sábado, 9 de abril de 2016

ALAS PARA UNA ILUSIÓN

NUESTROS BRAZOS COMIENZAN EN LA ESPALDA PORQUE UNA VEZ FUERON ALAS
( Marta Graham )


                                                                    PRÓLOGO

Buenos Aires, marzo de 1945

Corre angustiada por los amplios pasillos. El intenso olor a desinfectante le provoca náuseas. El corazón, desbocado. ¿Por qué a ella?, ¿por qué justamente a ella?, se pregunta con rabia.
Abre la puerta de la habitación y allí está, frágil, etérea, desmadejada sobre la cama. Los moretones violáceos resaltan furiosos en su tez pálida...traslúcida.
_ Hermanita, ¿qué pasó? _ la muchacha apenas puede pronunciar esas pocas palabras.
_ Una pavada, no te preocupes _ responde con dificultad, tiene los labios partidos.
_ Alguien debe responder por esta felonía.
_ Nadie...
_ ¿Cómo que nadie? Yo sé muy bien quién es el responsable y lo va a pagar _ la ira la ahoga.
_ Por favor...nadie...tranquila...
Una enfermera se acerca a la paciente y le suministra un calmante.
_ Ahora va a dormir unas horas, necesita descansar _ le informa a la hermana de la paciente con una sonrisa comprensiva.
_ Me voy a quedar con ella.
_ Como guste.
_ ¿Puede decirme cómo está? _ la enferma duerme y a ella le urge saber.
_ Mal, recibió muchos golpes, algunos le dañaron los riñones. Dejaron de funcionar normalmente. Lo siento.
La información la lastima, la derriba.
Con paso lento, aproxima una silla a la cama. Con delicadeza le aferra una mano, "dormir tomadas de la mano como cuando éramos niñas, ¿recuerdas hermanita?". De a poco el sueño la vence.
A la madrugada una caricia tibia, parecida al roce de una pluma, la despierta. Se sobresalta.
Se inclina sobre su hermana. Duerme, ¿duerme?. La llama con dulzura, no contesta. Vuelve a intentarlo con desesperación, no responde.
Sus gritos alertan a la enfermera que se apresura a controlar los signos vitales.
_ Ha muerto. Lo siento.
Una oscuridad densa y tenebrosa, cae sobre ella.



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