sábado, 13 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 18

"Vivir sin tus caricias
 es mucho desamparo.
 Vivir sin tus palabras
 es mucha soledad.
 Vivir sin tu amoroso mirar
 es mucha oscuridad".        Amado Nervo


La semana que se tomaron los enamorados para disfrutarse antes de la huida a Chile pasó volando y el día más temido para Rafael, llegó.
_ Lourdes, deja de empacar y escucha, tengo que decirte algo muy importante _ un sudor frío lo atravesó.
_ No me asustes Rafael, ¿qué pasa?, ¿acaso tu padrino...? _ el terror la hizo palidecer.
_ No, no, nada de eso.
_ Entonces..._ se preocupó, lo notaba sumamente nervioso.
_ Te amo Lourdes, haría cualquier cosa por ti.
_ Ya lo sé, yo también te amo _ con ternura le acarició la mejilla. El le tomó la mano y  la besó.
_ Dime, amor, ¿qué te intranquiliza?
_ Que me desprecies.
_ Eso, nunca _ la muchacha estaba perpleja.
_ Te mentí Lourdes, por miedo, por cobardía te oculté una verdad atroz.
_ Rafa, ahora sí me asustas.
_ Formé parte de la Mazorca. Torturé y asesiné. Fue otro tiempo, otra vida, ¡perdóname!_ se derrumbó al notar miedo en la mirada de su esposa.
Lourdes sintió que todo giraba a su alrededor. Había unido su vida a un mazorquero, un hombre vil y sanguinario, un lobo oculto en una piel de cordero.
En silencio, terminó de hacer el bolso. En silencio montó sobre la yegua moteada. Nunca lo miró.
_ Mi amor, por favor, dí algo. Grítame, pégame, pero haz algo _  Rafael creía morir, el mundo se desmoronaba.
_ Ya no soy tu amor. Me has engañado ruinmente. Vuelvo a Buenos Aires _ la furia de su mirada hirió de muerte a Rafael.
_ Esta bien, regresemos a Buenos Aires, pero convéncete, tú eres mía, ¡sólo mía! _ lo dijo desatando la violencia que supuso había dominado. Se abalanzó sobre ella con la intención de doblegarla con besos y caricias. Ella, asustada, lo rechazó aunque le gritó con furia:
_ Yo no te pertenezco, no a un miserable federal, asesino de tanta gente inocente. ¡No me toques!, ¡no te atrevas a hacerlo, mentiroso! _ le escupió irascible.
Rafael se mantuvo apartado de ella el resto de la mañana. Lourdes no volvió a dirigirle la palabra.
Antes del mediodía abandonaron el rancho envarados, distanciados. Pasaron por la capilla para despedirse del padre Fermín. Lourdes agradeció no encontrarlo, no estaba de humor para dar explicaciones.
_ El padrecito se jué a dar la estremaución a un viejo que está en las última _ les detalló Petrona.
_ Siempre recordaré lo buena que fue conmigo, Petrona .
_ Ni lo mencione señorita, pa´ mi fue una alegría _ contestó con sencillez.
Petrona los vio alejarse y presintió que algo malo estaba pasando. "Cuando el padrecito lo sepa, siguro lo va arreglar", se tranquilizó.
El viaje de regreso fue un calvario para Lourdes. Deseaba llegar cuanto antes a su casa y refugiarse en el abrazo cálido de Mercedes. "¿Por qué no seguí tu consejo abuela? ¿Por qué le creí a Rafael? ¡Tonta, mil veces tonta!", reflexionaba mientras lloraba y maldecía.
Rafael, abatido, sólo pensaba en la forma de recuperarla.
Pararon en una pulpería para comer y descansar. Ella durmió en un cuarto con olor a moho, sola.
El le hizo compañía a los caballos en un galpón que se venía abajo.
Ninguno durmió.
Cuando llegaron a Buenos Aires, Lourdes respiró aliviada. "Por fin llegamos, no quiero volver a verlo...¡jamás!", se torturó.
Él intentó ayudarla a desmontar, ella se negó.
_ ¡No me toques! ¡Vete! No te quiero en mi vida, ¡vete ya! _ fue cortante, seca.
_ Te amo Lourdes, en eso nunca mentí._ ahogó el llanto, "los hombres no lloran", las palabras del padrino resonaban en su memoria. ¡Que frase absurda le parecía en ese momento!
_ ¡Vete!, olvídame. Yo ya te olvidé _ dijo clavándole una espada en el corazón.
Esperó hasta verla entrar.
_ ¡Niña Lourdes! _ Lola se le colgó del cuello llorando desconsoladamente.
_ ¿Qué pasa Lola?, ¿la abuela enfermó? ¡Deja de llorar y contesta! _ le gritó entre asustada y enojada.
_ Se...se llevaron al don Lorenzo.
_ ¿Qué? ¿Quiénes? _ aunque ya sabía la respuesta.
_ ¡Ellos! _ con un dedo tembloroso señaló a Rafael que las observaba de lejos.
Lourdes volteó la mirada y en ese instante se desvaneció. Rafael, rápido como una flecha, alcanzó a atraparla antes de que cayera sobre la calle embarrada. La cargó en brazos hasta la sala.
_ ¡Lourdes! ¡Rafael!, ¿qué ha sucedido? ¡Santo Dios!, acuéstala en este sillón _ Mercedes se alarmó ante el desmayo de su nieta.
_ La noticia de la desaparición de don Lorenzo la ha impactado _ le aclaró Rafael consternado.
Tina corrió por las sales que poco a poco despabilaron a la joven.
Al ver recuperada a su mujer, más tranquilo indagó a Mercedes sobre la suerte de Lorenzo.
_ Se lo llevó la Mazorca hace tres días. ¡Estoy desesperada! _ apretó con fuerza la cruz del rosario que momentos antes estaba rezando _ Pero ustedes...deberían estar en camino a San Luis, ¿qué ha sucedido? _ se asustó.
_ Luego hablaremos de ello, ahora debo encontrar a don Lorenzo.
Mercedes lo abrazó conmovida. Lourdes permanecía en silencio. Rafael se le acercó con la intención de besarla, pero ella le ocultó el rostro. Cuando angustiado por el rechazo se disponía a marcharse, la voz de ella lo detuvo.
_ Sálvalo Rafael, por lo que más quieras, sálvalo _ le rogó.
_ Lo que más quiero eres tú. Lo rescataré, te lo prometo.





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