lunes, 15 de febrero de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 20

"No estás completamente abandonado
 los espíritus de la noche, en la vida, te buscan
 y en la muerte, te rodean".                               Edgar A. Poe



Voces socarronas lo despertaron de manera prepotente. Un soldado le dejó en el piso de la celda un cacharro con agua sucia y un mendrugo de pan duro, su suculento desayuno.
_ Te llegó la hora unitario inmundo _ un mazorquero con el rostro picado de viruela y mirada ladina lo pateó con sadismo.
Maniatado y a los tropezones, lo condujo por pasillos estrechos apenas iluminados. Una siniestra sinfonía de quejidos y lamentos, le golpeó los oídos. El fuerte olor a heces le provocó arcadas.
Cuando llegó a un inmenso patio, inspiró profundamente, llenándose los pulmones de aire fresco.
Al adaptarse sus ojos a la luz del día, el espectáculo que presenció, lo dejó helado. Manuel Zaragosa estaba empalado en el centro del patio. El infeliz colgaba como una marioneta desmembrada, rodeado por un charco de sangre y excrementos. "Y todo por mofarse del nombre de unas estúpidas muñecas", pensó escandalizado, "¡Negras soplonas!, ¡negras de mierda!". Vomitó con violencia salpicando al mazorquero.
_ ¡Asqueroso!, mirá que tenés la tripa floja. Caminá o acá mesmo te cago a rebencazos.
En una oficina se encontró nuevamente con Cuitiño.
_ Buenos días Escalante, ¿cómo lo atendieron mis muchachos? Por lo que veo, demasiado bien _se burló ante el lamentable aspecto de Lorenzo.
_ No se equivoca, la atención es excelente _ la ira comenzó a desplegarse en Lorenzo _Me gustaría que usted también la probara, es más, me encantaría hacérsela probar yo mismo y con mis propias manos.
_ Ja, ja...Había resultado humorista el señorito. Dudo que tenga esa oportunidá. Mire, le presento al Comandante Antonio Reyes, él está a cargo de este cuartel y ha tenido la amabilidá de permitirme disponer de usté.
_ ¡Hijo de puta!,¿qué pruebas tiene en mi contra?
_ Yo no necesito pruebas. Usté es culpable. Llévenlo al sótano. Santa Coloma y yo vamos pa' allá en un momento.
Dos soldados, uno de cada lado, lo condujeron casi en andas a la parte trasera del cuartel.
_ ¿El Gobernador sabe que encerraste a Lorenzo Escalante, Ciriaco? Mirá que lo tiene en alta estima _ se preocupó Reyes.
_ Nada sabe y nada sabrá.
_ Tené cuidado Ciriaco, podés salir perjudicado.
_ No te priocupés. Este es un asunto mío y yo lo voy a resolver _ fue terminante Cuitiño.
Se dieron un fuerte apretón de manos y el jefe de La Mazorca con su hombre de confianza, Santa Coloma, se dirigieron al sótano.
Estaqueado, totalmente desnudo, Lorenzo, esperaba su hora.
Así lo encontró Cuitiño y una sonrisa sarcástica le iluminó el rostro. A Lorenzo le ardió el cuerpo por la vergüenza, se sintió vulnerable y ese sentimiento lo enfureció.
_ Ta güeno, ta güeno, a ver amigo, sin rodeos, ¿para cuándo está planeado el levantamiento militar contra Rosas?, ¿cuál es el nombre del oficial que encabezará la insurreción?
_ Está loco Cuitiño, no sé de que me habla.
_ ¿Qué momento eligieron para asesinar a su Excelencia?, ¿cómo piensan hacerlo? Quiero saber los planes al detalle del Club de los Cinco. ¡Hable, carajo!
_ Le repito, ¡no sé nada! ¡Yo no pertenezco al Club de los Cinco!
_ Parece que esto va a ser más difícil de lo que supuse. A ver muchachos _ llamó a seis soldados que estaban recostados en una de las paredes _ Déjense de cuchichear como mujeres haraganas y empiecen a saltar sobre este hijo de puta para que largue prenda.
