sábado, 6 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 14


"Tan dulces dos palabras
 Tan dulces y tan mansas
 que aceite de rosas 
 sobre el cuerpo derraman".    Alfonsina Storni.




Llegando a la Recova, Lola se cruzó con Jovita que regresaba de comprar unas puntillas para doña Francisca.
_ Lola, ¿qué hacés por acá? _ le preguntó con suspicacia.
_ Nada que te interese, ¡negra metida!.
_ ¡Eeeh!, ¡que humor de perros! Si no me queré decir ta' güeno. Adiós._ se despidió altanera.+
Jovita, ofendida, siguió su camino; aunque se escondió taimadamente en uno de los pequeños comercios aledaños y esperó con paciencia. "Esa negrita ladina algo se trae entre manos", bufó, "Don Cuitiño siguro se va alegrar si averiguo algo picantito de la niña pitucona. Últimamente anda como loco el muy maldito".
Lola se cercioró que Jovita no la estuviera siguiendo. Satisfecha al no ver moros en la costa, se dispuso a esperar al amito Rafael.
Erguido en su montura, perdido en sus pensamientos, el mazorquero pasó delante de ella. Lola lo interceptó con recelo; él, sorprendido, detuvo con brusquedad a Moro, su caballo lobuno.
_ ¿Qué quieres Lola? _ el corazón de Rafael dio un brinco al suponer el arrepentimiento de Lourdes, igualmente se mostró duro.
_ Dice la niña si se da una vuelta por las casas esta noche _ tartamudeó.
_ No puedo _ fue drástico _ Esta noche asistiré a la tertulia que ofrece Benita Anchorena.
_ Joven, por favor, mi niña está muy triste...¡y todo por la culpa de su padrino! _ se le escapó.
_ ¿Qué dices negra mentirosa y ladina? _ se enfureció
_ Mire, joven, ladina no sé que significa, pero mentirosa no soy. La otra tarde la niña recibió un mensaje de su padrino en donde la amenazaba con matar a su tío Lorenzo si no le dejaba a usté. Nunca miento, ¿sabe mocito? _ se indignó.
Rafael quedó confundido. ¿Qué decía la negrita entrometida?. ¿Su padrino amenazando a Lourdes? ¿Cómo? Si él no estaba al tanto de su relación con Lourdes. ¿Cómo se había enterado?
"¡Que tonto!, la Mazorca es omnipresente. Tiene ojos y oídos en todas partes".
_ Dile a tu ama que allí estaré _ tiró de las riendas y Moro salió a todo galope hacia el cuartel. Algo averiguaría, se propuso con resquemor.
Lola, por su parte, se apresuró a comunicar la respuesta a Lourdes. Ella la esperaba acongojada en el portón que daba a la calle de la Santísima Trinidad. Cuando la vio llegar, el corazón le dio un vuelco.
_ ¿Qué te ha dicho? _ temió el rechazo.
_ Va a venir niña, hoy a la nochecita está por acá, no ma'._ los dientes blancos de la negra asomaban intrépidos en su gran sonrisa.
lourdes sintió que sus piernas se aflojaban. "Viene", suspiró agradecida a su madre, "Escuchaste mis ruegos y no me defraudaste. Gracias madrecita".
Rafael, en cambio, estaba desconcertado. Miró con recelo a Cuitiño que en ese momento firmaba unos documentos. "¿Cómo lo encaro?"
_ Padrino, mañana a la madrugada salgo para Entre Ríos.
_ Y pa' que, si puede saberse...
_ El hermano de don Juan Manuel, el General Prudencio, me encomendó una carta para Urquiza con carácter de urgencia_ mintió con descaro.
_ Que raro, no estoy al tanto.
_ Ya sabe lo discreto que es don Prudencio, confía en unos pocos...entre ellos, usted, por supuesto. Ya verá que en el trascurso del día lo notifica.
_ Puede ser _ dudó Cuitiño.
_ Se me hace tarde. Cuando regrese seguramente le pueda aclarar más el asunto. Hata la vuelta padrino.
