sábado, 16 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 2

"Salga un grito del infierno
 Como trueno furibundo,
 Eco de ira del Eterno
 Y de venganza del mundo.
 Y estremezca tierra y aires
 Y con furias espantosas,
 Lance un rayo en Buenos Aires  
 Retronando : "¡Muera rosas!".
                                                   "Grito del pueblo", Montevideo 1841


El "Café de Marcos" tenía una ubicación de privilegio a unas escasas cuadras del Cabildo y la Plaza Mayor.
Allí se encaminó Lorenzo, entrada la noche, para reunirse con sus amigos Jerónimo Pasos, Juan Bustillo, Manuel Arriaga y Baldomero Quintana. Todos Unitarios.
Ansiaba llegar, buscar una mesa apartada y saborear un buen vino español.
Al entrar, los dos espejos que se lucían en la entrada, le dieron la bienvenida. Caminó decidido hasta el fondo del recinto donde Baldomero le hacía señas para que se acercara. Estaban esperándolo con una botella descorchada y las copas servidas.
_ Buenas noches Lorenzo. Justo a tiempo para un brindis_ Juan le palmeó la espalda. Estaba de buen humor.
_ ¿Qué celebramos? _ preguntó Lorenzo dando un fuerte apretón de manos a cada hombre.
_ Que por fin puedo irme de este país de mierda gobernado por un tirano salvaje y asesino _ se exasperó Juan.
_ Cálmate, no utilices semejantes improperios _ lo quiso tranquilizar Arriaga, uno de los abogados de los hermanos Reynafé, inculpados por el asesinato de Facundo Quiroga.
_ Pero si es verdad. Estamos condenados a una máxima vergonzante, "ver, oír y callar". Este pueblo es demasiado dócil, impresionable y cobarde.
_ El proceder violento de La Mazorca es una de las causas de la desaparición del "espíritu público" _ intervino Lorenzo.
_ ¡Carajo!, si son unos carniceros con sed de sangre inocente _ se ofuscó Pasos, dueño de una librería ubicada en la Recova.
_ ¿Inocente? Ellos nos consideran asquerosos traidores _ replicó Quintana tomándose de un solo trago una copita de ginebra.
_ Muchachos, estoy preocupado por la señora Del Sar y su hermana Victoria.
_ ¿Qué pasa con ellas Lorenzo?
_ Es que como ellas tienen en su casa ocultos varios ejemplares del periódico "El Grito Argentino", temo que los mazorqueros las hayan descubierto y encarcelado o algo peor.
_ No, no, quédate tranquilo. Están bien protegidas _ Quintana encendió un cigarro y convidó a los demás.
_ Es un alivio saberlo. Bueno, volvamos  la noticia que nos acabas de dar, Juan. ¿Cuándo te fugas?
_ Dentro de dos días. Un conocido de mi padre...no les doy el nombre para no comprometerlo, me preparó un escondite detrás del Consulado inglés y muy cerca de la costa. A la medianoche, la goleta "Julia", me cruzará a Montevideo ¡y a la libertad! _ exclamó Juan exhalando una bocanada de humo.
_ Ten muchísimo cuidado, sé precavido y sigiloso. Todos sabemos lo arrebatado que eres y en una fuga se requiere extrema cautela. Acuérdate de Riglos, cuando los federales lo sorprendieron a punto de abordar el lanchón "Manuelita" lo degollaron en el acto, ¿te acuerdas?.
_ Sí Lorenzo. Mi vida va en esto y la de mi madre, también. Tendré cuidado.
_ Parece increíble que Buenos Aires, en un tiempo tan alegre y bulliciosa, sea ahora una ciudad desierta y temerosa. A las ocho de la noche las puertas de las casas ya están cerradas...
_ Y la de los comercios. Cierro la librería a las seis de la tarde. Ustedes saben que tengo un saloncito detrás de la tienda con libros prohibidos. Vivo con el corazón desbocado pensando que en cualquier momento me cae La Mazorca y "violín- violón".
