lunes, 18 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 3

"Así persistía Cuitiño
 Con su alellido de tendero gallego
 Su mala fama.
 Su escopeta no bendita y su degüello.
 La resfalosa crecía en sus venas
Y la Federación por sus sombras".  Jorge Luis Borges

"Quien diría que un pobre diablo como yo, hoy estea viviendo en un caserón como este", pensaba Ciriaco Cuitiño, brazo fuerte de La Mazorca, y frío ejecutor de las sanguinarias órdenes de Juan Manuel de Rosas, al que le profesaba una lealtad inquebrantable.
Eran las cinco de la mañana y ya estaba en la cocina tomando unos mates amargos acompañados de unas tortas fritas recién sacadas de la sartén y untadas con ajo.  El persistente cotilleo de las negras, no le molestaba, apenas les prestaba atención. Sus pensamientos se centraban en lo sucedido la noche anterior.
Rafael, su ahijado, y Santa Coloma, habían cumplido más que satisfactoriamente la misión que les había encomendado.
Maldito Jerónimo Pasos, de ahora en más se cuidaría de vender libros prohíbidos, y sobre todo a jovencitas inescrupulosas, como esa Camila O'Gorman. La próxima, le incendiaría la librería, y si con eso no escarmentaba, entonces..."la resfalosa".
Rafael era su orgullo. "Pensar que era un gurisito llorón con el buche vacío, cuando lo encontré aquella mañana. Con la ayuda de mi viejita, pude criarlo y hoy ya es todo un hombre".
Los recuerdos se apoderaron de Ciriaco, transportándolo veinticuatro años atrás.
Apenas anochecía cuando llegó a su rancho de Dolores. Doña Francisca, su madre, no podía creer que su hijo le trajera semejante regalo. A pesar de su rudeza, Ciriaco era cariñoso y solícito, él sabía que ese huerfanito haría feliz a su madre que pasaba mucho tiempo sola. Ahora tendría con que entretenerse.
Entre los dos criaron al "guachito", así lo llamaba Ciriaco, pero  doña Francisca lo bautizó Rafael, como el arcángel.
_ ¿De dónde sacó ese nombre vieja?
_ El domingo pasado en la misa, lo escuché al padrecito Fermín contar una historia muy bonita sobre un mocito al que el arcángel Rafael protegió en su largo peregrinar.
_ Si a uste' le gusta...que se llame Rafael no ma´.
El padre Fermín respetaba a Francisca, pero Ciriaco le caía mal. Siempre lo sermoneaba aconsejándole abandonar las malas compañías y apartarse de la política, especialmente, alejarse del Dictador.
_ ¡Que suerte que no le hice caso padrecito! Míreme ahora, todo un senior y mi viejita es una reina _ relexionó en las brumas del pasado.
Rafael creció rodeado de afecto, siendo su padrino Ciriaco, uno de los pilares de su vida. Cuando el niño comenzó a comprender, Cuitiño le contó la verdad sobre su origen. Le refirió con crudeza la suerte de sus padres, víctimas de un malón. "Hay que ser fuerte amiguito. Los machos no lloran", le dijo con brusquedad.
El padre Fermín le enseñó a leer y a escribir, además de narrarle hermosas historias bíblicas, que agradaban a doña Francisca y enfurecían a Ciriaco. "El catecismo es cosa de mujeres, no vaya a ser que ese cura me lo ablande al Rafa", se quejaba.
También estaban los libros que encontraron en la carreta destrozada. En ellos, el niño se sumergía horas enteras.
_ ¿Otro mate, don Cuitiño? _ la pregunta de Jacinta lo trajo al presente.
_ No, ¿viste al Rafa?
_ Debe estar durmiendo. Anoche llegó aplastao _ le respondió sumisa la negra.
Cuitiño salió de la cocina, atravesó los dos patios y entró sin llamar al dormitorio del joven.
_ Rafa, ¿lo interrumpo?
El muchacho dio un respingo al escuchar la voz áspera de su padrino.
_ Para nada _ cerró rápidamente el libro que estaba leyendo. Era uno de los prohibidos : "La Teoría Política de Rousseau".
_ Es todo un letrao usté. ¿Que está leyendo ahora? _ mientras preguntaba, se acercó lentamente al escritorio.
_ Es...es...es "El ensayo histórico sobre la vida de Rosas", padrino, ese que publicó el italiano Pedro de Angelis_ mintió.
Guardó con ligereza el libro clandestino en el baúl que tenía al pie de su cama.
_ ¿Quiere que le cuente que pasó anoche?_ continuó Rafael, tratando de desviar el tema.