_ Ta' güeno. Vaya no más y cuídese muchacho.
El argumento de Rafael no convenció a Cuitiño. "Este mozo me está metiendo un verso", rumió desconfiado.
_ ¡Goyo! ¡Goyo!
_ A sus órdenes mi Coronel _ sin saber donde tirar la colilla del cigarro que fumaba sin autorización, se lo tragó poniéndose rojo como la grana.
_¡Déjese de pitar y ponga atención. Siga a Rafael, pero ¡ojo!, sin que se de cuente. Prepárece, mañana al amanecer se pone en marcha pa´Entre Ríos. A la guelta me informa al detalle sus movimientos.
_ Entendido mi Coronel _ Goyo permaneció parado como una estaca esperando alguna directiva más.
_ ¿Qué espera Goyo? Desentume las tabas y salga de mi vista, ¡ahora! _ ladró colérico.
"Rafael, ¿así que se cree más astuto que yo?, ¡que lo parió!, ya veremos...", con suspicacia se mesó los espesos bigotes.
Llegada la noche, Lourdes se paseaba por el patio trasero con los nervios en vilo. "No vendrá", se lamentaba.
Se alertó al escuchar los cascos de un caballo que se aproximaba al trote. Se apuró a abrir la puerta y ahí estaba él. Ella le tomó la mano y lo hizo pasar. El, serio, intentaba frenar sus deseos de sofocarla con besos.
Alguien debía quebrar el silencio. Ella no encontraba las palabras correctas; él, por orgullo, permanecería mudo...expectante.
_ Rafael, ayer te mentí _ logró decir.
_ Lourdes, estoy cansado de tus caprichos, de tus idas y vueltas. Hoy me quieres, mañana me detestas. ¿Qué quieres de mí? Decídete. Yo también tengo planes. Te repito, ¿qué quieres de mí? Date prisa que Benita me aguarda y no deseo que se enfada por mi tardanza.
_ ¿Benita?_ taratamudeó Lourdes.
Rafael se odió por herirla, pero sus ansias de venganza pudieron más.
No toleró su llanto ahogado, la angustia reflejada en sus ojos esmeralda y la abrazó con tanta fuerza que casi le cortó la respiración.
_ Benita no me espera, ni sé quien es. Lo dije para darte celos, para hacerte sufrir. Perdóname, soy un patán. Perdóname, tú eres mi cielo, sólo en ti encuentro la paz.
_ Ay Rafa, como se complica todo.
_ ¿Por qué me has ocultado la nota amenazante de mi padrino? _ le recriminó con ternura.
_ ¿Quién te lo ha dicho? Seguro fue la lengua larga de Lola.
_ Lourdes, debes confiar en mí.
_ Él me prohibió que te lo dijera. Estoy aterrada, Rafael, la vida de mi tío Lorenzo está en peligro _ lloró sobre su hombro.
_ Tranquilízate, nada malo le ocurrirá a don Lorenzo, te lo garantizo. ¡Confía en mí, amor!...Lourdes, ¿me quieres?.
_ Con todo mi corazón.
_ Perdóname por haberte llamado bastarda. Fui grosero y cruel, quería lastimarte. A veces hago y digo cosas de las que después me avergüenzo _ amagó con develar la verdad que latía en sus entrañas. "Torturé y asesiné, sintiéndome orgulloso de semejantes actos de violencia", quiso que ella conociera la carroña que albergaba su espíritu, pero no pudo hacerlo. "Soy un cobarde, no puedo perderla".
Lourdes, ajena a sus oscuros pensamientos, lo besó con timidez, pero él se apoderó con furia de la boca que que lo tenía hechizado, tomó el labio superior de ella y lo mordió con suavidad,  los cuerpos trepidantes,buscando ansiosos la intimidad de placer.
_ Rafa, por favor _ Lourdes intentó separar sus cuerpos, él se lo impidió.
_ Cásate conmigo, hoy...ya mismo. Huyamos, en Dolores está todavía el rancho de mamá Pancha. Allí nos refugiaremos y el padre Fermín, mi querido maestro, nos casará. ¿Estás de acuerdo? _ la alentó.
