miércoles, 17 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 21

"Te cubrirán de sombras. ¡Permanece callado!
 La noche tan clara, se oscurecerá
 y las estrellas no mirarán la tierra,
 desde sus altísimos tronos en el cielo,
 con su luz de esperanza para los mortales".   Edgar A. Poe



Lorenzo estaba devastado. En sus cuarenta y ocho años, jamás imaginó pasar por tan traumática experiencia. Una pesadilla.
Continuaba tirado en el piso boca abajo, una dolorosa puntada no le permitía incorporarse.
_ Siempre quise verlo a mis pies, arrastrándose.
_ ¿Por qué me odia? _ si bien lo intuía quería que su agresor lo confirmara.
_ Le refresco la memoria: Amparo Leguizamón. ¿Recuerda ese nombre? Fue el amor de mi vida y usté me la robó, maldito miserable.
_ Un amor que ella no le correspondió _ la afrenta lo encolerizó. Tomó el palo ensangrentado, con el que momentos antes Santa Coloma lo sodomizó, y lo golpeó salvajemente en los glúteos.
_ ¡Cállese! _ los gritos de ambos; unos de furia, otros de dolor, se entretejieron resultando una trama dramática.
Cuando calmó su arrebato de cólera, Cuitiño tiró a un lado el palo y con el dorso de la mano secó su transpiración. Miró fijamente a Lorenzo, que respiraba con dificultad.
_ ¡Parese, carajo!¡Unitario marica!
Picado en su orgullo, con esfuerzo sobrehumano, logró ponerse de pie, el cuerpo le vibraba.
_ A pesar de que nos separaba la posición social, la Amparo me juró amor. Yo la adoraba, pero apareció usté  y ella me abandonó como si juera un perro_ farfulló resentido.
_ Nunca me interesó Amparo, una muchachita egoísta y altanera. Ella me buscaba, me acosaba; yo siempre le huía _ Lorenzo apenas podía gesticular palabra, pero le impelía defenderse.
_ ¡Injurias! Amparo era bella, bondadosa...un ángel y usté la ultrajó, por eso se suicidó.
Lorenzo estaba mareado, necesitaba respirar aire puro. El dolor que padecía era atroz, rezaba por perder el sentido.
Cuitiño estaba perdido en el pasado.
_ ¡Usté la mató, pedazo de mierda!_ lo apuntó con el trabuco.
_ ¡Se suicidó! Estaba embarazada de su primo. Se lo confesó a su madre en una carta...
_ ¡Mentira! Usté me la arrebató, la mancilló y dispué se desentendió de ella _ ciego de furia le propinó a Lorenzo una trompada en la boca del estómago cortándole la respiración._ No voy a permitir que su sobrina se burle de Rafael, que lo dañe como usté lo hizo con la Amparo y conmigo.¡Cabo!, llévelo al calabozo. ¡Sin agua y sin pan hasta mañana!
Dos soldados lo arrastraron hasta su celda. Antes de salir de ese lúgubre recinto, Lorenzo descubrió a Juan José Martinez, el que se quejaba de las arbitrariedades del gobierno rosista. Cuatro soldados lo tenían sujeto, mientras un quinto le colocaba un hierro al rojo vivo en la boca. "Este es el escarmiento que recibe todo aquel que se opone a nuestro Santo Padre Juan Manuel", escuchó decir antes de que se lo tragara la oscuridad.
Se recuperó a la madrugada del día siguiente. A tientas buscó sus ropas desparramadas por toda la celda. A duras penas logró vestirse.
Advirtió horrorizado que Puyol, el preso que conoció inconsciente, ya no estaba en el calabozo. "¿Qué habrán hecho con él?". Pronto lo supo.
El guardia de turno se compadeció de Lorenzo y le alcanzó un plato de polenta desabrida y un jarro de agua.
_ Despacio, compadre, se va a atragantar _ le aconsejó.
_ ¿Qué fue de Puyol?_ se atrevió a preguntar.
_ ¿Quién? Ah, si, el infelíz incapaz de soportar unos cuantos golpes. Lo jusilamos  al amanecer.
"Señor, que termine esta pesadilla, ya no lo resisto", deseó conmocionado.






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