martes, 5 de abril de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 40

Cochabamba, 10 de Marzo de 1948

Queridísima abuela:
                            Estoy feliz por las buenas nuevas que tengo que comunicarte. Ekupiñan unos días partimos para Montevideo. ¡Sí!, has leído bien. 
Ya sé que hace poco nos hemos instalado en esta bella ciudad, pero si la virgencita de Urkupiña, de la que me hice devota, lo permite, podré abrazarla después de tanto tiempo. Tío Lorenzo me ha prometido que hará todo lo posible para que usted pueda cruzar el plata y estar presente en el nacimiento de mi hijito. Ese es mi mayor deseo.
Debo confesar que cuando Rafael me comentó la proposición del tío de trasladarnos a Montevideo para trabajar en un periódico, la idea me provocó resquemor. Otra mudanza justo cuando comenzábamos a organizarnos bajo nuestro propio techo, me causó desazón y entusiasmo a la vez.
¡La extraño tanto abuela! Creo que ya se lo mencioné un millón de veces, pero no voy a dejar de repetirlo.
No se preocupe por mí, soy vigorosa y este niño se mueve como un potrillo desbocado. El doctor Orondo nos dio su visto bueno para el viaje. No le puedo negar que al principio se escandalizó, ¡lo trató de loco a Rafa! Luego, más tranquilo cuando le contamos que navegaríamos la mayor parte del trayecto, aprobó nuestra decisión. "Si toman hasta el más mínimo recaudo, les doy mi bendición", nos dijo con cara seria. Siento un cariño especial por él, abuela. Siempre atento y cordial. Todas las tardes pasa por nuestra casa para asegurarse que me encuentre bien.
Este viaje a Bolivia me ha hecho madurar. Conocí mujeres increíbles que arriesgaron afectos y seguridades en pos de sus convicciones.
Pero mi gran orgullo es usted, abuela. A usted le debo la vida, respaldó mi amor por Rafael, no me abandonó en mi peor momento. Siempre dándome fuerza, protegiéndome, animándome.
¡Gracias abuelita Mercedes, gracias por ocupar el lugar de mi madre!
Ojalá podamos reunirnos muy pronto. Deseo compartir con usted la alegría del nacimiento de este hijo que llevo en mis entrañas, y que sin dudas, después de este camino de sangre que hemos sufrido
traerá vientos de esperanza para todos.
Con amor. Lourdes.

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