jueves, 5 de enero de 2017

UN NUEVO AMANECER, Cap.9

"Yo temblaba al mirarte,
 yo temblaba como tiemblan las ramas 
 reflejadas en el agua movida por el viento".  Silvina Ocampo

Lo vio salir nervioso, apenas la saludó, él siempre tan gentil con ella. Poco tardó Amelia en adivinar el destino de Bautista y la ira se apoderó de su corazón.
_ ¡Por Lucifer!, irá a buscar a esa zorra _ maldijo en voz alta sin poder reprimir la furia.
_ ¿Por qué gritas? Candelaria puede oirte _ Imanol, al escuchar a su hermana, salió con presteza de la biblioteca. La zamarreó sujetándola por los brazos para hacerla reaccionar.
_ El imbécil de Bautista pretende encarar a Lourdes. Ha quedado muy perturbado desde la fiesta de compromiso de Joaquín _ rabió.
_ Déjalo, mujer, déjalo; que averigüe _ dijo con calma destapando una botella de brandy, se sirvió una copa y suspiró satisfecho _ Exquisito.
_ ¡Cómo puedes estar tan tranquilo! ¡No lo quiero cerca de esa marrana! _ Amelia, desquiciada, le arrebató la copa de brandy a su hermano y la bebió de un solo trago.
_ Perdiendo la compostura no lograrás tu cometido, hermanita. Aprende de mí, cuando me propongo algo acecho a mi presa con la paciencia de un depredador, estudio sus hábitos, lo vigilo y cuando menos lo espera caigo sobre él y lo devoro _ una sonrisa glacial se abrió paso en su boca de labios finos.
_ Me asustas cuando hablas de esa manera _ instintivamente volvió a servirse otra copa de brandy, el líquido ambarino le quemó la garganta.
Imanol se quebró en caracajadas erizándole la piel a Amelia.
_ ¡Basta Imanol! ¿Imagino que no habrás reincidido en aquello por lo que debimos abandonar España, no? _ Amelia temió lo peor.
_ ¡Cómo se te ocurre!, ¡claro que no! _ aunque al responder ocultó el brillo siniestro de sus ojos.
_ Imanol, siempre te he apañado, esta vez soy yo la que necesita de tu ayuda. Amo a Bautista, ayúdame a conseguirlo.
Amelia, desde pequeña siempre consiguió lo que se proponía. Niña caprichosa, supo enredar con artimaña en sus tretas tanto al padre como a la madre, quienes la consentían y transigían a sus más tontos devaneos.
_¿A cualquier costa? _ inquirió atravesándola con su mirada oscura.
_ A cualquier costa _ fue terminante.


Lourdes creyo morir cuando Lola anunció a Rafael; su corazón, como un tambor enloquecido, la ensordeció.
"¿Qué le diré? ¡Ay Señor, no me desampares!", rogó mientras Mercedes autorizaba a Lola para que lo hiciera pasar.
_ Lo importante en este momento crucial es mantener la calma _ dijo Lorenzo acercándose a Lourdes que estaba pálida como la luna.
_¡Animo hijita!_  Mercedes se colocó en el otro costado de modo que la muchacha quedó escoltada por sus dos bastiones. Eso la tranquilizó y le dio seguridad.
Escucharon espectantes los pasos por la galería dirigiéndose al salón. La puerta vidriada se abrió y el rostro amado aceleró el pulso de Lourdes.
_ Buen día, perdonen mi interrupción, debí avisar con anterioridad _ se excusó, nervioso daba vueltas su sombrero de copa entre sus manos sudorosas.
_ Por favor, es un placer recibirlo en mi casa señor Roldán _ Mercedes se adelantó y con gentileza lo invitó a tomar asiento.
_ Después de las señoras _ dijo turbado ante el escrutiño de Lourdes.
Lourdes se acomodó en el sofá, a su lado Mercedes. Lorenzo y Rafael lo hicieron en los sillones enfrentados a las damas.
Un grito rompió el silencio.
_¿Dónde está? _ Tina, desesperada, pugnaba por deshacerse de Lola que le impedía el paso. Estaba amasando pan en la cocina cuando la negra insensata le dio la noticia.
_ Si me disculpan debo atender un pequeño contratiempo _ Mercedes salió disparada hacia el patio para contener a Tina. Rafael la observó conturbado.
_ ¡Tina, Tina!, calmate. Rafael no puede verte en este estado. Te expliqué que él no recuerda a nadie y que si lo atosigamos puede ser perjudicial para su salud mental._ le habló conduciéndola hasta el patio trasero, lejos del salón. Tina no puso resistencia, sólo lloraba quedamente.
_ Lo sé Mercedes, lo sé. Es que esta situación me desespera. ¿Qué haremos? _ la tristeza la embargaba.
_ Primero quiero que te seques esas lágrimas, que te cambies el vestido...¡ese está lleno de harina! _ el comentario las hizo reír _  y luego te presentas en el salón.
_ ¿Y después? _ preguntó ansiosa.
_ Ni yo lo sé Tina _ respondió atribulada.
Cuando regresó al salón escuchó a Lorenzo conversar animadamente. Entró seguida por Tina.
_ Aquí estás, ¿solucionaste el problema? _ Lorenzo paseó una mirada inquieta de Mercedes a Tina, luego respiró aliviado al ver sonreír a su hermana.
_ Señor Roldán, le presento a la señora Tina, suegra de Lourdes _ se adelantó Lorenzo.
_ Mucho gusto señora _ con gentileza le besó la mano temblorosa que ella le extendió con cierto reparo.
Una vez todos acomodados, la conversación continuó por el derrotero que había iniciado Lorenzo con el fin de romper el hielo.
_ Como le estaba diciendo Bautista, ¿puedo llamarlo así, verdad? _ ante un gesto afirmativo del joven Lorenzo prosiguió explayándose muy jovial _ Con dicha expedición a Sierra Chica nuestro ejército pretende hacer frente a Catriel y Calfulcurá. ¿Usted que opina Bautista?.
_ Pienso que esa expedición será un total fracaso. A los oficiales les falta experiencia y esos caciques son muy taimados _ expresó sin apartar sus ojos de Lourdes.
Mercedes observaba a Lorenzo y a Bautista, dos hombres signados por un destino cruel y violento.
Los años no parecían pasar para Lorenzo, soltero empedernido; apenas unas cuantas canas en las patillas y las sienes, siempre optimista y animoso. Sólo ella, su hermana, conocía su profundo dolor. La vejación sexual y las cicatrices, que surcaban como ríos tortuosos su cuerpo, eran testigos mudos del tormento que padeció en manos de los esbirros de La Mazorca en tiempos de Rosas.
Y Rafael, en apariencia pleno y avasallante, escondía el drama de la incertidumbre, el drama de no saber quien era en realidad.
_ Mercedes, ¡Mercedes!, ¿por dónde andas? _ demandó Lorenzo con energía _ Esta hermana mía otra vez en las nubes. ¡Es una soñadora incorregible! _ le confió riendo a Rafael.
_ ¡Tonto! _ se molestó Mercedes apartando sus pensamientos y volviendo a prestar atención a los que la rodeaban _ ¿Qué me decías?
_ Me contaba Bautista que Sarmiento trabaja en el mismo periódico que él.
_ Que coincidencia. Faustino es un buen amigo nuestro _ afirmó con calidez Mercedes.
_ El también esta organizando una expedición, pero de placer, al Delta _ agregó Bautista un tanto más relajado.
_ Sí, lo sabía...¡si hasta se compró una isla! _ exclamó divertida Mercedes.
Lourdes los escuchaba sin entender que se proponían su tío y su abuela con esa charla superflua, ella deseaba ir al fondo de la cuestión y estaba segura que Tina era de la misma opinión. Decidida intervino.
_ Lamento mucho mi confusión de la otra noche.
Rafael pegó un brinco que intentó disimular sin éxito, cuando habló Lourdes.
_ Imanol ya me ha aclarado la confusión. Me duele que le recuerde tanto a su difunto marido, me duele entristecerla, señora. Por eso he venido, a pedirle perdón.
_ ¿Perdón? _ se extrañó Lourdes ahogando el llanto. Tina, a su lado, le apretó la mano. Ella también estaba desgarrada.
_ No quiero hacerla sufrir _ su voz era tan cálida, era la misma voz que se derramaba sobre ella prometiéndo amarla más allá de la eternidad.
_ Todo lo contrario, su presencia me trae recuerdos felices del hombre que amé. Soy yo la que debo pedirle perdón por incomodarlo, sé que usted también carga con las consecuencias de esa batalla atroz _ arremetió Lourdes queriendo sacarle información.
_ Es verdad, durante la batalla sufrí un golpe en la cabeza que me provocó amnesia. Por eso, cuando usted pensó que me conocía, yo...
_ ¿Usted que creyó? _ se animó a preguntar Tina
_ Creí por un instante que el pasado nos unía...pero, no, no fue así. Las tinieblas se empecinan en habitar mi memoria _ dijo cabizbajo.
_ Hijo, permítame llamarlo de ese modo. Es que se parece tanto a él _ Tina ya no luchaba por contener las lágrimas.
_ Por supuesto señora _ Rafael le sonrió con ternura y Tina frenó el impulso de abrazarlo.
_ Ya verá como un día sorpresivamente los recuerdos comenzarán a aflorar. Tengamos fe _ Tina se propuso en ese momento rezar todas las noches veinte rosarios a la Virgen de Luján para recuperar a su hijo.
_ Señora Lourdes, perdone mi atrevimiento, pero me gustaría saber el nombre de su esposo. La noche de la fiesta con el impacto del encuentro, no entendí como me llamaba _ titubeó.
Lorenzo y Mercedes se removieron nerviosos en sus asientos.
_ Rafael _ dijo escuetamente.
_ Como el arcángel _ reflexionó ante la sorpresa de todos.
Rafael se sentía raro, "¿qué me sucede?", pensó aturdido. "Será mejor que me vaya".
_ Ya los he molestado suficiente, me retiro _ pero en el momento que comenzaba a despedirse de sus anfitriones, la puerta se abrió de repente y dos niños entraron corriendo.
_ ¡Mamita, mamita!, Miguelito me quiere pegar _ chilló Alba refugiándose en el regazo de Lourdes.
_ ¡Mamá, esta gansa me perdió los lápices de colores! _ protestó escudándose enTina.
_ ¡Niños!,¡niños!, un poco de paz. Señor Roldán disculpe el alboroto _ Lourdes abrazó y besó a la pequeña bochinchera.
_ ¿Son sus hijos? _ Rafael se acercó a Miguelito y lo saludó dándole la mano _ Todo un caballerito.
_ Un caballerito pendenciero y una damita revoltosa _ acotó Mercedes
_ ¿Quién es el señor mamita? _ preguntó intrigada Alba mientras hurgaba con un dedo en su nariz.
_ El señor Roldán es un amigo del tío Lorenzo _ los niños no reconocieron a su padre. Eran aún muy pequeños cuando sucedió la supuesta muerte de Rafael. Además la tupida barba castaña escondía sus rasgos.
_ Bautista, ¿almuerza con nosotros?. Tomasa, nuestra cocinera, hizo un guiso de conejo exquisito _ lo animó Mercedes. Lourdes y Tina sonrieron complacidas con la propuesta.
_ Lamento declinar la invitación. La señorita Amelia, la prima de Joaquín, me espera._ esquivó la invitación.
"¿Amelia?Ah, sí, la hermosa morena que lo acompañaba en la fiesta. ¿Existirá algo entre ellos?" temió Lourdes y la desolación se adueñó de su alma.








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