viernes, 30 de octubre de 2015

LA CABECITA NEGRA Cap 24

César estaba hecho una ruina. Aún en ese momento, los recuerdos de la noche en que se encontró cara a cara con el malparido del padre Juan, le calentaban la sangre. ¡Lástima no haberlo matado a ese pedazo de mierda! Seguramente Dios, si es que existía, tendría un lugar reservado para él en el mismísimo infierno.
"Y ahora esta tremenda desgracia", se lamentó,"justo antes de la llegada de la máma y las chicas. ¡Pobre Alma!, está destruida.¡Dios,es que no vas a darnos un momento de tranquilidad! ¡Maldita sea!".
Alma estaba encerrada en su habitación. No quería ver ni hablar con alguien. Estaba devastada.
Habían pasado días del terrible episodio, pero eso para ella no constituía un bálsamo, se sentía peor.
Sus pensamientos no le daban tregua. La atormentaban evocando el oscuro día.
Ese domingo, nublado y húmedo, sorprendió a Alma y a Esteban, haciendo el amor con intensidad,con pasión. Alma nunca se imaginó que podría llegar a amar de esa manera, feroz y dulce a la vez.
¿Qué más podía pedirle a la vida? Tenía un hombre que la adoraba, un hermano capaz de dar la vida por ella y como si eso fuera poco, iba a reunirse nuevamente con su madre y sus hermanas. "¡Juntas otra vez!", suspiró emocionada.
"En realidad, para ser completamente feliz, tendría que estirar las patas la vieja bruja", pensó con malicia. ¡Cómo odiaba a doña Amparo, la madre de Esteban! "Vieja entrometida y venenosa".
_ Alma, no te levantes todavía_ le rogó con ternura Esteban.
_ Preparo el desayuno y lo traigo a la cama, ¿acaso no tenes hambre?...
_ Tengo hambre de vos.
_ ¡Mirá que sos goloso!_ traviesa le pasó la lengua por la oreja.
_ ¡Alma!, no me hagas eso, sabes que me vuelve loco...¡vení para acá! _ saltó de la cama para atraparla antes de que saliera de la habitación, pero no lo logró. Volvió a acostarse riéndose del desenfado de Alma. De la jovencita tímida y retraída no quedaba rastro. "Mejor así", se dijo satisfecho.
En su prisa por volver con Esteban, bajó corriendo las escaleras y casi se lleva por delante a doña Amparo, que subía con una taza de café.
_ ¡Por Dios, ten cuidado niña!, casi me matas _ le gritó enfadada.
_ No exagere doña Amparo, apenas la toque
_ Mira como te presentas, ¿no tienes vergüenza?. Sin bata, con ese camisón pecaminoso..._ se horrorizó.
_ ¡Qué tiene de malo mi camisón? A su hijo le encanta.
_ ¡Virgen Santa de la Macarena!, lo que debo escuchar, pero si eres una descarada
_ Yo seré una descarada, pero usted es una vieja metida.
_ ¡Arpía, eres una maldita arpía!_ dicho esto siguió su camino despotricando_ Vete a la porra cabecita negra, ojalá te mueras!.
Alma entró a la cocina hirviendo de furia. "No voy a permitir que esta víbora nos arruine este hermoso día. Esteban me quiere y eso es lo único que importa. Además falta muy poco para irnos a vivir solos, lejos de esta vieja. ¡Ánimo Alma a preparar un rico desayuno para mi amor!".
Más tarde subió con cuidado las escaleras. Llevaba una gran bandeja en la que abundaban medialunas de grasa y dos tazas de porcelana azul, de las que emanaba un delicioso aroma a café, intenso y bien caliente, tal como le gustaba a Esteban.
_ ¡Desayuno para dos!_ con un hombro empujó la puerta para abrirla y de un puntapié la cerró.
_ Ese café huele riquísimo
_ ¿Vamos al zoológico esta tarde?_ le sugirió Alma.
_ ¡Ay querida!, siento desilusionarte pero tengo pensado ir a la cancha con mi amigo Mingo.
_ ¡Qué lástima!
_ No me hagas pucheros, mi amor,siento no habertelo dicho antes...es que tuve una semana muy movidita en la escuela.
_ Está bien, aunque me hubiera gustado pasar la tarde juntos _ suspiró Alma.
_ Es que hoy juegan en el Monumental River y San Lorenzo y..
_ Y vos sos fanático de River, sí, ya lo sé.
_ No me puedo perder este encuentro. Después del almuerzo Mingo me pasa a buscar. No te enojes negrita, te prometo que el próximo domingo soy todo tuyo_ le dijo salamero.
Alma lo abrazó, lo besó. No quería enojarse, tenía antojo de otra cosa y a eso se dedicó para deleite de Esteban.
Almorzaron solos. Doña Amparo comió en su habitación enfurruñada.
Mingo, el amigo de Esteban, lo pasó a buscar poco después de las dos.
_ Che, larguen de una vez, que Esteban no va a la guerra _ bromeó Mingo ante el beso apasionado de la pareja.
Esa tarde, Alma estaba bordando en la sala cuando golpearon la puerta con insistencia.
_ Ya voy, ya voy.
El corazón se le aceleró y un nudo en el estómago le cortó la respiración cuando vio el rostro desencajado de Mingo. Comenzó a llorar como un niño asustado.
_ Mingo, ¿qué pasó?, ¿dónde está el Esteban?...¿por qué lloras?, ¡dónde está el Esteban! _ Alma se desesperó.
_ Alma, Alma...una desgracia...¡Ay, Dios mío!¡fue terrible!
_ ¿Qué le pasó al Esteban?...¡ay Virgencita!, contesta Mingo,¿qué le pasó al Esteban?

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