sábado, 23 de enero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 6

"Visión que en sueños el poeta mira,
 el ángel bello de la virtud,
 ser misterioso que amor inspira,
 eso eres tú".                                   Amado Nervo



Ciriaco Cuitiño estaba furioso. Se paseaba nervioso a lo largo de la sala señorial y pensaba, "¡Cúantas porquerías juntó esa arpía traidora". Porcelanas, grabados, relojes mecánicos, extravagantes sahumerios, espejos venecianos apoyados en delicadas mesitas rinconeras. Todo rematado por una impactante lámpara de plata que iluminaba asombrosamente.
"Tanto lujo, ¿pa' que?. Mucha sonrisita a su Excelencia y por atrás le clavaba un puñal. Hizo bien en juir pa' la otra orilla, que si llegaba a caer en mis manos..."
Mariquita Sanchez de Thompson y Mendeville, una mujer franca y brillante, durante el gobierno de Rosas tuvo que exiliarse en Montevideo porque a pesar de la vieja amistad que existía con el Dictador, había tomado partido por los opositores al régimen rosista. Por ese motivo, al quedar la casa deshabitada, Cuitiño la usurpó.
El recuerdo de la traidora era el menor motivo de su enojo. Su gran preocupación era Rafael y su cambio de actitud.
"¿Qué fue de ese mozo temerario y aguerrido? En el levantamiento de Corrientes saltaba como un tigre sobre nuestros enemigos y con una naturalidad que daba escalofríos, le aplicaba la resfalosa, los degollaba sin ajco. En Pago Largo pasó a cuchillo a varios oficiales, incluido el cabecilla de la rebelión, Berón de Estrada.
Cuando su Excelencia se enteró de la conjuración preparada por los unitarios encabezada por el Coronel Maza, amigo de Manuelita, fue el Rafa quien lo arrestó y fue el Rafa, quien asesinó al Presidente de la sala de Representantes en el despacho de la Legislatura. ¡Ese era mi Rafael y no este cagón!", reflexionaba contrariado.
¿Encararlo?, ¡no!. Esa no era la forma adecuada. Debía urdir una estrategia con el propósito de averiguar que le estaba sucediendo a su ahijado y sacar de raíz aquello que lo estaba alejando de él y de la causa federal.
"La culpa la tienen esos libros de mierda. ¡Hoy mesmo se los quemo!".
Vociferó el nombre de Jovita y ésta se presentó acalorada por la premura, le tenía pánico a Cuitiño.
_ Negra, quiero que vigilés bien de cerca al Rafael, que él no se de cuenta. Quiero saber con quien habla, a donde va, si tiene nuevos amigos...¡todo!, ¿entendistes?.
_ Sí, patrón, entendí clarito.
_ Mejor así, sino vas a conocer las caricias de mi compadre.
_ ¿De quién?
_ De éste, tonta. Diez rebencazos te van abrir las entendederas _ Ciriaco, mientras le pasaba el rebenque bajo los ojos desorbitados de Jovita, le tiraba con alevosía del pelo crespo y enmarañado.
_ No le voy a sacar loj' ojo de encima, no se priocupe patroncito.
Jovita desapareció como una exhalación.
Ciriaco le temía a la verdad, quería demasiado a su muchacho, pero era imprescindible indagar, localizar el mal que se estaba apoderando de sus pensamientos y extirparlo.
Llegó la hora del almuerzo y allí se encontraron. Rafael, demacrado ; Cuitiño, colérico.
Doña Francisca no se sorprendió ni se preocupó al ver a su hijo en ese estado, sólo sintió curiosidad. "¿Qué le habrá pasado ahora?". La mirada de Ciriaco era tan oscura como su humor. "Mejor me quedo callada", decidió cohibida.
Rafael se sentó frente a su abuela; Ciriaco, en la cabecera.
Jovita quebró el silencio al entrar al comedor arrastrando los pies y haciendo malabares con la fuente en la que un gran zapallo ahuecado contenía una humeante carbonada.
Sólo se escuchaba el sonido del cucharón chocando contra los platos de porcelana. La tensión crecía a medida que transcurría el almuerzo.
Al servirse el postre, una deliciosa natilla, Ciriaco fijó la vista en su ahijado.
_ Espero que esta tarde se digne a participar en la procesión.
_ Por supuesto, ahí estaré.
Cuitiño se retiró molesto y se encerró en su despacho.
_ ¿Por qué anda tan nervioso el Ciriaco m´hijo ?
_ No sé mamita Pancha _ Bueno, si me disculpa voy a prepararme para la celebración en honor de su Excelencia. No quiero llegar tarde _ la besó en la frente y se marchó.
Se engalanó con el uniforme federal: pantalón ancho de lienzo blanco, camisa al tono, chiripá y chaqueta corta. Buscó el gorro de manga, también rojo con bandoleras blancas. En esa ocasión optó por las botas confeccionadas con el cuero de la pata del caballo, sin costura y abiertas en la punta.
