viernes, 8 de abril de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Epílogo

"Soldados: Si el Tirano y sus soldados esperan,
 enseñad al mundo que sois invencibles...
 en el campo de batalla tenemos todos que vencer o morir".  Justo J. de Urquiza


Buenos Aires, 27 de diciembre de 1853

Con paso decidido atravesó el pasillo umbrío de la prisión.
Debía cumplir con su promesa, nadie se lo impediría.
El corazón le galopaba como un potrillo desbocado, pero su espíritu permanecía sereno.
Se verían cara a cara por primera vez luego de tanta persecución, engaños y amenazas.
"Hay algo que debo reconocer de él, jamás quebró su lealtad a Rosas, jamás elevó un insulto contra el Tirano que cobardemente huyó a Inglaterra, abandonando a sus seguidores", pensó mientras se acercaba a la celda de Ciriaco Cuitiño.
En dos días sería ajusticiado junto al mazorquero Leandro Alén, el único amigo que le quedó de tantos que en los buenos tiempos lo sobaron.
El soldado abrió la celda. Lo encontró sentado sobre un camastro desvencijado. Se asombró al descubrir que cosía, ¿un pantalón?. "¿Qué nueva locura estará tramando?", se preguntó ante el insólito espectáculo. Cuitiño dejó de pegar puntadas y levantó la vista al escuchar: "Tiene visita Coronel".
_ ¡Usted!, ¿qué quiere?, ¿qué mira?...Coso mi pantalón a la camisa, no quiero que cuando me cuelguen se me caigan los pantalones.¡Aun federal ni de muerto se le caen los pantalones, carajo! ¿Se va a reír de mí? ¡Adelante, hágalo de una buena vez! _ alardeó.
Después de fusilarlo, la condena se completaba con la horca.
_ Vine a cumplir una promesa _ la voz melodiosa de Lourdes se abrió paso entre las sombras de la celda.
_ Y Rafael, ¿dónde está?, ¿por qué no vino él? Me disprecia tanto que manda a su perra pa' que se burle de mi desgracia.
Lourdes permanecía en silencio, los ojos cargados de lágrimas.
_ Dígale que pa' mí es un honor morir contra el paredón. Siempre le jui fiel a su Excelencia que se comportó como un padre conmigo. Nunca actué en forma artera, siempre jui frontal en mis procederes _ a medida que avanzaba su monólogo, la ira iba menguando _ Dígale...dígale que a pesar de su traición lo sigo queriendo como al hijo que no tuve...
Y ese hombre, duro, temido, violento, déspota, se derrumbó en un llanto amargo.
Lourdes, olvidándose de todo rencor, se arrodilló a su lado y lo abrazó sin remilgos. Ciriaco pegó un salto al sentir el calor de Lourdes, pero no se resistió al contacto.
_ Rafael no pudo venir, don Ciriaco, porque murió en la batalla de Casesros _ lo dijo en un susurro.
_ ¡Como!¿Qué me está diciendo? ¡No puede ser! Más salvaje que mi Rfa en la lucha cuerpo a cuerpo no conozco. Nadie como él en el manejo del jusil y del facón...Cuando Santa Coloma me informó que lo había herido, casi lo mato a trompadas. "Asustálos", le dije y el muy hijo de puta casi me lo manda pa' el otro lado. Estuvo como loco hasta tener la certeza que estaba fuera de peligro. Siempre tuvo mis informantes, ¿sabe?...Y ahora esto...¡No, no, no, no puede ser, mi Rafael no, maldita sea! Se murió y no pude pedirle perdón,,,_ Cuitiño estaba desesperado.
_ Rafa lo perdonó. Siempre se refería a usted con cariño, justificando su conducta. Soñaba con tener la oportunidad de reencontrarse sin odios ni reproches.
_ ¿Cómo sucedió? Cuénteme por favor. _ la lágrimas continuaban cayendo, imposible detenerlas.
_ En plena batalla le clavaron una bayoneta por la espalda que le atravesó el corazón._ la voz quebrada por el dolor, un dolor agudo y profundo que no cicatrizaba.
