luna, lo miró consternado y... ¡prepárense para lo mejor!, lo miró a los ojos apoyando los brazos sobre los hombros de Darío y le dijo : "Mereces ser feliz, hijo. Tienes mi bendición". Y se esfumó dejándonos atontados. Alejo fue el más asombrado de todos, enseguida buscó una botella de vino blanco y brindamos.Mamá nos abrazó y nos prometió su ayuda.
_ Mamá es una reina, siempre nos da su apoyo _ aseveró emocionada Rosario.
_ ¿Y Rubén? _ Felipa no creía que el orgulloso joven aceptara la situación mansamente.
_ ¿Rubén? , ¡mon Die!, me grito: "¡Zorra mal cojida!" y desapareció blasfemando _ la sonrisa se transformó en risa y la risa, en estruendosas carcajadas, contagiando a las otras dos, que estaban estupefactas por el colorido relato._ ¡Ay chicas!, ¡soy tremendamente feliz! _ concluyó girando como un trompo por la habitación.
Agotada cayó a los pies de Felipa y Rosario que, alegres, aplaudían.
_ Y ahora tracemos nuestro próximo plan _ jadeando clavó sus ojos en ellas con picardía.
_ ¿Plan?, ¿a qué te referís? _ Rosario tembló imaginando la próxima locura de su hermana.
_ Campaña: Enamorar a Rubén. ¿Qué te parece Rori? _ sin permitir una negativa de parte de su asustadiza hermana le consultó a Felipa _ ¿Tu abuela Filomena sabe sobre hechizos de amor?.
¡Y comenzó el aquelarre!.







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