_ ¡Ay Jerónimo!, mira que eres temerario.
_ Así es mi negocio, Lorenzo. Camila O'Gorman es una de mis mejores clientas.
_ Si su padre se entera, la mata y tú encabezarás la lista de sospechosos que la Sociedad Restauradora le pasa a La Mazorca. Sé prudente. _ le aconsejó Quintana mientras llamaba al mozo para ordenar otra ronda de ginebra.
_ Y tú, ¿en que andas Lorenzo? _ se interesó Bustillo desanudándose la corbata. La ginebra lo hacía entrar en calor.
_ El malparido de Rosas me suspendió el contrato de arrendamiento de las tierras que tengo al sur del río Salado. Sus abogados me dieron un ultimátum . las compro o me las quitan.
_ Pero todo tu ganado está en esas tierras _ se indignó Arriaga que conocía a Lorenzo desde que eran niños.
_ ¡Desgraciado!, no les digo yo que tiene un corazón de tigre, siempre listo a lanzarse a la yugular del que obstaculiza sus planes. Claro, como cayeron los ingresos fiscales necesita dinero...¡Brindo por el hijo de puta más grande de todos los tiempos! _ graznó Juan, bastante entonado.
_ No hay problema. Tengo la suma que me piden. Lo que me preocupa es que me investiguen. Si eso sucede, los esbirros del tirano van a pegarse a mí como si fueran mi sombra. Estoy preocupado porque si caigo arrastro a Mercedes y a Lourdes. Ellas son todo lo que tengo y no encuentro la forma de protegerlas.
Lorenzo estaba en una encrucijada.
_ No desesperes. Tu familia es una de las familias más respetadas en la ciudad. Nunca se sospechó de ustedes. Rosas los tiene en alta estima. _ lo tranquilizó Quintana.
_ Sí, pero...
_ Eres un genio de la simulación. Continúa siendo ese personaje despreocupado, irresponsable y frívolo que has creado y todo saldrá a las mil maravillas, ya verás _ lo animó Pasos.
_ Amigos, vivimos una época de zozobras y angustias, seamos fuertes de espíritu para poder limpiar la mierda que nos asfixia y recobrar la libertad de expresión. ¡Muera Rosas, carajo!
_ ¡Cálmate Juan!, nada ganaremos enfervorizándonos _  con mucho tino, Arriaga apeló a la sensatez.
Los amigos asintieron, debían ser discretos.
Ordenaron una ronda más de ginebra antes de abandonar el Café.
Como ese día había llovido, las calles estaban intransitables. Lorenzo, Quintana y Arriaga, le alquilaron al dueño del Café un carruaje para regresar a sus casas.
Juan y Pasos decidieron caminar. Luego de compartir un trecho, se despidieron cerca de la Plaza Mayor.
De pronto Pasos se sintió inquieto y apuró el paso. Miró rápidamente hacia atrás y a pesar de la débil iluminación, los vio.
Dos mazorqueros se abalanzaron sobre él. A punta de cañón lo condujeron hasta un callejón alejado del vecindario. Lo flagelaron con ferocidad. Cuando se cansaron de torturarlo, lo dejaron tirado frente a su casa.
La esposa, preocupada por su tardanza, al escuchar unos gemidos lastimeros, acercó el candil a la ventana. Al verlo, gritó aterrorizada. Jerónimo Pasos tenía el rostro desfigurado por los golpes. La chaqueta y los pantalones, hechos girones por los azotes recibidos. Tenía la espalda desgarrada, con profundos cortes.
Los latigazos recibidos iban desde los hombros hasta las nalgas y las piernas. En sus manos tenía una nota :
"Te estamos vigilando. Sabemos de tus ventas clandestinas. Lo próximo será fuego. ¡Viva la Santa Federación! ¡Mueran los salvajes, inmundos y asquerosos unitarios!".
Un lamento lacerante desgarró el silencio sepulcral de la noche.








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