miércoles, 3 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS. Cap 12

"Las abandonadas son fruta caída
 del árbol frondoso y alto de la vida
 son, más que caída, fruta derribada
 por un beso artero como pedrada".   Julio Sesto


Cabizbaja, con paso cansino y envuelta en una nebulosa asfixiante, alcanzó su habitación.
Mercedes la esperaba.
_ ¡Abuela!, ¿qué haces despierta? Es muy tarde.
_ Lo mismo te pregunto.
_ Estuve con Rafael. Terminamos.
Lourdes se desplomó sobre un sillón y se permitió llorar hasta desfallecer. Mercedes permaneció en silencio, el corazón partido. "Amores prohibidos, amores dañinos", pensó turbada.
Arrimó una silla cerca de su nieta y le tomó las manos, tan blancas, tan delicadas.
_ Cuéntame querida.
_ Fue horrible, abuela. En un momento Rafael se violentó. Jamás lo vi antes de esa manera. Me llamó bastarda, abuela, ¡bastarda!
_ ¡Que infamia!_ Mercedes trató de disimular su sorpresa, pero su empeño no bastó; Lourdes captó la incomodidad de la mujer.
_ Abuela, necesito la verdad. ¿Es verdad que soy una bastarda? ¿Por qué cada vez que le pido que me cuente sobre mi padre, me rehuye? De la misma forma reacciona el tío Lorenzo. ¿Qué me esconden?¿Por qué mi apellido es igual al de mi madre? Ya no me conforma el cuento infantil de que se casó con un primo hermano.¡Quiero la verdad!, no me la niegue, es mi derecho saber...
_ Mi mayor deseo fue mantenerte alejada de toda maledicencia, pero veo que fracasé._ contestó resignada.
_ Abuelita, ya soy una mujer, no puedo seguir viviendo en un castillo de cristal. Es hora de enfrentar la realidad, estoy dispuesta a hacerlo...¡quiero hacerlo!
Mercedes sonrió con pesar, se sentía tan cansada...
_ Tu madre nunca se cansó. Tu padre no murió combatiendo con las tropas de Dorrego contra Lavalle. Él vive y no sé quién es. Consuelo nunca nos reveló el nombre del hombre que la sedujo para después abandonarla. Sólo sé que era casado, ella no lo sabía, él la engañó. Tu abuelo, al enterarse, se enfureció y la echó de casa. Mi hermana, la monja, la recibió en el convento de las Catalinas, allí naciste. Tina asistió a tu madre en el parto. Ella te protegió y cuidó al morir Consuelo.
_ ¿Por qué me lo ocultaste?
_ Ya te lo he dicho. No deseaba que sufrieras, suficiente fue que crecieras sin el cariño de una madre. Además... _ dudó en continuar.
_ Además,¿qué?
_ Temía que me rechazaras. Fui una cobarde, Lourdes, no supe defender a tu madre delante de Alonso, permití que la echara como a un perro. La abandoné, ¡la abandoné!...Consuelo vivió su embarazo alejada de mí, huérfana de cariño. Ella, la niña mimada y consentida. Nunca la visité, tu abuelo me vigilaba, controlaba mis salidas._ revivir la historia la aniquiló.
_ Abuela, no se culpe, usted hizo lo que pudo _ cariñosamente le secó las lágrimas con su mantilla _ La tía Matilde seguramente estuvo al lado de mi madre consolándola y brindándole contención.
_ ¿Mi hermana?, ¡ja!, mi piadosa hermana la despreció desde el momento en que pisó el convento. Nunca se acercó a Consuelo, la gran pecadora. ¡Gracias a Dios estaba Tina! El, en su infinita misericordia, la puso en el camino de tu madre. La vergüenza y los remordimientos, me persiguen desde entonces. Perdóname Lourdes, no fue mi intención mentirte, sólo quise protegerte. Tu presencia en mi vida es el perdón de Consuelo, eres una parte de ella, mi queridísima Lourdes.
"Si me desprecia, me lo merezco", pensó angustiada.
_ Abuela, usted es la madre que nunca conocí. En esta casa crecí rodeada de amor y hasta hoy, desconocía el dolor. Dolor por el abandono que sufrió mi madre, dolor por el rechazo de mi padre y de mi abuelo; dolor por los prejuicios, que asesinan como si fueran armas de fuego. Usted fue una víctima, abuela, como lo fue mi madre. ¡La quiero con toda mi alma! _ se abrazaron embargadas por la emoción.
_ Mi niña linda, mi niña bonita...eres tan madura, tan generosa...
Permanecieron abrazadas y en silencio, escuchando el latir acompasado de sus corazones.
_ Lourdes, si lo amas, defiénde ese sentimiento.
_ No la entiendo abuela _ Lourdes comenzó a ilusionarse.
_ Te ayudaré con Rafael, ¿ese es su nombre,no? Se lo debo a Consuelo _ dijo con convicción.
_ ¡Gracias abuela! _ le dio un beso con tanta fuerza que casi la derriba de la silla _ Aunque será difícil, nos dijimos cosas terribles.
_ ¡Tonterías! El despecho nos hace pronunciar palabras crueles. Esperemos que se calme y luego, ya verás, todo se solucionará. ¿Por qué ese ceño fruncido, pequeña?
_ Hay algo que no le conté. Hoy recibí una nota de Ciriaco Cuitiño. Me amenaza con asesinar a tío Lorenzo si no rompo con Rafael.
_ ¡Desgraciado! ¿Así que revolviendo en la basura del pasado?...Hay que avisarle inmediatamente a Lorenzo, debe tomar precauciones...y no te amargues, querida, tu amor por Rafael nada tiene que ver con esta inquina de Cuitiño hacia Lorenzo. Cuando ese mal nacido se ensaña con alguien no se detiene hasta eliminarlo. Lorenzo debe escapar sin demora. Ya mismo enviaré a Domingo para advertirle del peligro que lo acecha. Pero antes, toma, es la llave del dormitorio de Consuelo, te pertenece.
La cara de sorpresa de Lourdes la hizo reír.
_ Desde niña me intrigó esa habitación siempre cerrada. Le confieso que muchas veces intenté forzar la cerradura, la curiosidad me carcomía...Bueno, me carcome.
_ Me alegra verte de mejor ánimo. No existe embrollo que no tenga solución. ¡Confiemos! Y ahora, ¡a dormir mi princesa!
La ayudó a desvestirse, la arropó y la besó con ternura en ambas mejillas. Se despidió diciéndole:
_ Mañana, al trasponer la puerta de la habitación de Consuelo, todos sus recuerdos y secretos te pertenecerán por derecho. Conocerás a una mujer valiente que te amó y defendió sin que le importara ser humillada y despreciada.
El sueño la tomó desprevenida. Unas manos amorosas la acunaban, y una voz dulce como la miel, le susurraba al oído palabras de esperanza.





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