jueves, 18 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 22

"...en tu juego engañoso persistes,
 con un aire de actor del papel, dueño".  Alfonsina Storni


Cuando Cuitiño llegó a su casa se llevó una sorpresa. Suponía encontrar a Rafael alterado y angustiado, sin embargo, lo vio risueño y sereno.
Se reunió con él en la cocina. Estaba tomando unos mates y se deleitaba con unas confituras traídas del Alto Perú.
_ ¡Rafael!¿Usté por acá?_ le preguntó simulando desconcierto.
_ ¡Padrino!¡Que gusto verlo! Por fin estoy de regreso. Y aquí me ve, mimado por esta negra linda que ceba los mejores mates de todo Buenos Aires. Pruebe estos alfajores de Arequipa rellenos de manjar blanco. Sí, sí, son mi debilidad _ lo convidaba mientras se relamía los dedos pegoteados de dulce de leche.
_ Después...ahora quiero charlar con usté a solas. Termine de matear y vaya pa' el escritorio, ahí lo espero_  la impaciencia lo traicionaba.
_ Ya terminé, padrino. Lo sigo.
Cuitiño lo hizo pasar y cerró la puerta. El proceder relajado de Rafael lo turbaba. "¿Algo me esconde este mocito?".
_ ¿Qué sucede padrino? Lo noto preocupado.
_ No se haga el idiota y desembuche, ¿dónde estuvo?_ estalló.
_ Con Urquiza. Le di la carta del Gobernador, descansé un par de días y regresé. No me pregunte que decía la bendita carta porque no lo sé. Urquiza tenía un humor de perros.
_ No siga tirando de la cuerda y cante el punto. Sé todo lo que hizo estos días. El Goyo lo siguió.
_ Así que el Goyo me siguió,¿eh? _ Rafael fingió asombro. En varias oportunidades lo pescó husmeando en Dolores.
_ Hable claro pué y no me juegue una manganeta.
_ ¡Y que quiere que le diga, si usted ya está enterado de todo!_ Rafael perdió el control y eso le gustó a Cuitiño.
_ Quiero escucharlo de su boca y quiero conocer las razones, ¡carajo! _ le replicó con exasperación.
_ La cosa es que me calenté con Lourdes Aguirrezabala y la única manera de hacerla mi mujer fue casándome con ella. Mire que lo intenté de mil formas, pero la muy yegua se mantuvo firme en custodiar su tonta virginidad. Usted sabe muy bien como son las niñas de la aristocracia porteña...le gusta el manoseo, pero penetrarlas, ¡nunca! Y yo, padrino, estaba caliente como una pava, necesitaba desahogarme...
_ Lo podía haber hecho con alguna de las putas de  los burdeles de mi amigo Alen, algunas son muy lindas y ¡muy ardientes!
_ ¿Las probó padrino? _ le guiñó un ojo con picardía.
_ ¡Vaya si lo hice! _ se rió quebrando la tensión anterior._ Pero no me cambie de tema, mocito. ¿Por qué carajos se casó con la Aguirrezabala?
_ Visité algún que otro prostíbulo de la calle El Pecado, pero no se me pasaba la calentura. La quería a ella, padrino, ¡sólo a ella!, ¿puede entenderme?.
_ Claro, hijo. Así que el padre Fermín los casó.
_ El muy tonto se creyó una historia que le inventé.
_ ¿Qué historia?
_ Que estaba peleado con usted, que quería cambiar de vida, que estaba locamente enamorado de Lourdes...
_ ¿Y no está enamorado? - se intranquilizó.
_ Por supuesto que no. Me saqué la calentura y a otra cosa. La inocentona se tragó mi palabrería . La usé y se la devolví a su abuela. La vieja casi explota, hasta me amenazó.
_ ¿Y usté cómo reaccionó? _ preguntó con recelo.
_ Me le reí en la cara. Mire si me va a amenazar justo a mí, el ahijado de la mano armada de Rosas.
_ Parece que el refrán "A corazón ladino, lengua no ayuda", no se ajusta a usté, m'hijo. Usté sí que sabe enlazar a las mujeres. Aunque ahora está casado y eso es un problemón.
_ En absoluto. Antes de marcharnos de Dolores me escurrí en la sacristía aprovechando la ausencia del padre Fermín y arranqué del Libro de Registros, el acta matrimonial. La quemé. Testigos, no hay. Así que estoy liberado de todo compromiso.
_ ¿Por qué no confió en mí?
_ No quería mezclarlo en un asunto de polleras intrascendente. Bastante tiene con todos esos unitarios retovados. 
_ ¡Por fin recobré a mi Rafael! _ emocionado lo abrazó con fuerza.
Rafael se mantuvo firme en su papel de hijo pródigo que regresa para continuar la contienda contra los salvajes unitarios, aunque también experimentó una punzada de remordimiento por engañar al hombre que generosamente lo crió. Pero no tenía alternativa, amaba a Lourdes y debía recuperarla, y para lograrlo debía rescatar a Lorenzo.
_ ¿Y por acá, alguna novedad? _ preguntó saboreando un excelente jerez que Cuitiño descorchó para celebrar el rencuentro.
_ Ninguna _ mintió._ Me gustaría saber porque se fue hasta Dolores para casarse. El padre Gaeta lo hubiera casado sin problemas en Nuestra Señora del Pilar
_ Como le explique antes, no quería testigos. Menos riesgos, más placer es mi consigna._ ocultó sus nerviosismo sirviéndose otra copa de jerez.
_ Puede ser aunque...
_ ¿Desconfía de mí, padrino?_ "Ya no sé que más inventar", pensó agobiado.
Cuitiño era muy sagaz para aceptar semejante historia, por momentos ridícula, pero también quería a Rafael y ansiaba con fervor que su relato fuera verdad. Una traición de Rafael lo destrozaría.
_ Confío en usté Rafa, ¡claro que confío! Bueno, mientras se revolcaba con la Aguirrezabala, encajonamos al tío, Lorenzo Escalante.
_ ¿Por qué razón?_ se interesó manteniendo la calma.
_ Es un unitario traidor que conspira contra el Gobierno manteniendo correspondencia con los exiliados refugiados en Chile y Montevideo. Ya lo tenía entre ojos desde la rebelión de estancieros ocurrida en el sur de Buenos Aires, cuando los malditos se resistieron a pagar a la gobernación los derechos de enfiteusis. Por un pelo se me escapó el malparido. Esta vez no lo van a ayudar sus relaciones.
_ ¿Y dónde lo tienen? _ tanteó
_ En Santos Lugares.
_ La Crujía..._ un sabor amargo embargó a Rafael.
"La Crujía", se le daba ese apelativo por el crujir de los huesos de los condenados al ser torturados.
_ Padrino, dejemos de lado ese tema y cuénteme sobre la salud de mamita Pancha. Todavía no la he visto y Jovita no me ha dicho gran cosa.
_ Anda bastante bien, un poco triste desde que usté se jue, pero siguro que cuando lo vea se va a reponer enseguidita. ¿Nunca le haría daño,no?
_ ¡No, padrino!,¿cómo se le ocurre? Usted y ella son las personas que más quiero.
"Eso lo veremos", pensó apenado Cuitiño.



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