Ya había pasado un año de la muerte de Rafael. Cuando el oficial unitario, un extraño para ella, con una calma siniestra le comunicó lo sucedido, creyó que un mar turbulento la tragaba. Como explicar la terrible herida que le perforó el alma, imposible.
_ Cuando me notificaron, me desvanecí. Estuve inconsciente varias horas. No deseaba despertar.
_ Perdoneme usted también Lourdes. El resentimiento y las ansias de venganza consumen al hombre y yo sucumbí a esos sentimientos dañinos.
"Las vueltas de la vida. ¡Como imaginar que la muerte de mi amor, me reconciliaría con el protagonista de todas mis pesadillas!, reflexionó golpeada por la pena. Se despidió besándolo en la frente.
Él se quedó allí, devastado, anhelando la hora de su ejecución.
"¡Cosa de locos! Hace un momento saqué cagando al cura que quiso confesarme. Vida eterna, ¿qué carajos significa eso? le escupí...y ahora ansío con todos mis huesos que esa vida eterna exista para volver a abrazar a mi ahijado, a mi Rafa, el huérfano que me hizo conocer el significado de tener una familia".
Lourdes, al regresar a su casa de la calle de la Santísima Trinidad, lloró sobre el hombro de Tina, otra mujer traspasada el sufrimiento.
_ Cumplí la promesa que le hice a Rafael antes de que se marchara a luchar en Caseros _ Tina con un pañuelo de seda blanco le secaba las lágrimas compulsivas.
_ ¿Qué aspecto tenía? _ sonó resentida.
_ La muerte de Rafa lo desmoronó. Ya no quedan rastros de aquel hombre virulento. Quería muchísimo a Rafa, muchísimo.
_ Doña Mercedes y los niños están en el jardín. Te están esperando _ Tina siguió su camino hasta la cocina sin revelar ningún sentimiento hacia Cuitiño. La muerte de su hijo la mató en vida. No reía, hablaba lo indispensable, su rostro se volvió amargo. "Mi vida ya no tiene sentido", le confesó una tarde a Lourdes.
_¡Abuela!
_ ¿Todo bien? _ se volvió sonriéndole.
"Gracias abuelita por tus sonrisas que me dan valor", suspiró con nuevos bríos.
_ Todo bien _ respondió distendida_ ¡Alba!, ten cuidado...si se rompe esa rama te lastimarás, hija.
Una niña de tres años, de cabello azabache y ensortijado con unos pícaros ojos verdes, le contestó con insolencia
_ ¡Mamita!, ¿no te das cuenta que soy una trapecista? _ el día anterior un circo itinerante llegó a la ciudad y la pequeña Alba quedó fascinada con el muchacho que desafiaba las alturas.
_ Esta bien, pero no maltrates al pobre naranjo. Abuela, ¿y Miguelito? _ se extrañó al no ver a su hijo mayor acompañando en el juego a su hermana. Eran inseparables.
_ En la biblioteca, leyendo el libro de cuentos que le regaló Lorenzo. Ese niño es una luz, cinco años y lee. Estoy segura que será escritor _ profetizó orgullosa.
_ ¡Abuela, que cosas dices! _ rió Lourdes.
_ Ven Lourdes, sentémonos bajo el naranjo. Dime, ¿cómo estás de ánimo? _ se preocupó al verla ojerosa.
_ El encuentro ha sido terrible, me removió tantos horribles recuerdos...tanto dolor.
Sin Rafa me siento morir...
_ Lourdes debes ser fuerte por tus hijos, ellos necesitan una madre alegre, cariñosa, que les enseñe el valor de los afectos
_ Abuela lo que más deseo es reír con ellos, cantar con ellos y recordar junto a ellos esa persona inigualable que fue su padre. ¿Podré hacerlo abuela?
_ Mi adorada niña, claro que serás capaz.
_ Rafael fue mi hombre, lo es y lo será por siempre. Sé que continúa a mi lado. Me siento plena porque conocí la felicidad. Fue un largo y penoso camino de sangre, pero perfumado por un amor incondicional y eterno; y por dos rosas, mis hijos...

                                                                       FIN

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