viernes, 16 de diciembre de 2016

UN NUEVO AMANECER, Cap 5

"Vienen hacia mí tu fragancia,
 tus silencios y tu sonrisa, 
 más hermosa que el amanecer".  Marco Matos

Como todas las mañanas, Bautista desayunó en la cocina. Joaquín y sus primos seguían durmiendo.
La negra Candelaria le daba charla mientras amasaba pan. Bautista no le prestaba atención, sus pensamientos estaban en otro lado.
"¿A quién pertenece esa mirada verde que me persigue? ¡Y ese perfume peculiar, parecido al ámbar!, ¿de dónde proviene?...¿de mis recuerdos?, quizás. ¡Señor!, si pudiera recordar algo más".
_ Bautista, ¿me escuchás? _ Candelaria, negra confianzuda, acostumbraba a tutear sin reparos a todos los que vivían y frecuentaban la casa..
_ Por supuesto, por supuesto...¿que me decías? _ respondió sobresaltado volviendo al presente.
_ Te decía que esta noche me voy pa´lo de mi comadre, la Santina. Como ustedes se van de parranda...
_ De parranda, no, Candelaria. Esta noche se festeja el compromiso de Joaquín y Clarita. Por fin esta relación parece encauzarse. ¿No estás feliz por tu consentido? _ detuvo la taza de café humeante cerca de su boca asombrado de la parquedad de la mujer.
_ Pues claro que me pone contenta la felidá de mi niño. La señorita Clara es una dulzura, pero..._ se interrumpió ocultando el rostro en el delantal gris que protegía su colorida pollera.
_ ¿Llorás? _ Bautista se puso de pie y se acercó a Candelaria tomándola de los hombros _ ¿qué sucede?, ¿cuál es tu preocupación?
_ Es que...es que..¡tengo miedo! _ explotó angustiada.
_ ¿Miedo? _ Bautista estaba perplejo.
_ Miedo de que mi niño ya no me necesite, miedo de perder su cariño. Joaquín es pa´ mí el hijo que nunca pude tener, y si ahora se casa y me echa a un lao yo me muero de pena.
_ Candelaria, no seas tonta, Joaquín nunca te abandonaría, él te adora y sé que Clarita también. _ la consoló.
_ ¿Es verdá?, ¿me lo jurás? _ preguntó hipando y secándose las lágrimas con su pañuelo rojo de lunares azules.
_ Verdad, y te lo juro _ lo dijo al tiempo que hacía una cruz sobre su corazón._ Así me gusta verte, negra linda, siempre sonriendo _ exclamó cuando Candelaria cambió de ánimo.
_ ¿Y vos?, ¿pa´ cuándo? _ le preguntó sorbiéndose los mocos.
_  ¿Para cuándo qué cosa?
_ No te hagás el distraído. Pa´cuando te entreverás con una damita. La Amelia está que se muere por vos.
_ ¿La prima de Jaoquín? Estás equivocada, es encantadora, pero no, no creo que se interese por mí. Yo soy muy aburrido y ella es un cascabel _ confesó con un dejo de nostalgia. En ese momento, nuevamente aquellos ojos verdes regresaron hostigando su memoria herida.
_ ¡Ja!, cuando la Candelaria dice que el bichito del amor pica, ¡pica!. Nunca me equivoco. _ declaró ofendida.

