sábado, 2 de abril de 2016

CAMINO DE SANGRE Y...ROSAS, Cap 38

"Y voy por la senda voceando el encanto
 y de dicha alterno sonrisa con el llanto
 y bajo el milagro de mi encantamiento
 se aroman de rosas las alas del viento".      Juana de Ibarbourou


El verano se despedía y Margarita contuvo el llanto, que rebelde, pugnaba por manifestarse. Se había acostumbrado a la presencia de la joven pareja, siempre felices a pesar de estar signados por la persecución.
Ese día, durante la cena, celebrarían la compra de la casa de Lourdes y Rafael, la casa que sería testigo de un nuevo despertar preñado de esperanza y anhelos.
Sentados bajo el parral, disfrutando de un delicioso zumo de naranjas y guayaba, Margarita por primera vez les contó su historia. Se sentía ligada a ellos, el sufrimiento y la abnegación, también la habían acompañado a lo largo de su vida. Por eso mismo, no se resistió a la curiosidad de Lourdes.
_ Doña Margarita, ¿nunca se casó?_ le intrigaba que una mujer bella y de espíritu generoso estuviera sola.
_ Nunca. Amo mi independencia. Las mujeres vivimos sometidas, primero a nuestro padre y luego al marido. Si deseamos realizar cualquier emprendimiento, necesitamos la autorización de nuestro marido por escrito y ante un escribano. No querida, así estoy muy bien. Mis hermanos intentaron mandonearme y les aseguro, les fue terrible. A mí nadie me da órdenes, soy mi ama y señora. Me parezco a mi madre, frontal y de voluntad firme. Los hombres están acostumbrados a que nosotras agachemos la cabeza y digamos sí en todo momento.Eso no va conmigo. Yo tengo cerebro y lo uso.
_ Su madre es una leyenda. Debe estar muy orgullosa de ella, ¿verdad? _ Rafael, cohibido por el discurso vehemente de la mujer, intentó pasar a un tema menos espinoso.
_ ¡Ay Rafael! Cuando menciono a mi madre se me hace un nudo en la garganta. La noche que falleció, dormimos tomadas de la mano. Ustedes dirán que estoy loca, pero esa madrugada algo me despertó, la miré y ya no respiraba. Creo que ella me despertó con un beso de despedida. Mi madre, tan valiente y honorable. Siempre siguió de cerca a mi padre en la Guerra de la Independencia. Cosió
uniformes, abrió la despensa para alimentar a los combatientes...introdujo secretamente en la ciudad pasquines y proclamas revolucionarias. ¡Pobrecita, cuantas penalidades sufrió!
_ La abuela me contó que por milagro se salvó de ser víctima del holocausto de Coronilla.
_ Mi madre, sí, pero las otra doce mujeres ¡no! Doce valerosas mujeres lideradas por Manuela Gandarillas, ciega ella.
_ ¿Ciega? _ gritaron indignados.
_Manuela era ciega pero arrojada como ninguna. "Si no hay hombres para defender a la Patria, acá estamos nosotras", no se cansaba de arengar a sus compañeras. Doce mujeres audaces ejecutadas en la horca.
_ ¡Cuánta injusticia!_ maldijo Lourdes.
_ Las mártires de la Coronilla son mi ejemplo _ afirmó severamente Margarita.
_ Señoras, propongo un brindis por las mujeres de gran entereza que luchan por sus propósitos sin amedrentarse... Y por ustedes dos que son sin lugar a dudas, la prolongación de tanta intrepidez y coraje _ sentenció orgulloso Rafael.
_ Y por ti mi amor, que has renegado de todo afecto por ser fiel a tus ideales...
_ Y a este sentimiento profundo que tú despiertas en mí y que me cala los huesos _la abrazó besándola con ardor.
Margarita, sin intimidarse, selló el brindis diciendo:
_ Y yo brindo por ustedes, que en este bendito país puedan vivir en paz y en abundancia, junto a todos los hijos que el Señor tenga planeado regalarles.
Entre sonrisas y lágrimas, chocaron las copas deseosos de un futuro fecundo y luminoso.
_ Bueno, bueno, basta ya de tanto sentimentalismo _ dijo disimulando su emoción Margarita _ Rafael, ¿aceptó el puesto de maestro que le ofreció don Teofilo? _ se refería al intendente de Cochabamba.
_ Efectivamente, y esa es otra razón por la que le estaré eternamente agradecido doña Margarita. Sé que fue usted la que intercedió por mí ante el señor intendente.
_ Tonterías, usted esta capacitado para el puesto y eso es todo....Y la casa que han comprado...
_ Me encantó y no está lejos de aquí. Así que me tendrá fastidiándola por las tardes - agregó eufórica Lourdes.
_ Será un placer para mí jovencita _ dijo aliviada Margarita.
Más tarde, ya en el dormitorio, Lourdes se desnudó lentamente extasiando a Rafael. El, hipnotizado por el erotismo de su mujer, tomó aceite esencial de lavanda de un frasco de cristal y comenzó a deslizar sus manos por la piel amada. Caricias aromáticas y besos de néctar, los transportaron a un paraíso de placer mágico.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario