viernes, 5 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y ...ROSAS, Cap 13

"...gastándonos los labios
 de besarnos el alma,
 quemándonos la vida.
 Así llegaste al mundo".    Pablo Neruda



Desayunó con apetito voraz. Tomasa, la cocinera, sonrió complacida; su niña volvía a ser la de antes, risueña, afable... llena de luz.
Más tarde buscó a su abuela. La encontró regando los canteros de sus flores predilectas, las margaritas.
_ Abuela, acompáñame a visitar el cuarto de mi madre. Es importante para mí._ el entusiasmo la delataba.
_ Vamos, querida.
Mercedes estaba tan ansiosa como Lourdes, deseaba ver la expresión de su nieta al descubrir las huellas de su madre. "El pasado nunca nos abandona, a veces regresa con crueldad; otras, con la magia del amor", reflexionó con melancolía.
Al entrar, una fragancia dulce y balsámica, les dio la bienvenida. "Ambar, el perfume dilecto de Consuelo", le dijo con un nudo en la garganta.
Lourdes corrió las cortinas de lino y el sol, atrevido, iluminó cada rincón, cada capítulo de una vida sencilla y apasionada.
Un mueble de caoba captó su atención.
_ Se llama "work-table". Un regalo de Alonso para su hija. Lo consiguió de contrabando, traído directamente de Londres. ¡Que no hacía él por su hija adorada!...todo, menos perdonar _ terminó Mercedes con resentimiento.
_ Que el rencor no empañe este momento, abuela. _ le rogó con templanza.
_ Tienes razón. Pero mira, en el work-table Consuelo guardaba sus hilos de seda. Le encantaba bordar, era una experta, ¿sabes?
_ Creo que yo no heredé esa cualidad _ ambas rieron del comentario divertido y acertado.
Lourdes revolvió curiosa el contenido de los cajones del singular mueble. La sorprendió el hallazgo de un libro de cuero oscuro, oculto debajo de un mantel exquisitamente bordado.
_ Un diario, abuela. ¿Puedo leerlo?
_ Por supuesto, ella lo ha escrito para ti. Te dejo sola. Esto es entre tu madre y tú._ la besó en la coronilla y se retiró.
Se acomodó en una poltrona de terciopelo bermellón. Se liberó de sus chapines, "leer descalza es la gloria", se dijo con picardía.
Contuvo la respiración ante la dedicatoria:
"Para mi hija: Siempre supe que serías una niña, una pequeñita de cabello dorado, con muchos rulos y rebelde, como el de tío Lorenzo. ¡Como te costará dominarlo!...y tus ojos, seguramente serán de un verde intenso, atrevidos, como los de tu padre.
Siento latir tu corazoncito en mis entrañas y me estremezco de amor. Nada importa, ni el rechazo de tu padre ni la furia de tu abuelo ni el escándalo que protagonizó mi desvergüenza.
Me da pena mi madre, sé que me quiere, pero es débil y le teme a mi padre. A pesar de sus miedos, logró cobijarme en un sitio seguro. Así que acá estoy, en el Convento de las Catalinas.

Mi tía Carmen, la priora, apenas repara en mí. Es una mujer agria y soberbia que nada tiene de santa. Nunca se me acerca, nunca me dirige la palabra, nunca me sonríe. ¡Mujer mezquina!. Sé que mi madre la detesta y con razón.
Sin embargo, Dios es bondadoso y me ha enviado un ángel para que cuide de nosotras. Se llama Tina, compartimos la misma celda. Es una donada, una sirvienta de las monjas. Las donadas pertenecen a los sectores más bajos de la sociedad, son las rechazadas y aquí encuentran un refugio. En esto nos parecemos. Tina tiene una historia amarga, algún día te la contará.

Pocas veces salgo de mi celda. Allí me siento segura. Si lo hago es para ir al refectorio a tomar las comidas. Ni te imaginas lo lúgubre que son esos momentos. La tía Carmen, con su rostro avinagrado, preside todas las mesas. Comemos en silencio, sólo lo interrumpe la lectura de algún pasaje de la Biblia que una monja realiza con reverencia desde un púlpito.
Fuera de eso, disfruto pasear por el patio en las tardes soleadas y cálidas. Me adormece escuchar el murmullo del agua que brota de una magnífica fuente que engalana el lugar.