Lorenzo se mordió los labios y cerró los ojos. Rezó, "Señor dame fuerzas, no me abandones, no me abandones".
Los soldados, de contextura robusta, sin quitarse las nazarenas, comenzaron a saltar descarnizadamente sobre los brazos, piernas y pies de Lorenzo.
Sudor y sangre bañaron su cuerpo, pero no imploró compasión. Esto encolerizó a Cuitiño.
_ ¡Basta! ¡Suficiente! _ gritó fuera de sí _ Tírenle un balde de agua _ Lorenzo se había desmayado.
Santa Coloma permanecía imperturbable ante el cuadro que se exponía delante suyo.
_ Es tu turno, hacelo cantar _ le dijo Cuitiño con mordacidad a su brazo derecho.
_ Con mucho gusto, mi Coronel. ¡Esta reaccionando! Muchachos, cágenlo a patadas.
Lorenzo, con el cuerpo anestesiado por el sufrimiento, apenas sentía dolor.
_ ¡Deténgansen! Escalante, ¿vas a aceptar tu culpabilidá o seguimos con la fiesta? _ bramó Cuitiño.
_ No sé nada...nada _ balbuceó.
_ Coronel, mejor lo dejamos descansar unas horas y dispué le damos otra sesión, ¿qué le parece?.
_ Muy bien, desátenlon y arrójenlon a un rincón.
Mientras se cumplía su órden, él y Santa Coloma, salieron al patio.
_ Aprovecho para anoticiarlo de la llegada de su ahijado _ le dijo con suspicacia y encendió un cigarro _ ¿Gusta uno mi Coronel?
_ Gracias _ tomó uno y su cómplice se lo encendió _ El Goyo estará por llegar también, entonces. Me avisó por el Lobo Quesada que el Rafael estaba en Dolores con la sobrina de Escalante. Los casó el padre Fermín. ¡ No sabés las ganas que le tengo a ese viejo sotreta! Un día de estos...Pero, no, no puedo silenciarlo..Por mi viejita, ella lo estima demasiado y no la quiero hacer sufrir.
_ No se priocupe mi Coronel, ya le va a llegar la ocasión y servida en bandeja de plata.
_ Eso espero. ¿Que más sabés del Rafael?
_ Dejó a la moza en la casa de la Santísima Trinidad y él le puso pata pa' acá.
_ ¡Que raro! Me huele a gato encerrado. Tengo que averiguar que se trae entre manos el sinvergüenza de mi ahijado. Primero terminemos con Escalante.
Aplastaron las colillas con la punta de sus botas y volvieron al ruedo.
_ ¡Ustedes!, traiganlon pa'cá _ zarandeó con voz ronca a unos soldados que jugaban a los dados. Lorenzo temblaba sin control.
_ Sos muy machito, ¿no? _ se burló Santa Coloma _ Vamo a ver hasta cuando _ Alcanzame uno de esos palos de escoba _ le ordenó a uno de los mazorqueros que observaba extasiado.
El federal  tomó de los pelos a Lorenzo y lo tiró de espaldas. Un rugido de espanto brotó de su garaganta cuando el salvaje lo sodomizó con el palo. Lo penetró una, dos, tres cuatro veces. Sintió como la sangre, caliente y pegajosa le recorría el culo. Cuitiño disfrutaba
.
_ Agradecé que no te meto por el ano una mazorca de maíz porque ahí sí me ibas a suplicar dende veras.
Santa Coloma tiró el palo a un costado y secándose la transpiración con un pañuelo deshilachado, se acercó a Cuitiño que aprobaba satisfecho.
_ Si está de acuerdo mi Coronel, por hoy es suficiente; estoy muy cansado, me debo estar poniendo viejo porque con lo que me gusta mi trabajo no entiendo como prefiero suspender pa' otro día.
_ Andá a descansar. Pedí que te preparen un catre y algo pa' comer. Yo me quedo un rato más y dispué me regreso pa'  Buenos Aires. Dejo todo en tus manos.
Cuitiño se volvió hacia Lorenzo que estaba devastado.
_ Y ahora vamos a hablar sin pelos en la lengua usté y yo _ le dijo con voz macabra.

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