_ No voy a huir Rafa. Mi abuela nos apoya, ella sabe que tú eres mi felicidad y no se opondrá a nuestra relación. Hablemos con ella, ven.
Tomados de la mano cruzaron dos patios. Pasaron delante de la cocina, desierta a esas altas horas de la noche; por el galpón destinado a la fabricación casera de velas y cuando por fin alcanzaron el primer patio, en puntillas se acercaron al dormitorio de Mercedes.
_ Estará durmiendo, no la molestemos _ se acobardó Rafael.
_ Sé que nos espera _ dio unos golpecitos a la puerta y una voz queda los invitó pasar.
Mercedes estaba descansando en un cómodo sillón ubicado cerca de la enorme cama con baldaquín.
Fijó su mirada somnolienta en el apuesto joven que abrazaba posesivamente a su nieta y sonrió complacida.
_ Así que tú eres Rafael, el causante de la tormenta que vivimos _ quiso parecer agradable, pero sonó a reproche.
_ Doña Mercedes, es un honor para mí conocerla. No es mi intención causar problemas, yo sólo amo a su nieta y estoy dispuesto a protegerla con mi vida.
_ No lo dudo Rafael. Los tiempos que corren son turbulentos, por eso tiemblo al pensar en el futuro de mi nieta. Y conociendo a tu padrino...
_ Es verdad, mi padrino es un hombre sanguinario. Su fidelidad al Gobernador excede la sensatez. Le confieso, yo también deseo escapar del círculo de violencia y muerte que lo circunda. Por otra parte, le debo mi vida, me salvó de una muerte segura siendo yo un crío. Me une a él un gran afecto, pero no permitiré que dañe a Lourdes o a su familia. Se lo juro doña Mercedes.
Los sentimientos profundos de Rafael convencieron a Mercedes. "La ama, lo veo en sus ojos".
_ Te confío a Lourdes, ella es mi tesoro, hazla feliz _ con rapidez secó las lágrimas que desobedientes desbordaron de sus cansados ojos._ ¿Cuál es tu plan? Aquí no pueden quedarse, él los encontraría y sería un desastre. Cuitiño odia a los Escalante, algún día sabrás el porqué. Hoy apremia que se marchen.
_ Nos vamos a Dolores, un cura amigo nos casará y nos ayudará a pasar a la otra orilla. En Montevideo estaremos a salvo de las garras de la Mazorca._ Rafael fue contundente, esto tranquilizó a Mercedes.
_ Pero abuela, ¿que será de tío Lorenzo? Y si Cuitiño lo apresa, y si lo mata..._ lloró.
_ No te preocupes por Lorenzo. Es un hueso duro de roer. Él también escapará. Tenemos contactos que se solidarizan en estos casos. Te aseguro, pequeña, saldremos adelante.
_ Y usted, abuela, sola en esta casa, sin protección.
_ Querida, a quien le interesa una vieja que de política no entiende ni pizca _ Lourdes no pudo evitar sonreír al ver como su abuela le guiñaba un ojo. Doña Mercedes Escalante de Aguirrezabala tenía la mejor red de información política del país y del entorno de Rosas. Lorenzo no era su único informante. Desde la muerte de su marido aprendió a valerse por sí misma, negándose a depender de otro hombre. Debía cuidar su patrimonio, por ella y por su nieta.
_ Bueno, es hora de que se pongan en camino. Las calles están desiertas, aprovechen la ocasión._ los apuró.
_ Primero debo preparar un bolso con algo de ropa _ se preocupó Lourdes.
_ Tina ya te empacó lo imprescindible, incluída una sorpresa.
_ ¿Como sabías que nos marcharíamos esta noche? _ preguntó desconcertada.
_ ¿No sabías que no existe mejor espía que tu abuela? _ bromeó Mercedes._ Se fuerte mi chiquita, ya has elegido tu camino, ahora tienes que afrontarlo con coraje. Yo siempre estaré a tu lado. Te quiero Lourdes. Y tú Rafael, ¡cuídala!.
_ Con mi vida, doña Mercedes.






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