Con pso cansino se dirigió a la Catedral de donde saldría la procesión.
En el camino se encontró con Nicolás Mariño, secretario privado de Rosas. Conversaron amigablemente.
_ ¿Qué novedades tiene don Nicolás?
_ Malas. Urquiza nos está dando problemas.
_ ¿Qué anda pasando?_ se intrigó.
_ Parece que le empezó a gustar la idea de la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay. Rosas está que echa chispas y a eso súmele la exigencia de los correntinos para que se sancione la Constitución.
_ A mí me parece que el punto neurálgico del conflicto es el monopolio económico. El interior se queja porque Buenos Aires usufructúa los beneficios de la Aduana sin darle participación _ opinó Rafael.
_ ¿Y qué quiere mi amigo? Necesitamos de esa ventaja para hacer frente a las agresiones militares que sufrimos. Además gracias a la inepta gestión de Rivadavia, Buenos Aires quedó fuertemente endeudada con Inglaterra.
_ Sí, lo de la Banca de Baring y la hipoteca de las tierras fiscales como garantía para el mentado préstamo.
_ Exacto. Préstamo destinado para la construcción del puerto y el establecimiento de nuevos pueblos en la frontera, como...
_ Carmen de Patagones _ terminó Rafael
_ Está bien informado mi amigo. Llegamos _ dijo al divisar la Catedral _ Hoy la misa la oficia el Obispo Medrano. Lo dejo Rafael, creo ver a Manuelita sentada delante del púlpito. Un gustazo cruzarme con usted.
El sermón se centró en agradecer a Dios los éxitos de don Juan Manuel de Rosas y en exhortar a los jóvenes a pertenecer a la virtuosa causa federal. Monseñor Medrano, siempre intenso en sus homilías, comenzó diciendo:"Feligreses míos, si hay entre nosotros algún asqueroso, salvaje unitario, ¡que reviente!".
Al finalizar la misa, el Obispo abrió la procesión llevando en alto el retrato del Restaurador. Iba flanqueado por dos sacerdotes con sobrepellizas rojas. Detrás de ellos, avanzaban los fieles cantando himnos sagrados.
En la calle esperaba un carro adornado con rosas rojas. Allí fue depositado con solemnidad el retrato del Dictador. Algunos fieles elegidos, tenían el honor de arrastrarlo entre vivas y una lluvia de pétalos de flores multicolores. Tomaron por la calle de la Santísima Trinidad.
Rafael se mezcló en  la ferviente multitud.
Mientras tanto, Lourdes rezongaba ante la insistencia de Mercedes, que la obligaba a participar de la procesión.
_ Por favor abuela, es un circo.
_ Shhh, niña, que pueden oírte. Por lo menos asómate a la ventana, así sabrán que nos unimos a ello.
Lourdes abrió de par en par la ventana del salón y se sentó en el alfeizar. La gente comenzó a pasar frente a ella aplaudiendo y vivando a Rosas, quien se había autoproclamado "tirano ungido por Dios".
Alguien captó su atención. A un lado del carromato que llevaba el retrato del Dictador y de la Inmaculada, iba el mazorquero que la auxilió en la iglesia del Pilar. Su porte altivo y sensual la impresionó. Fijó su mirada en él. Se ruborizó cuando descubrió que los ojos grises de él la estaban devorando.
Incómoda, intentó retirarse, pero no pudo. El era como un imán que la retenía y, para su asombro, a ella le agradaba.
Rafael, también se sorprendió al verla. Estaba bellísima, sonrió al notar que no tenía la insignia punzó en el cabello. Intentó acercarse, pero el gentío se lo impidió. Intentó hablarle, pero el griterío lo silenció.
La deseó y ese deseo lo expresó con la mirada. Ella comprendió su mensaje y se turbó.
Lourdes cerró lentamente la ventana.
_ ¿Fue tan duro el sacrificio? _ preguntó Mercedes invitándola a acomodarse junto a ella y cerca del calor que se desprendía de la estufa.
_ No, abuela, aunque detesto estos acontecimientos. No entiendo como el abuelo Alonso pudo ser amigo de un hombre tan nefasto.
_ Lo creas o no, Juan Manuel fue en una época una persona muy considerada y generosa con la peonada.
_ Y entonces, ¿qué le pasó?, ¿cómo es que se convirtió en un monstruo?
_ No sé hijita...quizá tanto poder en sus manos...
_ ¡Cambiemos de tema abuela!, no arruinemos la tarde...¡Que bien bordas abuela! Este mantel es una obra de arte.
Ambas rieron y continuaron conversando sobre temas amenos, alejados de la realidad política.
Esa noche, Lourdes soñó con su mazorquero. Ella apenas lo conocía, pero él ya se había adueñado de su corazón.

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