miércoles, 20 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y ...ROSAS, Cap 4

"¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde;
 en remansos de cielo o en vórtice hervidor
 bajo unas lunas plácidas o en cárdeno horror!"  Gabriela Mistral

El espejo, cómplice de sentimientos y secretos, reflejaba la mirada de una joven perdida en un mundo de ensueño. El sol, de una tarde espléndida, ayudaba a iluminar su fantasía romántica.
Unas horas antes, el viento del sur barrió todos los nubarrones intensificando el frío. Lourdes no lo notaba, una calidez desconocida se había apoderado de ella desconcertándola.
A través de las cortinas de encaje, se asomaba el recuerdo más cercano que tenía de su madre, un naranjo que había plantado Consuelo siendo niña.
_ ¿Por qué esa mirada triste Lourdes?
Tina la observaba a través del espejo sosteniendo el peine de marfil con una mano; con la otra desenredaba los indomables rizos dorados.
_ Desde que regresamos del Pilar te noto distraída. Pero si todavía estás temblando _ agregó preocupada.
_ Por favor, habla bajo Tina. No quiero que la abuela se entere de lo que pasó _ se inquietó.
_ Lo que yo creo es que no puedes quitar de tu linda cabecita al mozo que te salvó de esos gusanos.
_¡Que tonterías dices!Mira si voy a recordar a ese mazorquero impertinente _ Lourdes, con un movimiento rápido le quitó el peine y continuó arreglándose el cabello ella misma, muy nerviosa.
Tina, sorprendida de la reacción de Lourdes, comenzó a reírse.
_ ¿Por qué te ríes?, ¿dije, acaso, algo gracioso? _ se molestó.
_ Me parece que ese mazorquero impertinente te gusta un poquito.
_ ¡Basta Tina!, como me va a gustar ese truhán fiel  Rosas. Seguramente es un sucio asesino.
_ Sin embargo, hoy se comportó como un gentil caballero.
_ Sí, es cierto, pero de ahí a gustarme...Si ni siquiera me fijé en él.
_ Mentirosa _ volvió a reír Tina.
Las mejillas de Lourdes se arrebolaron y aunque intento disimular su rubor, no lo consiguió.
Tina terminó el peinado, un rodete sujeto con dos pequeñas peinetas de plata, la besó cariñosamente en la frente y se retiró.
Lourdes, sin un atisbo de timidez, admitió frente al espejo su interés por el misterioso soldado.
_ A ti puedo te lo puedo confesar, no he dejado de pensar en mi mazorquero.
Dos suaves golpes en la puerta la hicieron brincar borrando la imagen de su galán.
_ Niña, soy yo, Lola. Le traigo un mate bien calientito como a usté le gusta, y con unas cascaritas de limón. ¿Puedo pasar?
_ Entra Lola. ¡Hummm! Está riquísimo _ dijo saboreando la infusión.
Lola, la hija de Josefa, era unos meses mayor que Lourdes ; una jovencita inocentona e irreverente que sentía adoración por Lourdes. Ambas estaban unidas por un vínculo entrañable : eran hermanas de leche.
_ ¡Ay niña!, ¿por qué se jueron con la Tina pa' el Bajo solitas? Si doña Mercedes se entera se va a enojar.
_ Lola, siempre con la oreja pegada en las puertas. ¡Cuántas veces te dije que no es correcto! Y ojo con ir con el chisme a la abuela.
Lourdes le devolvió el mate con el ceño fruncido y continuó retocando su peinado, algunos mechones díscolos se le habían escapado del rodete.
Se pasó manteca de cacao sobre los labios para darles brillo y por último, se perfumó con su fragancia preferida, esencia de jazmín con una sutil nota amaderada de ámbar. "Delicioso", suspiró cerrando los ojos y dejándose llevar por una combinación de aromas que la hacían única. Era un perfume de París, regalo de su tío Lorenzo.
Lola la observaba con una seriedad inusitada.
_ ¿Cuál es el problema?_ se fastidió Lourdes.
_ ¿Le contaron alguna vez la historia de la viuda, niña?
_ ¿Qué viuda?
_ La viuda e' un alma en pena de una bruja que cuando su hombre murió se volvió loca de pena y rabia. Por eso decidió vengarse de tuitos los hombres. Cuentan que ante'  de morir hizo un trato con el diablo pa' seguir con su venganza. Parece que el diablo, mandinga, la transformó en un espetro horrible. Desde ese, día los jinetes solitarios que van por el Bajo tienen miedo de que se les aparezca por el camino una mujer vestida de negro y con un velo que le cubre la cara. Y, tonce', ¡escuche niña, escuche!, la viuda se le acerca al jinete, usa su magia y el caballo se desboca en una loca carrera cayéndose en un barranco A la otra mañana encuentran los cadáveres en medio del barro.
Los ojos de Lola se salían de sus órbitas y temblaba sin control.
_ ¡Cálmate Lola!, ¡que relato tétrico!¿Quién te lo ha contado?
_ Mi tatita. El sabe mucho, niña.
_ Si, ya veo. Pero ese cuento, ¿qué tiene que ver conmigo?
_ Se lo conté pa' que no vaya más nunca pa'l Bajo sola. Mire si se le presenta la viuda. ¡La Virgencita Santa nos ampare! _ se santiguó Lola.
_ No me haría nada. Primero porque soy mujer y segundo porque no salgo de noche. Así que déjame en paz y sírveme otro mate.
"Esta muchacha atolondrada", pensó Lourdes al tiempo que se ajustaba el lazo de terciopelo verde que resaltaba sobre su vestido de muselina lila.
De repente se quedó petrificada, "y si mi mazorquero se anima a recorrer esa zona peligrosa por las noches,,,¡ay!, y si se le aparece la viuda, ¡ay!, ¡no, por favor!...Pero, ¿qué me ocurre? ¡Que me importa lo que pueda sucederle a ese cerdo federa!".
Se miró una última vez al espejo, tomó su canasta de labores y con un andar cadencioso, se dirigió al salón donde la esperaba su abuela.

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