A pocas cuadras de allí, en un suntuoso comedor, desayunaban Mercedes, Lourdes y los niños.
_ Abuelita Mechu, ¡cuántas cosas ricas preparó Tomasa! No sé que comer primero, si estas galletas con manjar blanco o la natilla de cacao _ el niño se rascó la cabeza expresando su indecisión.
_ Estos bocaditos de batata están para chuparse los dedos, Miguelito _ lo animó la hermana.
_ ¡Pequeños golosos!, coman cuánto quieran _ festejó Mercedes.
_ Abuela, que después lloran porque les duele la panza _ rezongó Lourdes _ Por suerte Tina siempre tiene a mano el remedio indicado, que si no...
_ No exageres Lourdes...Niños terminen la leche y a estudiar.
_ Me aburre estudiar _ protestó Alba.
_ Siempre la misma ignorante. No hay nada más lindo que escribir y leer las fábulas de Esopo.
_ ¡Miguelito!, no le digas ignorante a tu hermana, ella es chiquita, ya aprenderá _ lo reprendió Tina que entraba al comedor con una jarra de café.
La niña pícara le sacó la lengua a su hermano tomando revancha y el le pateó los tobillos por debajo de la mesa. Ella comenzó a llorar y Miguelito recibió una nueva reprimenda.
_ Basta ya de peleas y a estudiar. Busquen sus cuadernos y vamos al jardín. Es una mañana espléndida para estar encerrados. ¿Les gusta la idea?
_ Nos encanta _ bailó Alba _ Después de la lección, ¿puedo pintar? Hoy quiero dibujar el naranjo de la abuelita Consuelo.
Al escuchar a la pequeña cientos de recuerdos enturbiaron la mirada de Mercedes. Consuelo, su queridísima hija. Los años pasaron raudos, pero el dolor por la pérdida permanecía intacto en su corazon.
¡Cuánto había sufrido Consuelo! Sola, encerrada en un convento silenciando la vergüenza de un embarazo. Estigmatizada por una sociedad pacata y por un padre autoritario, defensor de estrictas reglas morales, sufrió el abandono de sus seres queridos en el momento más importante de su vida: ser madre.
" Mi estúpido miedo me llevó a cometer un error imperdonable". Miedo a un marido déspota, miedo a los dichos de la gente, ¡miedo!...un sentimiento que juró vencer el día que murió su hija.
_ Abuelita, de pronto se te borró la sonrisa, ¿por qué? _ se alarmó Lourdes.
_ Nada querida, añoranzas, cosa de vieja...
_ ¡Arriba el ánimo doña Mercedes! Hoy me tiene que ayudar a elegir el vestido que me pondré en la fiesta de compromiso de Clarita.
_ Me imagino que no irás de negro _ la miró fijamente, tratando de descifrar los pensamientos de su nieta.
_ Con tal de verla contenta soy capaz de vestir de rojo.
_ ¿Lo harías? _ se ilusionó. Lourdes era demasiado joven para estar atrapada en sedas negras.
_ La verdad, no me animo. Usaré el violeta, ¿le agrada mi elección?
_ El violeta es un comienzo para desterrar el negro de una vez por todas. Eso sí, lucirás perlas blancas y mis aros de zafiros.
Finiquitada la discusión y tomadas del brazo, cruzaron el patio hasta el dormitorio de Lourdes. Allí estuvieron seleccionando zapatos, mantillas, cintas para el cabello y abanicos. Se entretuvieron tanto que no se dieron cuenta del paso de las horas.
_ ¡Amitas!, el almuerzo está servido _ les gritó Lola golpeando la puerta._ Por Diosito santo, ¡que zafarrancho, niña Lourdes! _ se perturbó al entrar y ver el desorden. Tules, puntillas, encajes y medias de seda, tiradas por todas partes.
Luego de la siesta, Lourdes se dio un baño en la tina de cobre que la diligente Lola llenó con agua caliente y perfumó con esencia de ámbar, la fragancia preferida de la joven.
Con paciencia, la negra peinó el cabello largo y ensortijado. Decidió dejárselo suelto, sujetándo los costados con dos peinetas de plata.
_ Lola, a mi edad debo llevar el cabello recogido en un rodete _ reflexionó mirándose al espejo.
_ No diga pavadas niña. Así le queda divino.
_ ¡Impertinente!_ sin embargo, Lourdes rió complacida.
Cuando la vieron aparecer en la sala, Mercedes, Tina y los niños quedaron boquiabiertos. Bella, bellísima; una fragancia a jazmines con una nota de ámbar precedía su elegante caminar; el cabello dorado derramado sobre su espalda constituía el marco perfecto para el vestido violeta de amplio escote.
Era tiempo de cerrar una puerta y abrir otra a la esperanza. Olvidar, nunca. Rafael estaría plasmado por siempre en su corazón, pero era hora de secar las lágrimas y arrancar sonrisas al alma.
_ ¡Mamita!, pareces un hada _ Alba acarició el vestido con veneración.
_ Gracias tesoro. Y vos Miguelito,¿qué pensás?
_ Estás horrible
_ Mira que sos malo. No le hagas caso mamita, ¡estás hermosa! _ la defendió Alba.
_ Miguelito, ¿por qué estás enojado? Voy un momento al compromiso de Clarita, prometo regresar para darles el beso de buenas noches.
_ ¿En serio no vas a tardar? _ se ilusionó.
_ Es una promesa, mi caballerito celoso _ lo abrazó con ternura. Alba corrió a sumarse al abrazo.
Cuando llegaron a la casa de la familia Mendez, la fiesta estaba en su apogeo. Sobre una tarima improvisada estaban los novios. Cerca de ellos estaban don Julio Mendez y su esposa, doña Azucena, y la tía patética de Joaquín, Laura Insúa.
_ Llegamos justo para la entrega del anillo de compromiso, abuela _ le susurró al oído Lourdes.
La voz potente de don Julio resonó en todo el salón.
_ Brindemos por mi adorada hija y su futuro marido. ¡Que el Cielo los colme de bendiciones!
Un aplauso caluroso nació de los amigos reunidos por tan grato acontecimiento.
Joaquín y Clarita, arrobados, luchaban por frenar el dulce impulso de besarse frente a los invitados.
Las notas de un vals, invitó a las parejas a deslizarse románticamente por el salón tenuemente iluminado por cientos de velas.
Los novios abrieron el baile.
Lourdes observaba embelesada el movimiento de los cuerpos al son de la música.
Le llamó la atención la manera en que una mujer, una belleza de cabellos oscuros, acercaba descaradamente los pechos a su compañero. El parecía disfrutar. El...lo miró detenidamente.
"¡No, no puede ser!", se conmocionó.
Lentamente, temblando, se acercó a la pareja. Se plantó delante de ellos impidiéndoles seguir bailando. La mujer y el hombre se sorprendieron ante la extraña actitud.
_ ¡Rafael! ¡Rafa! _ gritó arrojándose en sus brazos.
La música cesó y un silencio profundó se adueñó del lugar. Todas las miradas centradas en ellos.
Bautista, con delicadeza, la separó de él.
_ Rafael, mi amor, ¡estás vivo! _ intentó abrazarlo nuevamente pero él se lo impidió.
_ Perdón señora, mi nombre es Bautista Roldán y lamento decirle que no la conozco.
Una densa oscuridad se apoderó de Lourdes y ya nada tuvo sentido.





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