Le soy indiferente a las monjas, mujeres matan el día con rezos y meditaciones. Ellas tienen a su Dios, yo te tengo a ti. Cuando me gana la tristeza, pongo mis manos en mi vientre abultado, y al sentir tus fuertes pataditas, la alegría vuelve a nacer en mi corazón.

Desearía compartir este milagro con tu padre, pero es imposible. Ojalá el destino permita que algún día lo conozcas. Por favor, no lo juzgues, estoy segura que me amó. Yo ya lo perdoné.

Sé que Josefa ha preguntado por nosotras varias veces, me lo ha contado Tina, que siempre está atenta a los comentarios de las monjas. Mi buena Josefa, mi fiel compañera.

Hoy he recibido una carta de mi madre. En ella me cuenta que mi padre no está bien de salud. ¡Que disgusto le he dado! Es un gran hombre. Me quiere, pero su orgullo puede más. Al principio lo odié y deseé su muerte, ahora me arrepiento. Lo quiero muchísimo. Cada vez que regresaba de sus viajes al interior del país, me obsequiaba con holgura. Recuerdo la noche que entró a mi dormitorio oculto tras una enorme caja envuelta en papel de seda verde. Con el entusiasmo de mis diez años, desgarré el envoltorio y ante mí apareció una preciosa muñeca de porcelana. Su vestido estaba confeccionado con muselina amarilla, tules y puntillas blancas. Lucía muy oronda, unas botitas de cuero negro. Su cabello castaño, estaba adornado con una vincha de flores. La tengo guardada en el armario, ahora es tuya, mi querida.

La otra tarde, sacando cuentas con Tina, concluímos que llegarás a mediados de febrero. El día once de ese mes se celebra a Nuestra Señora de Lourdes. Me gusta como suena...Lourdes. ¡Ese será tu nombre! Lourdes. Espero que concuerdes con mi elección.
¡Ay Lourdes!, no veo el instante de acunarte en mis brazos, de llenar de besos tus mejillas de rosa.

¡Como vuela el tiempo! Falta poco para conocer tu carita. ¡Que va a ser de nosotras! ¿A dónde iremos?

Hoy te haré un juramento: nunca nos separarán, jamás lo permitiré. Tina nos ayudará, me lo ha prometido. Además confío en mi madre, ella no nos abandonará. Seré fuerte por ti, mi niña bonita.

Hoy desperté con una molestia en la cintura. Por momentos el vientre se pone duro como una roca. Tina está a mi lado. Parece que empecé con el trabajo de parto. No voy a poder seguir escribiendo, así que hasta aquí mi crónica de lo que he vivido en esta prisión dulcificada por tu presencia. Recuerda siempre que mi vida te pertenece; tú eres mi esperanza, Lourdes.
Un consejo de madre: defiende tus convicciones, no le concedas a otro decidir por ti; no silencies tus sentimientos y escucha siempre a tu corazón, él nunca se equivoca.

Un velo de lágrimas empañó la mirada de Lourdes. "Voy a luchar por lo que quiero, sin importar a quien me enfrente", decidió con valentía, "Lo haré para honrar tu memoria, madre".
Con un silencio reverencial abandonó la habitación, y pensativa, descansó bajo la sombra del naranjo, apoyada en el broquel del aljibe.
"Me comunicaré con Rafa, le pediré perdón; si es necesario, me humillaré. Debo recuperarlo".
Determinada, fue hasta la huerta. Entre zanahorias y coles, divisó a Lola.
_ ¡Ven rápido! _ la llamó con urgencia.
_ Mande, niña. ¿Pa' que me precisa? _ la negra se limpio el sudor con el ruedo del delantal; a sus pies, una canasta repleta de hortalizas.
_ Ve, ya mismo, a la Recova. A esta hora Rafael hace su ronda de vigilancia. Búscalo y dile que me apremia hablar con él.
_ Y si no quiere.
_ Ruega, suplica, pero consigue que acepte. ¡Ah!, y ni se te ocurra mencionarle la nota de su padrino, ¿comprendido?
_ Sí, niña. Ya mesmo voy.
"Creo que va a rechazar mi pedido. Anoche estaba fuera de sí. ¡Dios mío, que venga, que venga!".







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