jueves, 11 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 17

"Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. Él nos hará"  Julio Cortázar


Petrona, la esposa de Eulogio, el sacristán, contemplaba maravillada a Lourdes.
_ Parece un ángel, señorita.
_ ¿De veras, Petrona? ¿Le gustaré a Rafael?_ los nervios y la preocupación la consumían.
Al atardecer, cuando el padre Fermín los dejó para celebrar misa, Petrona apareció en el rancho de doña Francisca para ofrecer sus servicios.
_ Si gusta la señorita, yo la ayudo a prepararse pa' el casorio_ se ofreció con gentileza.
_ Me gustaría mucho. Gracias Petrona
_ Entonces vo, Rafa, andate pa' la capilla ahora mesmo que yo me encargo de acompañarla cuando estea lista. El novio recién puede ver a la novia en el altar. Así que andate no ma', pue'.
Rafael, de mal humor, aceptó dejar a Lourdes. Apenas pudo besarla porque la entrometida mujer lo empujó hasta la puerta y se la cerró en las narices.
_ Mire que es brava Eulogia _  rió Lourdes disfrutando del enfado de Rafael.
_ A mí nadies se me retoba, sino preguntele a mis siete hijos. Los tengo bien cortitos y al Eulogio, ¡también!
_ Ya veo _ se asombró Lourdes divertida.
_ Bueno y ahora manos a la masa. ¿Qué se va a poner?_ miró con curiosidad el bolso abierto que estaba sobre la mesa.
Lourdes con mucho cuidado, extendió sobre una silla el vestido de tul y encaje color crema que Mercedes guardó en el equipaje para sorprenderla. Una esquela decía: "Fue de tu madre. Cuando lo luzcas Consuelo y yo estaremos junto a ti".
Petrona pasó su mano con reverencia sobre el delicado género.
_ Es una belleza, señorita _  nunca había visto algo parecido.
El vestido le sentó a la perfección. Como no había un espejo en el rancho se conformó con la aprobación de Petrona que no cesaba de elogiarla.
_ El Rafa se va a derretir cuando la vea aparecer. ¡Parece un ángel, señorita, un ángel!_ le repetía mientras la peinaba.
El cabello le caía suelto hasta la cintura. Petrona observó con detenimiento el peinado, "Acá falta algo", pensó.
_ Enseguidita vuelvo señorita _ y desapareció con rapidez dejando a Lourdes intrigada.
Al rato regresó cargada de flores.
_ Son de mi jardín y el de mi vecina, doña Rufina.
En un santiamén, con gran habilidad, le tejió una corona de margaritas.
_ Una corona pa' la novia más hermosa que ha tenido el pueblo de Dolores. Y pa' completar el atuendo...¡un ramo de flores!_ con una cinta de seda azul que encontró entre las pertenencias de Lourdes, anudó un ramo compuesto por anémonas y crisantemos. En el medio, destacaba una rosa malva.
_ Es precioso Petrona, muchas gracias _ se emocionó. Esa mujer sencilla y generosa hacía menos penosa la ausencia de su abuela en el momento más importante de su vida.
_ ¿Sabe cuál es el significado de estas flores, Lourdes?
_ No, me gustaría saberlo.
_ Las anémonas y la rosa malva son flores misteriosas, flores mágicas que auguran amor eterno.Me lo contó mi abuela que de leyendas sabía mucho _ dijo con orgullo.
Lourdes la abrazó agradecida.
Rafael enmudeció al ver avanzar a Lourdes hacia el altar. Él la esperaba nervioso junto al padre Fermín.
"No permitiré que me aparten de esta mujer, lo juro ante Dios". La tomó del brazo y con delicadeza la besó en la mejilla. Ella se ruborizó.
Una joven rebosante de ilusiones y un joven temerario, dueño de un coraje inquebrantable, unieron sus vidas solemnemente en una noche de luna llena. Cuentan los que saben que la luna llena actúa como un afrodisíaco invitando al amor. Es una noche preñada de sortilegios.
Rafael sacó de su bolsillo una bolsita de terciopelo negro y para asombro de Lourdes, extrajo de ella un anillo de plata con un engarce de malaquita verde agua.
_ ¡Rafael! Nunca imaginé...
Le deslizó el anillo en el dedo del corazón y con un beso profundo, acuciante, sellaron su pacto de amor.
Luego de brindar con el padre Fermín, Eulogio, Petrona y "el Chinito", regresaron caminando al rancho.
La tensión sexual crecía entre ellos torturando sus sentidos. Los cuerpos clamaban, rogaban unirse.
Se deshicieron de las ropas con velocidad. Rafael se aferró a ella con fuerza, atrapándola entre sus brazos tratando de no lastimar la piel cremosa que lo encendía hasta el delirio.
Con movimientos precisos estimuló a Lourdes que creyó derretirse. Gritó pidiendo más...y más.
Rafael la saboreó como si fuera una fruta jugosa y se embriagó con su humedad. Lourdes gemía y se retorcía. Él se movía dentro de ella como un poseído. El placer era implacable.
Y de repente el orgasmo los atravesó como un rayo potente.
Exhaustos, descansaron con los cuerpos enredados.
"Mía, sólo mía", pensó él. "Soy feliz, muy feliz", pensó ella.
Ella, serena, soñó con el hombre que la amaba.
El, agitado, soñó que lo perseguían...lo atrapaban...luchaba por liberarse...entonces gritaba el nombre de ella ...y ella le daba la espalda.

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