_ Sí, descríbame todos los detalles. ¿Hinchó el lomo ese afrancesao de mierda?
_ Se resistió, padrino, pero Santa Coloma lo amansó con unas cuantas trompadas. Cuando llegamos al callejón yo lo inmovilicé y Santa Coloma lo azotó. Cada golpe que recibía el mal nacido, le desgarraba la carne. Quedó hecho un mar de sangre.
_ Muy bien, muy bien, ansina se hace muchacho _ aplaudió satisfecho Cuitiño.
_ Padrino, ¿usted cree que es necesario martirizar a los opositores? ¿ No hubiese sido suficiente advertirle seriamente que no infringiese la Ley y ponerle una multa? _ se arriesgó a opinar.
_ ¡Que me dice Rafael! Lo que hicimos está muy bien hecho. Naides le puede hacer la pata ancha a su Excelencia, ¿me entiende? Y ahora apúrese que lo están esperando en el cuartel_ se fue dando un portazo.
"Está caliente", se intranquilizó Rafael. Se ajustó la rastra sobre el chiripá negro y abrigado con una chaqueta roja salió al patio, lo recibieron un cielo plomizo y una brisa helada. Pasó delante del aljibe y observó divertido las pequeñas tortugas que nadaban dentro.
"Antes de ir para el cuartel me tomo un café". Al llegar a la cocina ya tenía servido el desayuno sobre una rústica mesa de algarrobo. Junto a la taza de café, una fuente de pastelitos de membrillo.
Al rato, apareció doña Francisca, enjuta, de cabello cano, arrugada como una pasa. Una amplia sonrisa le iluminaba el semblante. Se sentó frente a Rafael saboreando un mate bien dulce.
_ Y como anda mi muchachito hoy. Se acostó muy tarde anoche _ lo retó con ternura doña Francisca. Ella era ajena a las tropelías nocturnas de su hijo y del joven. Vivía al margen del terror que infundía Ciriaco, hacía tiempo que no salía de la casa. De salud débil, se dedicaba a cuidar de su huerta. Jovita, la hija de la cocinera, una jovencita achispada y observadora, la ayudaba en todos los menesteres.
_ Buenos días Mamá Pancha. Me acosté tarde porque tuve que hacer una diligencia para el padrino.
_ Habrase visto mandar a un muchachito tan tarde por esas calles solitarias. ¡Con los peligros que hay!_ se escandalizó.
_ Mamá Pancha, soy un hombre y sé cuidarme. En cambio usted, ¿por qué está levantada tan temprano? ¿No le dijo el doctor Muñíz que tenía que descansar después del susto que nos dio la semana pasada?
_ Me aburre quedarme tuito el día en la cama m'hijo. El corazón de esta vieja va a dejar de andar cuando se le de la gana _ rezongó la anciana_ ¡Tengo que regar mis begonias! Si yo no lo hago, la sotreta de la Jovita no lo va a hacé.
Rafael contuvo una carcajada, aunque la situación no era para reírse. Doña Francisca debía hacer reposo; su corazón, debilitado por tantos años de trabajo pesado, le había jugado una mala pasada.
"Cuanta ropa lavó mamita, sin importar que hiciera frío o calor, que lloviera o quemara el sol; usted firme, lava que lava para que a mí no me faltara el pan".
_ Vamos señora, yo mismo la llevo a la cama. Jovita le ceba unos mates como a usted le gustan. Y ¡nada de fumar! Esos cigarritos de chala están terminantemente prohibidos.
_ A la cama no, Rafael. Lléveme a esa sala pituca que tenemos. Me sienta en la mecedora que me regaló el Ciriaco y me quedo ahí quietita frente a la chimenea que Jovita acaba de encender.
A pesar de su reciente enfermedad, doña Francisca nunca había sido tan feliz. Vivía en una casa elegante que tenía tres patios colmados de rosas, narcisos, begonias, jazmines y margaritas. En su huerta cultivaba zanahorias, coles, cebollas y rabanitos, incluso había logrado unos zapallos ideales para la carbonada.
"Como me mima el Ciriaco, no permite que nada me falte. Y el Rafa, el milagro que Dios puso en mis brazos, luz de mi vida. El único capaz de frenar la violencia de mi querido hijo". Por eso, doña Francisca le estaría eternamente agradecida.
_ Bueno, me voy para el cuartel. Jovita cuídala bien, no te distraigas como es tu costumbre.
_ Deme un beso y váyase._ le dijo cariñosa.
_ Vaya, vaya no ma' patroncito que yo la cuido bien a la doñita.
Rafael se encasquetó el sombrero de ala angosta con la cinta roja de la Santa Federación y se calzó el facón a la cintura. Saltó sobre Moro, su caballo y compañero, y se dirigieron rumbo al barrio de Montserrat.
_ Por fin llega Rafael. Goyo, cebe unos amargos _ Rafael respiró aliviado al encontrar a su padrino de mejor ánimo.
_ Su Excelencia está que arde por culpa de este periódico, ¿cómo es que se llama? _ continuó diciendo Cuitiño.
_ "El Grito Argentino" _ contestó Rafael tomando un mate.
_ Eso mesmo. Parece cosa e' Mandinga. Juimo' a todas las casas que nos señaló la Sociedad Restauradora y no encontramos ni pío. Así que esta noche vamo' a requisar otra vez a esos malditos unitarios.
_ ¿Y con qué fin padrino? _ se molestó Rafael.
Sin darse cuenta del tono ácido del joven, Cuitiño le expuso el plan.
_ Necesitamos fondos para la causa y los muchachos están molestos porque se le debe la paga de unos tres meses...
_...así que le vamos a incautar los bienes para lograr nuestros propósitos _ terminó Rafael.
_ Uste' sí que me entiende. Prepárese, esta noche estamo' de cacería. Si se resisten se los degüella, faltaba ma'. Esos unitarios maricones están tirando demasiado de la cuerda con sus reuniones secretas y sus conspiraciones. Me están buscando y me van a encontrar,¡carajo!_ se encolerizó.
_ ¿Quién nos va a acompañar en la redada? _ dijo resignado Rafael. No hallaba la forma de huir del atolladero en el que estaba metido. Hacía tiempo que no compartía los métodos de represión de La Mazorca ni las ideas políticas de Rosas. Se consideraba un cobarde por no tener las agallas para enfrentar a su padrino.
_ Vienen con nosotros Santa Coloma, Troncoso, Porto y Reyes. ¿Qué queres Goyo? No ves que estoy ocupado.
El soldado se atrevió a interrumpir por una urgencia. Tímido, recostado en el marco de la puerta y con el gorro rojo dando vueltas en sus manos sucias.
_ Mi Coronel, me mandan los muchachos pa' ver si tiene si tiene alguna orden pa' nosotro'. Es que estamo' al botón no ma'.
_ ¿Qué hora es?_ ladró
_ Las diez, mi Coronel.
_ Vayan pa' Nuestra Señora del Pilar y esperan que salgan las copetudas de misa. A las que no tengan el moño punzó se los pegan con brea, así no ma', sin asco. ¿Le gusta el encargo Goyito? _ lo dijo con ironía.
_ Si...si..si señor.
_ ¡Tonce váyase de una vez carajo! Estoy de esta manga de holgazanes._ explotó Ciriaco.
_ Me voy padrino, nos vemos esta noche.
El joven saludó al soldado de guardia, montó su caballo y lo orientó hacia la iglesia del Pilar. "Tengo que vigilar a esos desalmados".
Eran cerca de las once y media cuando los fieles hicieron su aparición en el atrio. El ánimo de distención con el que salían, cambió abruptamente cuando divisaron a los mazorqueros, quienes comenzaron a inspeccionarlos.
Jubilosos, hallaron lo que andaban buscando. Con una sonrisa dibujada en sus grotescos rostros, se acercaron a una dama que estaba acompañada por su sirvienta. Les había impresionado su gruesa trenza dorada coma las espigas del trigo sin la insignia federal. "A divertirnos", se regodearon los soldados.
Sujetaron a la jovencita entre dos y un tercero le desarmó el peinado tirándole con saña el cabello. Nadie las socorrió, a pesar de los gritos de angustia de la sirvienta.
Un jinete se apeó del caballo y de dos rebencazos liberó a la muchacha de sus captores. Al ver quien era no protestaron y se volvieron cabizbajos y rabiosos.
_ Perdone señorita. La próxima vez no olvide colocarse la cinta punzó. Por su bien, claro.
Rafael intentó tomar uno de los rulos rebeldes, pero Lourdes levantó el mentón con petulancia fulminándolo con la mirada.
_ Gracias señor, voy a tener en cuenta su consejo. Adiós.
Abrazada a Tina bajaron apresuradas las escalinatas de la iglesia, para después perderse por las calles de Montserrat. Mercedes nunca debería enterarse de lo sucedido.
Rafael las vio alejarse y un sentimiento desconocido comenzó a gestarse en su corazón.
"¿Quién será esa niña de mirada altanera, pero bella como el sol?" Se propuso averiguarlo.





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